Flexiseguridad: un esquema que postula cuidar al trabajador antes que el trabajo

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Mariano Enriquez
Mariano Enriquez

1. Flexicurity. La “flexiseguridad” es una palabra que combina dos: flexibilidad y seguridad. El concepto intenta conciliar la necesidad de los empleadores de contar con una fuerza laboral flexible, con la de priorizar la seguridad de los trabajadores, buscando que no se enfrenten a largos períodos de desempleo y que, mientras estén sin ocupación, mantengan sus ingresos. El concepto nació en Europa, en Dinamarca y los Países Bajos, en los años 90 y tuvo como principal objetivo reducir las entonces crecientes tasas de desempleo, con una premisa fundamental: cuidar al trabajador, en vez de cuidar el trabajo.

2. Definición. Según el consenso de la Unión Europea, el concepto no se limita a la mayor libertad de las empresas para contratar o despedir, y no implica que los contratos por tiempo indefinido sean obsoletos. Se alude al avance de los trabajadores hacia mejores empleos, a la movilidad ascendente y al desarrollo del talento. Por otro lado, no solo se refiere a la seguridad de conservar un puesto: se trata de equipar a las personas con las herramientas que les permitan progresar y encontrar, eventualmente, un nuevo empleo. Se trata también de ofrecer prestaciones de desempleo adecuadas para facilitar las transiciones. Y el concepto incluye, por último, oportunidades de formación para los trabajadores, especialmente para los poco calificados y los de mayor edad.

3. Experiencia. Entre 1995 y 2006 hubo una tendencia continua hacia la adopción de la flexiseguridad. Eso condujo a un crecimiento de la tasa del empleo temporal y parcial, principalmente en economías avanzadas. Como lo destaca la Organización Internacional del Trabajo, no hay una sola fórmula: la combinación adecuada de flexibilidad y seguridad es única para cada país, dependiendo de la tradición de negociación colectiva y legal, de la fuerza y la experiencia de los interlocutores sociales, del desarrollo de las instituciones laborales y de la voluntad de asignar fondos para medidas políticas. En el caso de Canadá, por ejemplo, existe nula protección contra los despidos, pero los seguros de desempleo son muy amplios y de fácil alcance. En los Países Bajos convivieron dos esquemas de contratación y se aumentó la protección de los seguros de desempleo en los contratos considerados flexibles. En Alemania e Italia, en crisis como las del año 2009, en vez de despidos se les brindaba a las compañías la posibilidad de reducir horarios de trabajo.

4. Capacitación. El punto más relevante es el de brindar capacitación permanente. Los seguros de desempleo tienden a ser muy generosos en un comienzo y decrecen a una determinada tasa, a medida que pasa el tiempo, con el fin de incentivar a la búsqueda de empleo y evitar el desaliento. En el mientras tanto, los Estados buscan reconvertir las capacidades laborales de las personas bajo dos esquemas. En uno, el Estado define qué habilidades son las requeridas (a partir de estar en contacto con las empresas) y se ofrecen programas de entrenamiento gratuito. En el segundo esquema se ofrece a las empresas una “franquicia tributaria”, y son ellas las que capacitan, a partir de un descuento en el pago de sus impuestos.

5. América Latina. En la región, la tendencia hacia estos esquemas es aún muy leve. En nuestro país, el marco laboral necesita mejoras y los desafíos son grandes, si se considera que hay menos empleados formales en el sector privado que hace 13 años, con una población creciente.

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