El Fondo no da sorpresas

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El ministro de Economía de Argentina, Martín Guzmán, junto a la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva
El ministro de Economía de Argentina, Martín Guzmán, junto a la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva

Era muy difícil de imaginar que la evaluación del programa del 2018 pudiera concluir en que no se respetaron las reglas del FMI o que la gerencia y el directorio se plegaron a la presión de la administración Trump.

También se entiende la frustración de los que esperaban leer una confesión de que el Fondo toleró la utilización de sus recursos para financiar una “fuga” de capitales. Pero, así como nadie está obligado a declarar en su contra, tampoco era realista esperar que el FMI se auto incriminara. Más severidad se puede esperar del próximo informe que elabore la Oficina de Evaluación Independiente.

Dicho esto, el documento preparado por el staff del FMI tiene algunos elementos que marcan “errores” que el Fondo no debería volver a cometer.

Una mención especial merece lo que dice respecto al “ownership”. Jerga del FMI para referirse al sentimiento de autoría o, de “propiedad” de un gobierno por “su” programa.

El EPE aduce que el Fondo aceptó, aunque a regañadientes, dos “líneas rojas” trazadas por la administración Macri. NO a restringir el acceso al mercado de cambios (reimponer un “cepo”) y NO a un “reperfilamiento” de la deuda pública en dólares.

Es estrictamente cierto que el staff técnico del FMI levantó ambos puntos con la administración Macri, y me consta que se encontraron con una respuesta contundente: “es impensable”. Sin embargo, es exagerado argumentar que el FMI aceptó la negativa del gobierno por respeto al “ownership”. Sin el decidido apoyo de la administración Trump, ese sentimiento no hubiera alcanzado.

El EPE propone también darle un sentido más amplio al “ownership”. Ya no debería entenderse como una relación de las autoridades de turno con “su” programa. El verdadero “ownership” debería buscar una aceptación social. Es importante destacar que la ampliación del concepto de “propiedad” del programa no requeriría un endoso explícito de todas las fuerzas políticas. Prudentemente el EPE evita darle a la oposición la llave de un futuro programa.

Más allá de esto, el EPE encuentra que en el 2018 se usó un criterio muy laxo para evaluar si se cumplían los requisitos necesarios para obtener “acceso excepcional” cuando la deuda pública es “sostenible pero sin una alta probabilidad” (sostenible, ma non troppo). El EPE considera que fue muy subjetiva la conclusión de que el gobierno contaba con fuentes de financiamiento adicional (al del propio fondo) y con “capacidad política e institucional para implementar el programa”. En otras palabras, que esas dos conclusiones fueron permeables a consideraciones políticas.

A la luz de esta conclusión es esperable que en el próximo programa tenga más peso la evaluación técnica del staff, que las consideraciones políticas que pueda aportar Kristalina Georgieva.

El EPE también sugiere que para recuperar el acceso al mercado de capitales no alcanza con el dinero del FMI. Hace falta ganar la confianza de los inversores mostrando un programa con “sostenibilidad del sector externo y fiscal”. En otras palabras, se deberán incluir reformas que “corrijan los desafíos estructurales profundamente arraigados de Argentina”. Notablemente una “limitada canasta exportable”.

Otra conclusión interesante es que para combatir la inflación la Argentina puede necesitar políticas no convencionales. Aunque tardíamente, el staff reconoce que, dadas las características idiosincráticas de nuestro país, la utilización de recetas de política económica “estándar” (endurecimiento fiscal y monetario), no produce los resultados esperados. Entre otras cosas por la alta dolarización, la débil transmisión de la política monetaria (un sector financiero interno demasiado pequeño) y la falta de capacidad del sector exportador de generar una suficiente entrada de divisas.

El EPE también reconoce que demasiada exposición a un acreedor preferencial puede preocupar a los acreedores “no preferenciales”. En otras palabras, que es necesario que el FMI deje de ser nuestra principal fuente de financiación. Por ello es esperable que el próximo programa busque reducir la exposición directa al FMI y acelerar el acceso de Argentina al mercado de capitales y a otras fuentes de financiación.

Finalmente, el EPE considera que el programa del 2018 estuvo basado en supuestos demasiado optimistas y que no existía un “plan B”. Por lo que considera “imperativo” que los programas del FMI se basen en “supuestos conservadores (aunque plausibles)” y que incluyan planes contingentes. Un tema delicadísimo, porque es difícil prepararse para días de lluvia sin generar una tormenta.

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