La fiesta de presentación de tu bebé pandémico en tiempos de desconexión física con la familia

Elizabeth Preston
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Para algunos, el final de la pandemia supondrá algunos primeros encuentros incómodos con sus seres queridos. (Doris Liou/The New York Times).
Para algunos, el final de la pandemia supondrá algunos primeros encuentros incómodos con sus seres queridos. (Doris Liou/The New York Times).

Nadie de la familia de Deena Al Mahbuba ha conocido a su hija, Aara. Nació a finales de 2019, sumamente prematura. Cuando Aara salió del hospital para dirigirse a su casa en las afueras de Boston a mediados de junio, el mundo ya llevaba meses de encierro por el COVID-19. Los familiares cercanos de Mahbuba, junto con los de su esposo, viven en Bangladés. La pareja se mudó de ahí en 2013.

Los miembros de la familia han hecho todo lo posible por mantenerse en contacto, pero Mahbuba, estudiante de posgrado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, desearía que sus parientes estuvieran cerca. Sus hermanos mayores tienen sus propios hijos y podrían ayudarla a calmar a Aara cuando no puede dormir.

También podrían mostrarle cómo introdujeron alimentos nuevos a las dietas de sus bebés; Aara, que ahora tiene 15 meses, tiene dificultades para probar cosas nuevas ya que la alimentaron por sonda durante sus primeros meses de vida. Mahbuba también espera que Aara aprenda a hablar bengalí, pero le preocupa que necesite que otras personas le hablen en ese idioma, además de sus padres.

La 'brecha' familiar

“A veces me siento muy triste”, afirmó Mahbuba. “Siento que hay una brecha, y a veces me preocupa que esta brecha crezca día tras día”.

Incluso los abuelos y los tíos que se encuentran en el mismo país que los bebés nacidos durante el COVID-19 han estado alejados debido a las restricciones de viaje y otras precauciones. Darby Saxbe, profesora adjunta de la Universidad del Sur de California, señaló que la primavera pasada su laboratorio comenzó a hacer un seguimiento de 760 futuros padres para estudiar su salud mental, su conexión social y otros factores. En las respuestas abiertas de la encuesta, muchos participantes informaron que no habían podido ver a sus familiares.

Los primeros bebés de la pandemia están aprendiendo a caminar esta temporada, lo que significa que han transcurrido toda su primera infancia mientras los niños y sus padres estaban aislados de sus seres queridos; sin embargo, aunque las familias se lamentan por los abrazos que no se dieron, los expertos afirman que no es probable que ese vacío tenga consecuencias a largo plazo. Los niños y sus familiares podrán recuperar el tiempo perdido cuando se reúnan. Mientras tanto, las familias pueden tomar medidas para que esos parientes alejados sigan presentes en la mente del niño.

Conectarse a pesar de la brecha

La primera infancia es un periodo importante para establecer lazos afectivos, comentó Sarah Schoppe-Sullivan, profesora de psicología infantil de la Universidad Estatal de Ohio, y no solo porque es la única oportunidad de tocar esas mejillas suavecitas y olfatear esas cabecitas. “La primera infancia es el periodo durante el cual los niños están biológicamente predispuestos a establecer relaciones estrechas con cuidadores importantes”, explicó Schoppe-Sullivan.

Se trata de un elemento de la teoría del apego, un área de investigación psicológica que existe desde hace varias décadas. (No hay que confundirla con la crianza con apego, una filosofía de la década de 1980 que fomenta traer a los bebés cargando). Los estudios sugieren que los bebés están preparados para establecer un vínculo fuerte con uno o más cuidadores. Según la teoría, una vez que el niño tiene un vínculo sólido con alguien, esa persona se convierte en una “base segura”. El niño recurre a esa persona buscando consuelo en instantes de angustia. En momentos más tranquilos, los vínculos seguros les dan a los niños la confianza para explorar y aprender de su entorno.

Formar vínculos... con la brecha

No obstante, los familiares que se pierden esta ventana de oportunidad no deben preocuparse, comentó Schoppe-Sullivan. De acuerdo con la teoría, cuando los bebés forman vínculos seguros, también están desarrollando la capacidad de establecer relaciones en el futuro. Eso significa que los vínculos que los padres han forjado con sus bebés durante el aislamiento provocado por el coronavirus pueden ayudarles a esos bebés a conectarse con los familiares que viven lejos, cuando por fin los visiten.

Además, los bebés y niños pequeños de la actualidad no recordarán estas ausencias. Es posible que los hermanos mayores de los bebés de la pandemia tampoco recuerden la falta de visitas de la abuela. Debido a lo que se conoce como amnesia infantil, la mayoría de las personas recuerdan poco de los acontecimientos que ocurren antes de los 3 años más o menos. Aunque los abuelos se lamenten por los hitos que se han perdido este año, “el niño no recordará quién asistió a su primera o segunda fiesta de cumpleaños”, aseguró Lorinda Kiyama, psicóloga y profesora adjunta del Instituto Tecnológico de Tokio.

Kiyama es una estadounidense que vive en Japón, por lo que, con frecuencia, suele asesorar a parejas que vienen de distintos países o a parejas extranjeras que adoptan niños japoneses. Kiyama señaló que la separación de los familiares no siempre es un factor negativo. “La distancia suele ser un alivio cuando las relaciones son tensas”, dijo. Sin embargo, “cuando se quiere estar cerca puede ser muy dolorosa”.

Saltar la brecha

Cuando los familiares que estuvieron ausentes durante mucho tiempo por fin conozcan a esos bebés (o niños pequeños), será importante que se tomen el tiempo de construir una relación, comentó Carola Suarez-Orozco, profesora de orientación psicológica en la Universidad de Massachusetts, en Boston, quien ha estudiado los efectos de la separación familiar en los niños inmigrantes. “Hay que ayudar a los adultos a frenar el ritmo cuando se encuentren por primera vez con el bebé”.

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En primer lugar, prepara a los familiares para que esperen cierto rechazo por parte del niño, apuntó Suarez-Orozco. Desde el punto de vista del niño, “están conociendo a personas extrañas”. Aunque los bebés más pequeños pueden pasar alegremente de unos brazos a otros, la ansiedad ante los extraños se desarrolla alrededor de los 8 meses. Este miedo a las personas nuevas suele persistir hasta bien entrado el segundo año del niño.

“Si un niño se muestra reacio a abrazar a un miembro de la familia que acaba de conocer, debe considerarse una señal saludable”, afirmó Kiyama.

Ella sugiere preparar a los niños pequeños para que conozcan a sus familiares usando juguetes o animales de peluche para representar situaciones como la de ir a recogerlos al aeropuerto. También puedes tener una silla vacía en la mesa de la cocina o dejar una toalla de baño u otro objeto, y decirle al niño que será lo que use la abuela cuando venga de visita, dijo Kiyama.

A los niños un poco mayores o a los hermanos en edad preescolar que van a ver a sus familiares tras una larga ausencia quizá les guste practicar lo que van a decir. “Dale un guion al niño para que lo siga, con algunas variaciones para que sea flexible”, detalló Kiyama, o cuéntale tus propios recuerdos con ese familiar.

Ahora que la familia de Mahbuba en Bangladés está en el proceso de vacunación, ella espera reunirse con ellos. Su suegra está planeando viajar a Estados Unidos para ayudarle con la bebé y Mahbuba no puede esperar. “Ya llegará el día. Eso espero”, concluyó.

This article originally appeared in The New York Times.