De buena fe

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Carissa Schumacher en el bosque Elfin de California, cerca de San Diego, el 17 de noviembre de 2021. (Michelle Groskopf/The New York Times)
Carissa Schumacher en el bosque Elfin de California, cerca de San Diego, el 17 de noviembre de 2021. (Michelle Groskopf/The New York Times)

Hace poco, una noche de sábado por la noche, un grupo se reunió en Flamingo Estate en el vecindario de Eagle Rock de Los Ángeles para encontrarse con la asesora espiritual Carissa Schumacher.

Al frente de un cuarto al aire libre, un asiento aguardaba a Schumacher bajo un gran arco floral. Después de que los invitados, incluyendo a las actrices Jennifer Aniston y Uma Thurman, ocuparon las sillas acomodadas en filas, otros se sentaron en el piso. La también actriz y modelo Andie MacDowell se reclinó en una alfombra entre un montón de almohadas. Schumacher debía llegar a las 8:30 p. m. Un coro de góspel cantaba mientras todos tomaban asiento y contemplaban la silla vacía de Schumacher y a los otros participantes.

Desde 2010, Schumacher ha trabajado como médium, alguien que recibe mensajes de personas que han fallecido. No tiene un sitio web y a menudo tiene la agenda llena con meses de anticipación. Sus tarifas son otro obstáculo, ya que las sesiones cuestan 1111 dólares por hora. (A ella le gusta la sincronicidad del número).

Schumacher podría encajar en la categoría de los llamados practicantes de la Nueva Era. Sin embargo, el espiritismo (la creencia de que los vivos se pueden comunicar con los muertos) es muy antiguo y su popularidad crece en épocas de altas tasas de mortalidad: por ejemplo, en la era victoriana y tras las principales guerras en Estados Unidos y Europa.

A finales de 2019, cuando el mundo estaba al borde de vivir una plaga de proporciones bíblicas, Schumacher dijo que comenzó a canalizar a Yeshua (es decir, Jesucristo). Transcripciones de las grabaciones de algunas de esas sesiones aparecen en un nuevo libro, “The Freedom Transmissions”.

La celebración era por el libro, pero también era una oportunidad para que sus clientes, muchos de los cuales no habían experimentado la canalización de Yeshua, vieran de qué se trata. Tal vez lo canalizaría durante la fiesta. Nadie estaba completamente seguro.

Aniston, quien ha tenido sesiones con Schumacher desde 2019, tiene una agenda de contactos de sanadores, astrólogos y numerólogos que ha recopilado durante los últimos treinta años. La asesoría de Schumacher, dijo, le ha ayudado a navegar problemas personales, cuestiones laborales y amistades. “Lo de la canalización de Yeshua es algo bastante fuera de lo común y para algunas personas va a sonar como una locura, esta idea de que alguien canaliza a Jesús, pero se trata más de un mensaje con el que ella se conectó. Todo lo que ella me ha comunicado simplemente resuena conmigo y me emociona”, me dijo antes del evento.

Carissa Schumacher en el bosque Elfin de California, cerca de San Diego, el 17 de noviembre de 2021. (Michelle Groskopf/The New York Times)
Carissa Schumacher en el bosque Elfin de California, cerca de San Diego, el 17 de noviembre de 2021. (Michelle Groskopf/The New York Times)

Rooney Mara, otra clienta, no pudo llegar a la fiesta, pero habló conmigo por teléfono. No ha experimentado las transmisiones de Yeshua, pero estaba abierta a la idea.

“Prácticamente, estoy abierta a todo”, comentó. “Pienso que el hecho de que esté canalizando a Yeshua, cierra la puerta en automático para algunas personas. Pero ella podría canalizar a cualquiera. Eso no cierra la puerta para mí”.

Por fin, Schumacher apareció, un poco después de las 9:30 p. m. Es una mujer de 39 años y de corta estatura. Caminó hacia el frente de la habitación, se quitó sus tacones de color dorado metálico y se sentó con las piernas cruzadas debajo de la gigantesca corona de flores, que ahora lucía como una aureola. El muro detrás de ella estaba cubierto de fotografías de arcoíris.

“¡Te queremos mucho!”, alguien gritó. Schumacher juntó las manos en señal de oración y asintió con la cabeza en gesto de agradecimiento a algunos seguidores presentes.

“Para quienes no me conocen, soy Carissa”, mencionó. “Toda la vida he sabido que sería un canal para Yeshua”.

