Tras la flexibilización de la cuarentena en Rosario empezaron otra vez los crímenes

Germán de los Santos

ROSARIO. A medida que esta ciudad empieza a tener más movimiento, en la llamada fase 4 de la cuarentena comienza a crecer la violencia que se había apaciguado con el avance de la pandemia y el aislamiento obligado para combatirla. En la última semana se produjeron cuatro asesinatos y una docena de ataques a balazos contra casas, a veces para usurparlas y, en muchos casos, para instalar en ellas puntos de venta de drogas. En la ciudad de Santa Fe se verifica la misma reacción, con un crecimiento de los crímenes en las últimas semanas.

Desde que se inició en la Argentina el aislamiento social obligatorio, el 20 de marzo pasado, se produjeron 10 asesinatos en Rosario. Uno de los que provocó mayor conmoción social fue el del exfutbolista de Central Córdoba Tomás "Trinche" Carlovich, quien falleció tras sufrir un golpe cuando un hombre le robó su bicicleta. Hay una persona detenida con prisión preventiva por este hecho.

En lo que va del año se cometieron 74 crímenes en Rosario, con un incremento en los primeros meses de 2020 con respecto a igual periodo del año anterior. En enero fueron asesinadas 23 personas; en febrero, 26, y en marzo, cuando se inició la cuarentena, 16. En abril hubo un solo homicidio, pero en lo que va de mayo -el 12 de este mes empezó la fase 4- suman ocho crímenes.

El domingo, un hombre de 40 años fue asesinado a puñaladas en el rostro, el cuello y el abdomen. Roberto Vallejo murió en el medio de una pelea barrial en Puente Gallego, que terminó con el robo de algunas pertenencias de su casa. La brigada de Homicidios detuvo luego a una expareja suya como posible autora del crimen, que había llamado a un flete para llevarse los muebles de la víctima. Junto a ella cayó un hombre. En las próximas horas se formalizará la acusación.

El sábado a la noche un joven de 26 años fue asesinado de un tiro en la cabeza. El crimen ocurrió cerca de las 22, en el barrio La República de la Sexta, en la zona sur de Rosario. José Molina, de 26 años, recibió un disparo en la cabeza que le provocó la muerte.

El joven conocía al asesino que apretó el gatillo de la pistola 9 milímetros; antes de morir había mantenido con el homicida una breve discusión. Se sospecha que ambos estaban involucrados en la venta de estupefacientes en la zona. A pocos metros de la casa donde vivía el joven asesinado funcionaba un búnker de venta de drogas.

A Molina lo trasladaron al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA), donde fue operado por la herida de bala en la cabeza, pero media hora después falleció.

El jueves, a las 21, un joven de 22 años fue ejecutado a balazos en la zona oeste cuando se encontraba en la puerta de su casa. Franco Verón murió tras ser atacado en el barrio Belgrano. Lo mataron desde un auto que frenó en la puerta de su casa. La víctima fue trasladada al Policlínico San Martín y luego derivado al HECA, adonde llegó sin vida.

Según testigos, antes de dispararle los sicarios lo llamaron por su sobrenombre: "Franquito", un joven conocido en el ambiente de la venta de drogas porque era el novio de una de las hijas de Luis Medina, el empresario narco que fue asesinado a fines de diciembre de 2013 en el acceso sur de Rosario. La suegra de "Franquito" y expareja de Medina es Daniela Ungaro, una mujer que transita un proceso judicial por venta de drogas y que dominaba en el barrio Municipal, que fue eje de la violencia entre las bandas de los Funes y los Caminos a principios de 2018.

El miércoles se produjo otro asesinato vinculado a la venta de drogas en el barrio 7 de Setiembre, donde además del homicidio hubo ataques a balazos contra varias viviendas. Como informó LA NACION, el muchacho al que ejecutaron se llamaba Rodrigo Soraire, de 19 años.

Tiros para amedrentar

El recrudecimiento de la violencia en Rosario también se hizo palpable no solo en los crímenes sino también en el incremento de los ataques a balazos contra los frentes de las casas, una tendencia que se impuso como forma de amedrentamiento desde hace dos años. Lo que se busca con los atentados es que los inquilinos o dueños de los inmuebles abandonen los domicilios.

Este lunes a la madrugada, los vecinos de barrio Acindar, en Vera Mujica al 3900, en el sur de Rosario, se sobresaltaron por las ráfagas de ametralladora. Hombres en moto dispararon 34 balazos contra la puerta de ingreso a una vivienda de pasillo. No hubo víctimas ni heridos, pero el pánico corrió a toda velocidad en esa zona de Rosario.

El domingo a la madrugada ocurrió una situación similar en la zona oeste, donde se produjeron dos de los últimos cuatro homicidios. Dos autos se detuvieron frente a una casa en Mamboretá al 1400 bis y dispararon decenas de tiros con una ametralladora. En esa residencia vive una mujer con sus dos hijos menores que se tuvieron que tirar al suelo para evitar ser alcanzados por los disparos, según relató la madre a la policía.

El sábado, otro ataque a tiros contra una casa se produjo en la zona norte, en Boedo al 1900, donde desde una moto los atacantes dispararon contra una vivienda; hirieron en una pierna a Pedro V., de 60 años, que está con detención domiciliaria en ese lugar por una causa de narcotráfico. Unas horas después la policía encontró la moto usada en el hecho, una Yamaha XZT 125 que tenía pedido de secuestro; el robo del rodado se había reportado un día antes.