La fiesta de compromiso

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Salgo a toda prisa del avión después de que el atraso ha sido mayor a dos horas, espero no perderme por completo la fiesta de compromiso de mi hermana, de lo contrario sólo habré invertido medio día para nada, lo peor es que Karla podría tomar mi retraso como algo a propósito pero no, no quisiera perderme este día por nada en el mundo, quizá no se lo digo pero lo pienso.

La fila para tomar el taxi es larga pero aparentemente es la única opción qué hay porque las apps están saturadas por la lluvia, después de cuarenta tormentosos minutos avanzando a paso muy lento y sólo con un 10% de batería en el teléfono por fin voy de camino. En el chat de la familia comparto cada uno de mis pasos y mi ubicación en tiempo real, en parte para que sepan exactamente dónde estoy y en parte para mitigar la ansiedad que me da estarme perdiendo de algo importante, contestan con stickers celebrando que cada vez estoy más cerca pero no me dicen mucho

¿Ya le habrán propuesto matrimonio? ¿Llegaré a tiempo para los brindis bochornosos? Espero que si porque aún en el avión le hice algunas mejoras al mío, por si llegado el momento me decidía a chocar mi cuchara contra la copa y tomar el micrófono. Aunque lo mío nunca han sido las presentaciones en público, pero más vale estar preparada a que me agarren en curva, recuerdo que durante la fiesta de 60 años de mi padre hice un brindis improvisado y no fue para nada lo que esperaban que fuera, me solté a llorar y mis bromas no le hicieron mucha gracia ni a su nueva esposa, ni a mi hermana.

Mis padres se divorciaron cuando tenía 15 años , en teoría debería ser tema superado ya que lo hicieron civilizadamente, pero mentiría si no admitiera que cuando los veía juntos dentro de mi siempre creí que sucedería una historia tipo juego de gemelas, que un día se darían cuenta de que todo había sido un mal entendido y que regresarían y seríamos una familia feliz otra vez. En esa fantasía no cabía por supuesto que nadie más por lo que cuando mi padre se mudó con Eloísa y posteriormente se casaron sentí que habían acabado con mi sueño, por más infantil que este fuera…así pues me tomó años -para ser franca aun me cuesta trabajo- aceptar que mi padre es feliz con alguien más que no sea mi madre, quién hasta la fecha sigue soltera o al menos eso nos dice.

Por suerte este taxi tiene contacto para cargar un ratito el teléfono, reviso y aún nos quedan un ratito de camino antes de llegar, aprovecho para arreglarme un poco el pelo y retocarme los labios, últimamente ya casi no utilizo maquillaje , un poco de polvo con bloqueador, labial que funciona también como rubor y listo. Karla, por el contrario siempre parece salida de una sesión de fotos profesional, incluso sin maquillaje, quien no la conoce pensaría que es una de esas chicas con belleza natural y sin esfuerzo, pero yo he sido testigo de cómo es más una cuestión de disciplina, rituales matutinos estrictos, una alimentación muy vigilada, constantes visitas con dermatólogos y expertas en rejuvenecimiento facial, elasticidad y modelado corporal. En fin, ese look ‘sin esfuerzo’ y ‘natural’ en realidad es resultado de mucho trabajo, dedicación y cuidar dormir suficiente, valora más las horas de sueño que cualquier otra actividad,creo que en gran parte por eso es tan compatible con Ramón, a los dos les encanta hacer deporte, madrugar para ir a correr, competir en maratones e incluso verlos es cada vez más complicado por eso mismo, es normal que rechacen invitaciones porque al día siguiente prefieren seguir con su rutina saludable, lo cual admiro pero nunca he logrado compartir, no soy una persona que disfrute madrugar por las mañanas , y por el contrario soy más nocturna.

Estamos a 15 minutos de llegar, Karla no ha dado respuesta a mis actualizaciones, lo cual me parece normal, es su fiesta de compromiso, y aunque todos sabemos que va a responder si quisiera estar ahí cuando lo hagan oficial, más después de lo mucho que nos hemos distanciado los últimos meses. Me ofrecieron un trabajo fuera de la ciudad y desde que me marché no hemos podido recuperar el ritmo de nuestras pláticas, es como si esta distancia física de verdad nos hubiera separado también emocionalmente, cuando hablamos siento que es cortante y que siempre está atareada en algo más importante, y quizá así sea.

Suena el teléfono, es mamá, suena alterada, al parecer no ha visto el chat familiar en toda la velada, le digo que estoy por llegar. Finalmente para el taxi, me bajo y llego con la carry on en una mano y una bolsita de regalo en la otra, busco un lugar para no interrumpir, parece que llegué justo a tiempo, Román tiene el micrófono y mira derretido a mi hermana, Karla se ve como siempre y a la vez mejor que nunca, la sonrisa que tiene le queda bien, después de dar el si comienzan con las fotos, en las mesas muchos ojos llorosos en rostros que no reconozco se muestran conmovidos con aquella declaración de amor.

Espero a que pase la intensidad del momento y escurriéndome entre la gente llego por fin a saludarla, justo cuando creía que no podía verse mejor me demuestra lo contrario y me recibe con un abrazo largo y sentido, somos unas chiquillas otra vez, abrazadas dando vueltas en medio del salón, me pone muy contenta su felicidad, y sin entender muy bien qué pasa rompo en llanto y no nos soltamos un ratito. Gracias por estar, me dice bajito mientras nos limpiamos debajo de los ojos, no quería hacer esto sin ti me dice y nos enganchamos de nuevo. En eso estamos cuando se escucha el golpeteo de los cubiertos en el cristal, llegó el momento del brindis, giramos la cabeza y ahí está papá, a su lado Eloísa y en la misma mesa, mi madre, que modernos ellos pienso mientras me siento como una adolescente traicionada e incomprendida, me rio de mi misma por dentro y les sonrío a los tres, tengo 30 años y aún tanto por aprender, de mi, de ellos, de la vida. Mi padre da unas palabras, entre sus malos chistes le lanza indirectas a Ramón y termina con la copa en alto con un sonoro ¡Salud!

Por fortuna no me toca hablar, entra de lleno la música y por fin, sin prisa paso a saludar a los demás, hacía tanto que no estábamos todos juntos, y así en los primeros minutos que llevo ahí me siento agradecida y afortunada porque todo este día de viaje ha valido la pena, porque no importa el tiempo ni la distancia ni muchas veces realmente lo que sucede en el inter, lo que más importa no cambia, los veo y me crece el corazón.

Bailaremos toda la noche y a la mañana siguiente nos pondremos al día mientras desayunamos migas con huevo como las hacía la abuela y todo estará bien, como antes, otra vez, como ahora si presto atención, hay huequitos que sólo se llenan con el amor de la familia, en unos días volveré a mi casa, a mi vida lejos de todos pero no seré la misma, al menos no unos días porque regreso llena, hay personas que son el hogar que nos recarga y hay que volver las veces que sean necesarias sin importar que tan difícil sea porque al final estamos hechas de esas pequeñas cosas, cargar baterías para volver , llenarnos de abrazos hasta hartarnos, querernos bien y bonito, dejar atrás lo que ya no cabe y llenar ese espacio de nuevas anécdotas y mucho amor.

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