‘Almas perdidas’

Algunas semanas antes, conocí a Schumacher en su casa en Escondido, California, en las afueras de San Diego, donde vive con su pareja, David Carnell, un ingeniero de seguridad de misiones en una compañía de tecnología de defensa. “¡Hola, amada!”, me saludó Schumacher con un abrazo mientras sus dos perros rescatados se arremolinaban a nuestros pies. (“Amados” es la manera en que Yeshua se dirige a los lectores en el libro).

Schumacher vestía mallas cafés, que combinaban con sus botas de gamuza del mismo color y una “hoodie” turquesa. Mencionó que en general usa Faded Glory, la marca de prendas de Walmart. Alrededor del cuello tenía enredados varios collares medicinales de indígenas estadounidenses, un regalo de un sanador cheroqui. Schumacher tomó una mochila JanSport color turquesa y nos dirigimos al bosque Elfin, una inmensa reserva recreativa cerca de su hogar.

Schumacher estimó que casi nunca va a Los Ángeles. No le gusta la sensación colectiva de esperanzas rotas que tiende a exudar ese lugar. “Tiene una trágica energía de almas perdidas”, expresó. “Creo que muchas personas van ahí con la esperanza de convertirse en alguien o encontrarse a sí mismas y en muy pocas ocasiones lo logran realmente”. Lo que encuentran en cambio son los cultos, los gurus, los sanadores, los psíquicos y los egos inflados que los impulsan. Schumacher no quiere ser conocida como ninguna de las anteriores. “Odio hablar de mí misma”, indicó. “Pero tengo mucho que decir sobre mi viaje con Yeshua”.

Susan Gerbic, fundadora de Guerrilla Skeptics, un grupo que realiza operaciones encubiertas contra personas que ella llama “vampiros del sufrimiento”, me dijo que la invocación de la religión coincidía con el deseo de un psíquico de sentirse especial. “Si tienes una conversación con figuras bíblicas muertas, eso es realmente especial y confiere mucho poder”, aseguró y agregó que también servía como un escudo contra los escépticos. “¿Quién va a atacar a alguien que utiliza la religión como argumento?”.

Schumacher me indicó que intenta evitar los reflectores. “Digo que no a todo”, aseguró. Entre las cosas que rechazó estuvieron un posible programa de televisión con Discovery Studios y otro que le propuso el actor Rob Lowe, otro cliente suyo, en el cual Schumacher canalizaría mensajes para otras celebridades. También quiso rechazar la fiesta del libro, afirmó, pero sus seguidores la convencieron de que la celebración en realidad era para Yeshua.

Recordó algo que Brad Pitt le relató en una ocasión. “Brad dijo que en el comienzo de su carrera, nunca imaginó que el costo de tener una vida pública sería su libertad”, comentó. “He escuchado eso en mi mente todo este tiempo”.

Nos instalamos sobre un conjunto de piedras sobre un arroyo, donde Schumacher sacó una pipa de su mochila, llena de kinnikinnik (una mezcla de hojas y cortezas para fumar de origen indígena estadounidense) y empezó a contar cómo se convirtió en un canal de comunicación para Yeshua. “Las personas dicen cosas como: ‘Oh, debe ser increíble que Yeshua canalice su mensaje a través de ti’ y no lo es”, afirmó. “Bueno, sí lo es, pero requiere de una gran disciplina”.

‘En busca de algo’

Schumacher creció en Westport, Connecticut. Su padre, un católico que se convirtió al unitarismo, trabajaba para Pitney Bowes, una compañía de servicios de correo. Su madre daba clases de inglés como segundo idioma. En la primaria, una excursión al cementerio le valió el apodo de “Crazy Carrie” (“Carrie la Loca”) después de que mencionó los nombres en las tumbas antes de que los integrantes de su clase llegaran a ellas. El mote se le quedó hasta la secundaria, cuando sufrió acoso de nuevo por desarrollarse a temprana edad. “Luché mucho con mi autoestima y algo de eso me llevó a creer que tenía que complacer a los chicos, para poder sentirme amada y deseada”, explicó.

