Georgieva y Guzmán se reunirán en Washington a fin de mes

Rafael Mathus Ruiz
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Gerry Rice, vocero del FMI, en la conferencia de ayer, en Washington
Gerry Rice, vocero del FMI, en la conferencia de ayer, en Washington

WASHINGTON.- El Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoció por primera vez la posibilidad de una demora en el nuevo acuerdo con la Argentina al señalar que “va a tomar tiempo” para que las negociaciones actuales redunden en un programa, y evitó confrontar con el gobierno de Alberto Fernández al eludir marcar una postura respecto de la querella criminal que el oficialismo quiere abrir por el préstamo brindado a la administración de Mauricio Macri.

“Las discusiones están en marcha, son activas, son constructivas. Tomará tiempo para que esas discusiones eventualmente conduzcan a un programa”, indicó el director de Comunicaciones del FMI, Gerry Rice, en su habitual conferencia de prensa.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, se reunirá con el staff del Fondo y la directora Gerente, Kristalina Georgieva, el próximo 23 y 24 de marzo, confirmó Rice. “Espero que esas reuniones se centren en cómo el FMI puede ayudar al Gobierno a implementar políticas que fomenten la estabilidad, sean la base para un crecimiento más sostenible e inclusivo liderado por el sector privado, con un fuerte énfasis en, como dije antes, la protección de las personas más vulnerables”, dijo.

Ante una consulta de LA NACION acerca del anuncio de Fernández sobre la querella contra el gobierno de Mauricio, Rice eludió una definición al indicar que el Fondo no realiza comentarios sobre procedimientos judiciales como práctica habitual. “Nuestro objetivo es ayudar al pueblo argentino como podamos. Creemos que un programa respaldado por el FMI podría ayudar a la Argentina a fortalecer su economía y sentar las bases para un crecimiento sostenible e inclusivo. Ese es el principio que seguimos. Eso no ha cambiado”, remarcó el vocero del Fondo.

“Si y cuando eso avanza, estaremos en una posición de hablar de lo que una asignación de DEG puede significar para la Argentina y otros países”, afirmó Rice.

La principal definición que dejó Rice fue el reconocimiento de que la negociación con el gobierno de Alberto Fernández se demorará más allá del plazo que había fijado originalmente Guzmán, cuando indicó que “sería deseable” que el nuevo programa estuviera listo para mayo. Las diferencias internas en el Frente de Todos y el calendario electoral complican el diseño de un plan económico que Guzmán pueda llevarle al staff del Fondo y, a su vez, al board para conseguir el aval necesario del G-7.

Las principales divergencias en el oficialismo se concentran en el ajuste de las tarifas y la velocidad para cerrar el déficit fiscal y reducir el financiamiento del Banco Central al Tesoro, que juega en contra de la reducción de la inflación.

El discurso del presidente Alberto Fernández en el Congreso al inaugurar el período de sesiones ordinarias ya había terminado por confirmar la postura oficial que el Gobierno ya dejaba trascender por lo bajo: no hay apuro alguno por cerrar el nuevo acuerdo, que muchos analistas e inversores en Estados Unidos que siguen de cerca al país creen que se cerrará en la segunda mitad de este año, o incluso recién después de las elecciones legislativas.

“No queremos apresurarnos. Apuro por acordar tienen los pícaros de siempre”, dijo Fernández al inaugurar un nuevo período de sesiones ante la asamblea legislativa del Congreso. “Nuestro Gobierno el único apuro que tiene es el de poner de pie a la producción y el trabajo para poder mejorar la situación de millones de familias argentinas que han quedado sumidas en el pozo de la pobreza”, definió el mandatario.