El flujo de refugiados es un reto logístico para los países bálticos

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Riga (Letonia), 16 abr (EFE).- La llegada de cerca de 100.000 refugiados de Ucrania a los tres países bálticos -Letonia, Lituania y Estonia- ha puesto a prueba los servicios sociales y planteado dudas sobre cómo lidiar con la probabilidad de que muchos se queden por más tiempo.

Letonia ha registrado oficialmente a unos 20.000 refugiados ucranianos, pero el número real puede ser mucho mayor debido a la falta de capacidad administrativa para registrar todas las llegadas.

Estonia tiene casi 30.000 ucranianos que llegaron a través de su vecino del sur y a través de Rusia.

Las estadísticas oficiales de Lituania cuentan casi 45 000 ucranianos que buscan protección.

Los tres países tienen algunos ucranianos que viven allí desde la época soviética o como trabajadores inmigrantes más recientes en la construcción y otras industrias.

"Tenemos un gran número de ucranianos -unos 30.000 que ya viven aquí- que trabajan o estudian y muchos tienen familiares y amigos que vienen de Ucrania", explicó a Efe Ilmar Kahro, responsable de prensa de la Junta de la Policía y la Guardia Fronteriza de Estonia.

Kahro dijo que el número total de ucranianos que ingresaron a Estonia desde que Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero fue de 43.200, incluidas las personas en tránsito hacia otros lugares.

El número de llegadas diarias ha disminuido un poco la semana pasada, y de los 30.000 que se quedaron en Estonia, la mayoría había encontrado alojamiento por su cuenta con amigos y familiares.

"Solo 5.500 han recibido alojamiento estatal", dijo el portavoz de la policía.

Linda Curika, asesora de la ministra del Interior de Letonia, Marija Golubeva, dijo a Efe que 40.000 refugiados registrados era un umbral para cuando habría que revisar los planes para tratar con ellos.

"Tan pronto como nos acerquemos a esta línea, debemos planificar qué hacer: cómo financiar, dónde acomodarnos", dijo.

Otra preocupación del Ministerio del Interior es proteger a esos refugiados, especialmente a las mujeres, de la explotación y el tráfico de personas y reaccionar ante informes dispersos de abusos dirigidos contra ucranianos y letones locales que muestran simpatía por Ucrania.

Se han destrozado automóviles con matrículas ucranianas y se han derribado o desfigurado banderas de Ucrania en los balcones de grandes edificios de apartamentos.

Según Curika, se distribuyen folletos en ucraniano que advierten sobre los traficantes y los esquemas fraudulentos dirigidos contra los refugiados a quienes llegan a la frontera.

Con las autoridades de los tres países sobrecargadas por la necesidad de procesar un número sin precedentes de llegadas, las organizaciones no gubernamentales (ONG) han intervenido para complementar o, a veces, presionar a las burocracias locales para que trabajen de manera más eficiente.

En Letonia, donde las agencias gubernamentales en Riga fueron criticadas por la lentitud y el cierre los fines de semana cuando miles de personas buscaban ayuda, la ONG "We Want to Help Refugees" (GPL) instaló su propio puesto en un centro de recepción de refugiados en el casco antiguo de la capital.

"Gracias al apoyo de las empresas letonas, hemos podido crecer a 10 empleados a tiempo completo de los dos que había antes de la crisis, incluidas dos mujeres de Ucrania", dijo a Efe Liga Jakobsone, miembro de la junta directiva de la ONG.

El Consejo de Refugiados de Estonia también ha intensificado su trabajo, recaudado millones de euros en donaciones y ofrece un pago único de 50 euros a los niños ucranianos que comienzan la escuela en este país, dijo a Efe Madle Timm, portavoz de la organización.

Los medios locales informaron de que, según una encuesta, más de la mitad de los hogares en Estonia han donado dinero a causas ucranianas desde que comenzó la guerra.

Los tres países bálticos también buscan fórmulas para que niños ucranianos en edad escolar puedan asistir al colegio.

En Riga, más de 120 refugiados se matricularon en una escuela ucraniana que ha estado en funcionamiento desde que Letonia recuperó su independencia en 1991.

Lituania y Estonia también tienen escuelas ucranianas pero no dan abasto y los tres países deben llevar a algunos niños refugiados a escuelas públicas lo que ha generado debates acerca de que si les debe impartir clase en ruso, que muchos entienden, o si deben aprender el idioma local.

(c) Agencia EFE

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