'¿Cómo es el final de esto?': la trama del asesinato del presidente de Haití crece

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Un monumento improvisado en honor a Moïse en Puerto Príncipe, la capital. (Federico Rios para The New York Times)
Un monumento improvisado en honor a Moïse en Puerto Príncipe, la capital. (Federico Rios para The New York Times)

Las autoridades haitianas acusan a un grupo de reunirse para planear el asesinato de Jovenel Moïse. Los sospechosos afirman que las sesiones estaban destinadas a planificar un nuevo gobierno una vez que el presidente abandonara el cargo.

BOGOTÁ, Colombia — Varias de las figuras centrales investigadas por las autoridades haitianas en relación con el asesinato del presidente Jovenel Moïse se reunieron en los meses anteriores al homicidio para discutir la reconstrucción de la problemática nación una vez que el mandatario estuviera fuera del poder, según la policía haitiana, los oficiales de inteligencia colombianos y los participantes en las discusiones.

Las reuniones, llevadas a cabo en Florida y en República Dominicana durante el último año, parecen conectar un conjunto aparentemente dispar de sospechosos en la investigación, que vincula a un médico y pastor de 63 años, un vendedor de equipos de seguridad y un agente hipotecario y de seguros en Florida.

Todos ellos han sido identificados por las autoridades haitianas como actores destacados en un extenso complot para asesinar al presidente con la ayuda de más de 20 excomandos colombianos y hacerse con el poder político. No está claro cómo las personas que están siendo investigadas pudieron conseguirlo, ni qué poderosos patrocinadores pudieron tener para hacerlo posible.

Pero entrevistas con más de una decena de personas involucradas con los hombres muestran que los sospechosos llevaban meses trabajando juntos, presentándose en términos grandilocuentes y a menudo exagerados como agentes de poder bien financiados y conectados, listos para liderar un nuevo Haití con estadounidenses influyentes dándoles respaldo.

Las autoridades haitianas sostienen que Christian Emmanuel Sanon, médico y pastor que divide su tiempo entre Florida y Haití, conspiró con los demás para tomar las riendas del país una vez que Moïse fuera asesinado. Durante una redada en la residencia de Sanon, dicen, la policía encontró seis cartucheras, unas 20 cajas de balas y una gorra de la DEA, algo que, sugieren, lo vincula al asesinato porque el equipo de sicarios que asaltó la casa de Moïse se hizo pasar por agentes de la Administración de Control de Drogas (DEA, por su sigla en inglés). Sanon ahora está bajo custodia.

Funcionarios haitianos están investigando si la unidad de protección del presidente también participó en el complot, y el jueves detuvieron al jefe de seguridad de la residencia de Moïse. Autoridades colombianas aseguran que el jefe de seguridad hizo escalas frecuentes en Colombia de camino a otros países en los meses previos al asesinato.

Agentes patrullando las calles de Puerto Príncipe, Haití, días después del asesinato del presidente Jovenel Moïse. La policía dijo que varias de las figuras clave investigadas se habían reunido en los meses anteriores al asesinato. (Federico Rios para The New York Times)
Agentes patrullando las calles de Puerto Príncipe, Haití, días después del asesinato del presidente Jovenel Moïse. La policía dijo que varias de las figuras clave investigadas se habían reunido en los meses anteriores al asesinato. (Federico Rios para The New York Times)

Las autoridades haitianas lo pusieron bajo custodia, pero no dieron muchas explicaciones sobre cómo Sanon —quien no ocupaba ningún cargo electo— planeaba hacerse con el poder una vez asesinado el presidente. También era difícil entender cómo podría haber financiado a un equipo de mercenarios colombianos, algunos de los cuales recibieron entrenamiento militar estadounidense cuando eran miembros de las fuerzas armadas de su país, para realizar un asalto tan ambicioso, dado que en 2013 se declaró en Florida en bancarrota según el capítulo 7 de la ley.

Pero las entrevistas muestran que varios de los principales sospechosos se reunieron para discutir el futuro gobierno de Haití una vez que Moïse ya no estuviera en el poder, con Sanon convirtiéndose en el nuevo primer ministro del país.

“La idea era prepararse para esa eventualidad”, dijo Parnell Duverger, profesor adjunto de economía jubilado del Broward College de Florida, quien asistió a unas diez reuniones, en Zoom y en persona, con Sanon y otros expertos para discutir el futuro gobierno de Haití.

“En el momento de las reuniones, todos creíamos que iba a convertirse en primer ministro”, dijo Duverger, añadiendo que Sanon se presentó como si tuviera el apoyo de los políticos demócratas y republicanos de Estados Unidos, el patrocinador internacional más poderoso de Haití.

