Flamencos. Son monógamos, de color rosado y coparon la laguna de Mar Chiquita

Gabriela Origlia
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Flamencos
Gentileza: Natura Internacional

CORDOBA.- Alrededor de 300.000 flamencos –de la especie austral- habitan en la laguna Mar Chiquita, el “mar” que tiene Córdoba en el noreste de su territorio. Las aves acaban de terminar su proceso de nidificación y los pichones ya están en las “guarderías” que se arman naturalmente para cuidarlos en la transición entre la separación de sus padres y su vida independiente. La laguna salada es la mayor superficie lacustre de la Argentina y la cuarta más grande de Sudamérica. Este año podría, finalmente, convertirse en el Parque Nacional Ansenuza.

Durante la nidificación de los flamencos, un equipo científico internacional realizó un censo para determinar la evolución de la población; se trata del Grupo de Conservación de Flamencos Altoandinos (GCFA) integrado por biólogos, conservacionistas y ambientalistas de ONG y organismos estatales la Argentina, Chile, Perú y Bolivia. La bióloga Lucila Castro –directora de Natura Internacional- y Matías Michelutti, son dos de sus integrantes. Además de censar a las aves, trabajan en su conservación y en la de los humedales donde viven.

Nidadas

Este año registraron siete nidadas grandes: “Se trata de áreas importantes donde miles de flamencos de los que viven en la laguna, nidifican. No es posible saber con exactitud el éxito reproductivo porque a veces abandonan el lugar por las tormentas. La ventaja de esta zona es que no son disturbados por gente, como pasa en otros lugares del mundo, incluso en Catamarca”, explica a Castro a LA NACION. Una característica especial de los flamencos es que nidifican en grupos y si alguno se asusta sea por cuestiones ambientales o presencia de depredadores, toda la colonia abandona el espacio.

Flamencos
Gentileza: Natura Internacional


La laguna salada es la mayor superficie lacustre de la Argentina y la cuarta más grande de Sudamérica (Gentileza: Natura Internacional/)

A días del final de la nidificación, ya hay pichones que empezaron a volar. Al nacer, son blancos; cuando cumplen alrededor de un mes, se tornan grises y, ya más grandes, toman el color rosa que los caracteriza. La Mar Chiquita es un ambiente ideal para ellos por la salinidad de sus aguas que favorece la existencia de los crustáceos (artemia salina) de los que se alimentan, los que a su vez comen una bacteria rosa que les da el tono. “La reacción hormonal exacerba el color rosado, eso es evidente aunque se note más en las especies de zonas cercanas a la Puna”, advierte la bióloga.

El romance que termina en los nidos comienza en setiembre y octubre, con el cortejo entre los flamencos. Son monógamos y desarrollan una compleja danza en la que expanden su plumaje. Para captar la atención de la hembra, el macho estira el cuello, bate alas y emite vocalizaciones. El elegido debe coquetear con solo una si quiere tener éxito.

Una vez que las parejas están formadas, buscan las zonas y construyen nidos de barro de unos 30 centímetros en los que ponen un solo huevo. Castro indica que necesitan de “playas barrosas” y que el cuidado del huevo lo hace siempre la pareja. “En alrededor de un mes eclosiona y el pichón es alimentado por ambos con ‘leche de flamenco’, un líquido rosado que sale del pico”, relata. Estas aves alcanzan la madurez sexual alrededor de los tres años, pero por lo general a los seis comienzan a tener su descendencia.

Flamencos
Gentileza: Natura Internacional


Durante la nidificación de los flamencos, un equipo científico internacional realizó un censo para determinar la evolución de la población (Gentileza: Natura Internacional/)

Los flamencos adultos forman las “guarderías” –denominadas creches- donde grupos numerosos de pichones son cuidados hasta que avanzan en su independencia, que será el mes próximo. La laguna de Mar Chiquita reúne las condiciones ideales que explican la cantidad de aves que hay: les da alimento y refugio, ya que tiene varias áreas sin gente. En general, nidifican cerca de los bañados y de las islas.

El padre de Michelutti, Pablo, fue un precursor en las tareas de monitoreo y censo de los flamencos en Mar Chiquita. Era guardaparque y llegó a la zona en los 80, cuando empezó a trabajar con varios investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y con integrantes de Vida Silvestre de Estados Unidos; en eso años no había presupuesto para vuelos como los que se realizan ahora para censar. En la actualidad se toman fotografías desde el aire y se hace un conteo con software.

Operativos

Desde el 2000 se realizaron operativos cada cinco años y Michelutti comenta que los números “van aumentando”. En cautiverio los flamencos pueden vivir hasta los 80 años y en libertad hay uno anillado al que se lo sigue en Bolivia y lleva 30 años. En Mar Chiquita, hasta el momento, no hay aves anilladas. “Las especies de la Puna y pre Puna están en riesgo mayor porque viven en ambientes muy susceptibles a la extracción de litio, por ejemplo”, dice. En invierno llegarán a Córdoba los flamencos de las zonas más altas.

“En esta laguna hay mejores condiciones”, repasa Michelutti y eso explica por qué es el lugar con más flamencos australes del continente americano y concentra más de la mitad de la población global de esta especie.

Mar Chiquita es la zona más ricas en avifauna del país; hay unas 380 especies. El 66% de todas las especies de aves migratorias y playeras registradas para la Argentina están en la laguna cordobesa. Lo mismo que el 36% de la avifauna del total del país y el 85% de las 447 especies de aves de la provincia de Córdoba. Este año también se está realizando un estudio –con apoyo internacional- de las playeras migratorias que vienen desde el hemisferio norte, en especial del falaropo (vulgarmente conocidos como “pollitos de mar”).

Desde 2017 está el proyecto para transformar la zona en el parque nacional más grande que tendrá el país: unas 800.000 hectáreas, entre la laguna, bañados y pastizales. La propuesta la hizo en 2014 la ONG Aves Argentinas. Hace tres años Córdoba y la Nación firmaron un convenio de cooperación para avanzar en la iniciativa que, en unos meses, podría concretarse.