Otra fiesta clandestina en plena cuarentena británica acorrala a Boris Johnson

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Boris Johnson está nuevamente complicado por una reunión social durante el confinamiento estricto
Boris Johnson está nuevamente complicado por una reunión social durante el confinamiento estricto

PARÍS.– El año pasado terminó mal para Boris Johnson, pero el que acaba de comenzar no se anuncia mejor. Cuando ya se encontraba en el ojo del ciclón debido a una serie de escándalos, el primer ministro británico vuelve a ser azotado por la tempestad, tras nuevas revelaciones sobre un garden-party organizado en Downing Street, en pleno confinamiento, donde fueron invitadas un centenar de personas.

“Traigan sus botellas” terminaba el mail revelado por la cadena ITV News. Enviado por el secretario particular de Johnson, Martin Reynolds, el 20 de mayo de 2020, cuando los británicos estaban obligados legalmente a reducir en forma drástica sus contactos.

El mensaje invitaba a “aprovechar el buen tiempo” durante un encuentro “con distancia social” en los jardines de la residencia del primer ministro “después de un período increíblemente cargado”.

La noticia, que ocupó naturalmente las primeras páginas de la prensa británica con el hashtag #partygate, tuvo el efecto de una bomba en momentos en que está en curso otra investigación sobre las fiestas que se habrían organizado en diciembre del mismo año en los círculos gubernamentales.

Este nuevo escándalo se suma a una lamentable seguidilla que ha llevado a la opinión pública británica a casi detestar al premier conservador, de 57 años, elegido triunfalmente hace poco más de dos años. Según los medios, el jefe del gobierno y su esposa –por entonces su novia–, Carrie, habrían participado en el famoso garden-party con una cuarentena de personas.

Indignación

Ese mismo día, el ministro de Cultura, Oliver Dowden, insistía ante la población en la necesidad de respetar las estrictas reglas impuestas por el gobierno: “Es posible reunirse con una persona que no viva con ustedes en un sitio público, a condición de que se respeten dos metros de distancia interpersonal”.

La policía, que repetía sin cesar las mismas consignas en aquel momento, indicó en las últimas horas haber tomado contacto con el gobierno tras las nuevas revelaciones, que podrían provocar una investigación por violación de las reglas sanitarias.

En todo caso, la noticia desencadenó la furia de los familiares de víctimas de la pandemia, que ha provocado más de 150.000 muertos en Gran Bretaña. El mismo día de esa fiesta se registraron 363 decesos de Covid-19 en el país.

Boris Johnson sale de Downing Street en Londres (Archivo)
Boris Johnson sale de Downing Street en Londres (Archivo)


Boris Johnson sale de Downing Street en Londres (Archivo)

Hanna Brady, vocera de la asociación Covid-19 Bereaved Families for Justice, declaró en un comunicado que se sentía “enferma” al pensar que empleados de Downing Street “habían estado festejando” pocos días antes de la muerte de su padre. El secretario de Salud Pública, Ed Argar, reconoció ayer que comprendía que la gente “sintiera cólera”.

Jugar con las reglas del confinamiento provoca en la población la sensación de que sus dirigentes actúan con toda impunidad y desparpajo. Más grave aún, se sospecha a Bojo –como apodan los británicos al premier– de haber mentido, incluso al Parlamento, cuando declaró el mes pasado que las reglas no habían sido violadas y que ninguna fiesta se había organizado en Downing Street.

El diputado de la oposición laborista Afzal Khan preguntó si el premier se excusaría ante las familias en luto, y relató cómo había fallecido su madre, sola en el hospital en 2020, mientras él estaba sentado afuera, en un automóvil.

El primer ministro habría asistido a la reunión junto a su pareja Carrie, quien había dado a luz un mes antes
BEN STANSALL


El primer ministro habría asistido a la reunión junto a su pareja Carrie, quien había dado a luz un mes antes (BEN STANSALL/)

Antes de la revelación, interrogado sobre su presencia en esa fiesta, Johnson se limitó a sonreír con incomodidad, aludiendo a “la investigación en curso”. Las numerosas acusaciones de eventos contrarios a las reglas, organizados en diferentes dependencias gubernamentales durante la pandemia, están actualmente a cargo de la alta funcionaria Sue Gray.

“¡Basta de mentir a los británicos! Es hora de confesar”, lo interpeló por Twitter el líder de la oposición laborista, Keir Starmer.

Las sirenas de alerta suenan cada vez con más insistencia en torno a Boris Johnson, ya fragilizado por la polémica sobre la lujosa renovación de su departamento oficial, la desastrosa gestión del escándalo del doble salario de los diputados conservadores, la atribución de contratos entre amigos durante la pandemia y el favoritismo con generosos donantes del Partido Conservador.

Starmer lo acusa de “carecer de autoridad moral”, mientras los parlamentarios de su mayoría conservadora se impacientan.

Por el momento, el extravagante dirigente sigue insistiendo sobre el éxito de la campaña de vacunación contra el Covid-19 o la ejecución del Brexit, que consiguió seducir en las últimas elecciones a las clases populares, históricamente fieles a los laboristas en el norte de Inglaterra.

Pero un reciente estudio de Savanta ComRes muestra que 66% de sus conciudadanos estiman ahora que Johnson debería renunciar. O sea un aumento de 12% en relación con diciembre. Su nivel de popularidad, en todo caso, no deja de derrumbarse. Según una encuesta de YouGov publicada el 20 de diciembre, 71% de sus compatriotas consideran que es un “mal primer ministro”.

Los rumores de una votación de censura dentro del Partido Conservador para destituir a Johnson adquieren cada vez más fuerza. Según YouGov, la mitad de los tories (conservadores) sondeados estiman que el actual ministro de Finanzas, Rishi Sunak, sería un mejor primer ministro.

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