En ningún momento se habló, y mucho menos se planeó, un golpe de Estado o un asesinato, subrayó Duverger. “Habría dejado de asistir si alguien mencionara un golpe de Estado, y mucho menos un asesinato”.

Al contrario, añadió, la expectativa en las reuniones era que el presidente Moïse —quien se había enfrentado a meses de protestas callejeras que exigían su destitución— finalmente no tendría más remedio que dimitir. Duverger, de 70 años, describió las reuniones como sesiones de tipo ministerial destinadas a ayudar a Sanon a formar un posible gobierno de transición una vez que esto ocurriera.

Duverger dijo que creía que Sanon era inocente. Pero en cuanto a sus afirmaciones de ser un primer ministro en espera, añadió: “Me sigo preguntando, debe haber algo malo en mí por ser tan ingenuo. Me lo creí. Me lo creí, porque creía que era necesario un nuevo gobierno de transición en Haití”.

Entre los participantes en las reuniones, según Duverger, había al menos otros dos sospechosos clave que desde entonces han sido identificados por las autoridades haitianas como figuras centrales de la trama. Uno de ellos era Antonio Intriago, propietario de la empresa privada de seguridad y equipamiento que contrató a los antiguos comandos colombianos y los llevó a Haití.

El otro era Walter Veintemilla, quien dirige una pequeña empresa de servicios financieros en Miramar, Florida, llamada Worldwide Capital Lending Group. El miércoles, las autoridades haitianas lo acusaron de ayudar a financiar el plan de asesinato.

Las autoridades haitianas están investigando si la propia fuerza de protección del presidente también participó, y el jueves el jefe de seguridad de palacio de Moïse fue puesto bajo custodia policial. Las autoridades colombianas afirman que hizo frecuentes escalas en Colombia de camino a otros países en los meses anteriores al asesinato.

Ni Intriago ni Veintemilla, ambos afincados en Florida, respondieron a las reiteradas peticiones de comentarios a través de sus empresas y familiares. Se desconoce su paradero y si los haitianos han intentado acusarlos de algún delito. Pero funcionarios haitianos y colombianos dicen que a finales de mayo, después de que algunos de los exsoldados colombianos contratados por Intriago llegaran a Haití, él y Veintemilla se reunieron en la vecina República Dominicana con Sanon.

El miércoles, funcionarios haitianos y colombianos dijeron que una fotografía mostraba a los tres hombres en la reunión con otro sospechoso central en la investigación: James Solages, un haitianoestadounidense residente en el sur de Florida que fue detenido por las autoridades haitianas poco después del asesinato.

No está claro si alguna de las discusiones cruzó la línea para convertirse en una trama nefasta que llevó a la muerte de Moïse. La policía haitiana ha aportado pocas pruebas concretas, y funcionarios estadounidenses y colombianos familiarizados con la investigación dijeron que sus agentes en la capital de Haití, Puerto Príncipe, no habían podido entrevistar a la mayoría de los sospechosos detenidos hasta el miércoles por la mañana, lo que los obligó a confiar en los relatos de las autoridades haitianas.

Otro participante en una de las reuniones con Sanon también dijo que nunca hubo ningún indicio de un complot para matar al presidente.

“¡¡¡Nunca!!! ¡¡Nunca!!! Nunca!!!”, dijo en un mensaje de texto ese participante, Frantz Gilot, consultor de las Naciones Unidas, quien añadió que había unas 20 personas presentes. “Sanon se presentó como posible candidato”, dijo, “y habló de su sueño y visión de Haití”.

Más de una decena de entrevistas con familiares de los comandos colombianos —así como una grabación de audio de cómo se les presentó a los soldados la misión en Haití— muestran que varios de los principales sospechosos exageraron enormemente su experiencia y capacidad financiera, y engañaron al menos a algunos de los soldados colombianos a los que contrataron.

En abril, la empresa de Intriago, CTU Security, se puso en contacto con un sargento retirado del ejército colombiano, Duberney Capador, y le pidió que reuniera un grupo de excomandos para “proteger gente muy importante en Haití” según la hermana de Capador, Yenny Carolina Capador.

“Vamos ayudar a la recuperación de ese país en cuanto la seguridad y la democracia”, escribió Capador en una propuesta de reclutamiento que luego envió a otros soldados retirados por WhatsApp. “Vamos a ser pioneros”.

Capador se puso en contacto con su amplia red de compañeros militares, la mayoría de ellos con poco más de 40 años, recién jubilados de las fuerzas armadas y con dificultades para encontrar trabajos bien remunerados en Colombia.

