Fernando Alonso se agarra a Aston Martin como tú a tu adolescencia

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Motor racing - Formula One F1 - Hungarian Grand Prix - Hungaroring, Budapest, Hungary - July 28, 2022 Alpine's Fernando Alonso ahead of the Grand Prix REUTERS/Lisa Leutner
Fernando Alonso, en el pasado Gran Premio de Hungría (REUTERS/Lisa Leutner)

Un par de días después del cataclismo informativo que supuso la noticia de la marcha inesperada de Fernando Alonso a Aston Martin, el mundo de la Fórmula Uno sigue aún haciendo balance de daños. Parece claro que, en términos de imagen, quien peor parado ha salido de estas cuarenta y ocho horas frenéticas ha sido la escudería Alpine-Renault. Primero, porque insisten en que no sabían nada del acuerdo de uno de sus pilotos con otra escuadra y, segundo, porque justificaron la falta de comunicación esgrimiendo que Alonso estaba en un yate en Grecia... cuando estaba en Oviedo y así se lo hizo a saber a todos en Instagram.

No fue ese el peor momento de la semana para Alpine. Deseosos de pasar página y que la gente dejara de hablar de su papelón, anunciaron a bombo y platillo el fichaje de Oscar Piastri como sustituto del asturiano... y casi al instante salió el propio Piastri a decir que no solo no tenía aún nada firmado con ellos sino que su intención era no subirse a su coche el año que viene. Hay días que vienen torcidos y no hay manera de enderezarlos. Alpine fue motivo de mofa generalizada durante todo el martes, lo que, en el fondo, es una pena para una marca como Renault que lleva los últimos treinta años en la Fórmula 1 y a la que quizá no le compense tanta mala publicidad de cara al futuro.

Con tanto ruido, no nos ha dado tiempo a analizar seriamente la decisión de Alonso. Si ya era complicado -aunque divertido, reconozcámoslo- ilusionarse con un "plan" a los 41 años, más difícil es verle sentido a abandonar ese plan al medio año y empezar de nuevo en una escudería que sí, trabaja mucho, tiene un interés y un presupuesto enormes... pero ahora mismo no está ni de lejos en condiciones de competir con los mejores de la parrilla. Sus coches a menudo se quedan en la Q1 y entrar en los puntos es una heroicidad. De hecho, llevan 20 entre los dos pilotos en 13 carreras.

Lo normal habría sido una reacción decepcionada por parte de los seguidores de Alonso, una especie de "¿por qué se empeña en alargar su carrera si ya no tiene opciones de nada?". La decepción de Alpine, por muchas risas que hagamos ahora, supone en la práctica el fin del sueño de un Alonso aspirando a ganar carreras. Ni él va a ser mejor piloto a su edad de lo que ha sido en el pasado ni su nueva escudería va a ser mejor de lo que es la actual ahora mismo. Le pagan un dinero tremendo y es probable que ayude a hacer un coche muy competitivo en unos años. Pero en unos años -tiene firmados tres, con opción de marcharse al final de cada uno-, él no estará ya al volante.

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Sin embargo, la reacción generalizada ha sido de euforia. Alonso ha conseguido llegar a ese estatus, impensable al inicio de su carrera, en el que no tiene "haters" que le critiquen cada decisión. Se ha convertido en algo así como una figura de consenso, algo dificilísimo en el siempre cainita deporte español. La gente no se queda con el fracaso del "plan" ni se queda con las pocas garantías de su nuevo destino. De eso ya se encargarán el año que viene cuando las cosas empiecen a ir mal. De momento, lo que sabemos es que tendremos, probablemente, tres años más de Alonso y nos limitamos a verlo como un regalo.

Puede que la clave de esta reacción sea el cambio que observamos en el propio Fernando de unos años a esta parte: más relajado, más irónico, menos obsesionado por el triunfo, menos dispuesto a entrar públicamente en batallas... y también puede que nos hayamos hecho tanto a la idea de que no va a llegar jamás el ansiado tercer campeonato del mundo, que, en el fondo, cualquier objetivo del asturiano nos va bien. Si hay que luchar por ser sexto, lo damos todo frente al televisor por ese sexto puesto. Si hay que luchar por quedar delante de los Williams o acabar la carrera, pues lo mismo.

Nadie está considerando este fichaje un ejemplo de decadencia aunque probablemente lo sea porque queremos demasiado a Alonso y porque nos hemos concienciado de que además hay que quererle como es, no como a nosotros nos gustaría que fuera. Sabemos que es un alma libre, que va de equipo en equipo, que prefiere la ilusión de un futuro prometedor a la constancia de un presente estancado y si vamos a acompañarle en el viaje, asumimos que será con todas las consecuencias.

Nos dimos tal susto cuando se retiró momentáneamente en 2018 que estamos dispuestos a aceptar cualquier cosa ahora y bien gustosos. Al fin y al cabo, Alonso es nuestra infancia, nuestra adolescencia, nuestra juventud... ¿y quién quiere que se acabe su infancia, su adolescencia o su juventud? Mejor verle ahí, ilusionado, que de visita cada dos grandes premios o comentando carreras con Antonio Lobato. Mejor hacer como si hubiera un nuevo plan que sustituyera al antiguo cuando probablemente esto no sea sino una huida hacia adelante. Nosotros, excelentes fugitivos, impenitentes peterpanes, se lo perdonamos. Con otro, tendríamos muchas más dudas.

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