Fe y danza se fusionan en centenaria fiesta religiosa en Nicaragua

Con el sonido de su violín, Marlen Gutiérrez dirige la danza "El Güegüense" en la fiesta de San Sebastián, en Nicaragua, una de las expresiones culturales más distintivas de la era colonial de América Latina, que todavía se celebra cada año.

Al compás de la música, cientos de fieles participan en esta fiesta religiosa, en la que agradecen milagros o piden mejorar sus vidas con danzas folklóricas en una procesión por las calles de Diriamba, una pequeña ciudad agrícola ubicada 40 km al sur de Managua, ajenos a las complicaciones cotidianas del país.

"Tiene bastante significación [la fiesta], porque ahí vemos el sincretismo, donde vemos el indigenismo fusionado con la cultura española [...]. Es la expresión de la identidad nicaragüense", explica Gutiérrez a la AFP.

"Independientemente de la época, el momento en que se esté viviendo, siempre El Güegüense representa la voz del pueblo", añade la violinista de 47 años.

La celebración arranca en la mañana en la Iglesia de San Sebastián, un centenario templo de muros blancos, con una misa a cargo del párroco César Castillo.

Luego comienza el desfile de los grupos de danza que con coloridas vestimentas, música de marimbas y detonaciones de petardos amenizan la procesión que lleva en andas una imagen de San Sebastián, el patrono de Diriamba.

En esta celebración, que se realiza los 19 y 20 de enero de cada año, los jóvenes danzantes llevan también máscaras de madera que representan la interacción entre los colonizadores españoles y los indígenas colonizados.

En El Güegüense los indígenas dominados en apariencia aceptan su sometimiento a la autoridad, pero detrás de las máscaras elaboran artimañas para socavarla.

"En lo que respecta al Güegüense y la cultura nicaragüense, va toda esa sátira, ese buen humor y esa picardía que tiene en este caso cómo surgió el Güegüense, para burlarse un poco del dominio del español", indica a la AFP el párroco Castillo.

"El indígena hace y se mofa del dominio del español. Se retoma acá en una clave religiosa y mantenemos esa tradición", agrega el sacerdote.

- "Expresión de protesta" -

El nombre El Güegüense deriva del náhuatl, idioma en el que originalmente se presentaba la celebración ante las autoridades coloniales.

También destacan por su algarabía las danzas "El Toro Huaco" y "El Viejo y la Vieja".

Con vestido típico, una máscara de madera con expresión de vieja y un sombrero con flores, la joven Keller Arcia mueve sus caderas con sensualidad al compás de la marimba. Su compañero de baile lleva traje y una máscara que simula un hombre de edad avanzada.

Esta mujer de 24 años indica que danza "El Viejo y la Vieja" desde hace seis años para agradecer "por favores recibidos, porque durante un año él [San Sebastián] nos cuida y nos brinda su amor, su apoyo y una gran fe que nos acompaña".

"En estos tiempos le pedimos a nuestro Señor, especialmente a nuestro Padre Celestial y nuestro mártir San Sebastián, que nos libre de todas las pestes, que haga justicia y que gracias al amor que nos brinda podemos llegar a ser un país mejor, con mejor vida, con mejor fe y amor a nuestra cultura", dice Arcia a AFP.

Para la Organización de las Naciones Unidas para Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), El Güegüense se trata de "una expresión virulenta de protesta contra el dominio colonial".

Además, es "una de las expresiones más distintivas de la era colonial de América Latina", destaca en su sitio web la Unesco, que incluyó a El Güegüense en el listado de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2005.

- De rodillas -

Algunos fieles cumplen sus promesas de manera distinta, como Carlos González, quien avanzó de rodillas unos 200 metros en la procesión, en medio del bullicio, los danzantes y la música, los gritos de los asistentes y los estallidos de petardos artesanales.

González cuenta que recurrió a San Sebastián para tener descendencia, después que médicos les dijeron a él y su esposa que no tendrían hijos.

"Hace 14 años pedí su intercesión ante nuestro Señor para que pudiéramos tener hijos porque no podíamos", dice el hombre de 42 años a la AFP.

"Decidí abocarme a nuestro señor y pidiendo su santa intercesión ante él. Y tengo a Sarah, Rodolfo y Karla. Después que no podíamos tener, ahora tenemos tres" hijos, agrega agradecido.

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