The New York Times entrevistó a 15 familiares de los soldados colombianos implicados en el ataque, así como a 14 hombres que fueron reclutados para la operación pero que acabaron por no ir en junio, en algunos casos porque formaban parte de una segunda oleada de hombres que debía llegar en una fecha posterior, según dijeron.

En las entrevistas, varias esposas de los reclutas dijeron que Capador les aseguró que la operación estaba respaldada por una empresa estadounidense —y en algunos casos incluso les dijo que estaba apoyada por el gobierno de Estados Unidos— y les prometió pagarles 2700 dólares al mes, una suma que les cambiaría la vida.

Muchos de los soldados retirados aprovecharon la oportunidad y aceptaron el trabajo a pesar de que algunos no sabían a dónde se dirigían ni a quiénes protegerían específicamente, según sus familiares.

Un grupo de unas dos decenas de colombianos llegó a Puerto Príncipe entre principios de mayo y el 6 de junio, según las entrevistas con sus familiares. Capador les dijo que lucharían contra bandas criminales, asegurarían infraestructuras cruciales y protegerían a dignatarios e inversores, con el respaldo de una importante empresa estadounidense.

En lugar de ello, se vieron confinados en una cabaña y pasaron el mes siguiente haciendo ejercicio en el interior, tomando clases de inglés y cocinando, dijeron los familiares, que seguían en contacto diario con los reclutas. Funcionarios colombianos dijeron el jueves que Sanon también se había reunido con líderes de los soldados colombianos retirados poco después de su llegada a Haití en mayo.

A mediados de junio, los soldados retirados fueron presentados a un hombre de habla hispana que decía representar a Worldwide Capital, el nombre de la empresa de Veintemilla, según una grabación realizada por uno de los soldados colombianos retirados. En esa misma sesión, el orador presentó a Solages, el haitianoestadounidense ahora detenido, describiéndolo como un experimentado inversor internacional que lidera la reconstrucción de Haití.

El orador pasó a presentar a Worldwide Capital como un conglomerado multinacional con 200 filiales que ha trabajado con los gobiernos en materia de seguridad y reconstrucción en decenas de países de todo el mundo, incluidos Estados Unidos, España, Somalia e Irak.

Hay pocos indicios de que Worldwide Capital, que opera desde una pequeña suite en un centro de negocios suburbano de Florida, haya desempeñado un papel significativo en grandes proyectos mundiales. Los sitios web de la empresa, que dicen ofrecer servicios financieros genéricos como hipotecas y seguros, no mencionan ningún acuerdo notable.

Y el propietario de la empresa que contrató a los comandos colombianos, Intriago, tiene un historial de deudas, desahucios y quiebras. Varios familiares de los soldados colombianos dijeron que nunca recibieron los salarios prometidos.

Tras el asesinato, 18 de los soldados colombianos fueron detenidos por las autoridades haitianas y acusados de participar en el asesinato. Otros tres colombianos, incluido el reclutador, Capador, fueron asesinados en las horas siguientes a la muerte del presidente.

El jueves, la policía colombiana dijo que Capador y un capitán colombiano jubilado, German Alejandro Rivera, ya habían conspirado con los sospechosos haitianos desde mayo para arrestar al presidente de Haití, lo que da el primer indicio de complicidad en la trama de al menos algunos de los veteranos.

Aún no está claro la manera en la que el plan se tornó en un asesinato, pero las autoridades colombianas dijeron que siete comandos colombianos habían ingresado a la residencia presidencial la noche del ataque, mientras que el resto vigilaba el área.

“¿Qué pasó ahí?”, dijo la esposa de uno de los soldados retirados detenidos, hablando bajo condición de anonimato por temor por su seguridad. “¿Cómo es el final de esto?”.

Colaboraron con reporteo Mirelis Morales desde Miramar, Florida; Sofía Villamil desde Bogotá, Colombia; Edinson Bolaños desde Villavicencio, Colombia; Zolan Kanno-Youngs desde Washington; y Catherine Porter colaboraron con la reportería.

Frances Robles es corresponsal con sede en Florida, desde donde cubre también Puerto Rico y Centroamérica. Su investigación sobre el asesinato de un detective en Brooklyn llevó a la anulación de más de una docena de condenas por homicidio y fue merecedora de un premio George Polk. @FrancesRoblesFacebook

Julie Turkewitz es la jefa de la oficina de los Andes, que cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, Surinam y Guyana. Antes de mudarse a Sudamérica, fue corresponsal nacional y cubría el oeste estadounidense. @julieturkewitz

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