Schumacher asistió a la Universidad Brown, donde estudió Neurociencia Cognitiva. Trabajó en el campo de la biotecnología y a la larga terminó en San Diego en NovaRx, una farmacéutica que desarrolla una vacuna contra el cáncer de pulmón. No fue muy precisa al describir su periodo en la compañía. “Estaba muy traumatizada”, recordó. “Me sentía como si estuviera muriendo. Solo necesitaba dejar morir todo”. Le pregunté si le incomodaría explicarme qué quería decir con eso. “¿Te refieres al artículo del New York Post?”, me cuestionó.

En 2006, Justin Murdock, el heredero de Dole Pineapple, se convirtió en el director ejecutivo de NovaRx, después de que él y su padre, David, invirtieron 35 millones de dólares en la compañía. En 2010, Schumacher acusó a Justin Murdock de acoso sexual, según una demanda presentada ante el Tribunal Superior de Los Ángeles. El abogado de Murdock, en un comentario para este artículo, declaró que el caso se desechó con prejuicio y que las afirmaciones de Schumacher no tenían fundamento.

Después de dejar la compañía, Schumacher se mudó al bosque Elfin. Un día, relató, regresó a casa de una caminata y sintió como si una llama azul recorriera toda su columna. Escuchó un vidrio que se rompía y el llanto de un bebé. Indicó que esa fue la primera vez que sintió la energía de Yeshua.

Su naturópata le sugirió que se reuniera con Danielle Gibbons, quien vive en el sur de Oregon y afirma que ha estado canalizando a la Virgen María desde 1994. (Tiene un canal de YouTube). En 2011, Schumacher asistió al taller de Gibbons en Los Ángeles y posteriormente agendó sesiones privadas con ella una vez al año. Gibbons me contó que ella no supo que Schumacher era una canalizadora de Yeshua hasta mucho después, en 2019.

Schumacher aseveró que pasó la siguiente década preparándose para canalizar a Yeshua. Meditó a diario, dejó de consumir azúcar y cafeína y limitó su dieta a cinco alimentos: brócoli, coliflor, pavo, pollo y sandía. “Si el canal de alguien está diluido, hay un tipo de capa espesa o suciedad en la que la energía se atora y no puede atravesar”.

Schumacher, quien tuvo relaciones de pareja con hombres y mujeres durante sus veintitantos años, asumió que también tendría que mantenerse célibe. Sin embargo, ella seguía recibiendo un mensaje: “David con un perro negro”. Creó una cuenta en Match.com. El perfil de Carnell en el sitio, que tenía una fotografía de él con un perro negro, fue el primero en aparecer. Cuando lo llevó a un concierto de John Mayer para su cumpleaños, él comprendió cuando ella tuvo que ir de repente a canalizar al amante y al hermano fallecidos de una mujer en otra fila. “Eso es amor”, opinó ella.

Para 2013, Schumacher había comenzado a canalizar mensajes para sus amistades, después para los amigos de esas amistades y posteriormente organizó eventos gratuitos. También recibió un mensaje en un sueño de que debía conducir a sus seguidores al desierto. Comenzó a realizar viajes a Sedona, Arizona, adonde invitó a clientes para hacer meditaciones en cuevas y en ocasiones canalizaba a sus familiares fallecidos.

Mara asistió a un viaje como ese en 2018. La primera vez que le escribió a Schumacher fue bajo un alias cuando había terminado de filmar “María Magdalena”, una película de 2019 que Mara protagonizó. “La primera sesión fue simplemente increíble a un nivel fuera de este mundo”, expresó Mara. Otros médiums eran más ambiguos, hacían declaraciones generalizadas que podrían aplicar a cualquier persona. Sin embargo, Schumacher, dijo la actriz, sabía cosas específicas sobre su familia que nadie más pudo haber sabido. “Incluso si de alguna manera había descubierto quién era yo”, aseguró Mara.

Entonces, Schumacher la invitó a Sedona. “Sin duda estaba asustada y un poco reticente a hacerlo”, recordó Mara. “Creo que me estacioné y por poco me di la vuelta. Pero después de unas horas, pensé: ‘No, puedo confiar en estas personas. Todos somos humanos en busca de algo’”.

Solo humanos

El otoño pasado, Schumacher envió por correo electrónico grabaciones de las transmisiones de Yeshua a sus clientes. Entre ellos estaba Jennifer Rudolph Walsh, quien fue referida a Schumacher después de renunciar a su trabajo de mucho tiempo a cargo del departamento literario de la agencia WME. Pensó que las enseñanzas de Yeshua podrían incluirse en un libro y puso a Schumacher en contacto con el editor de Harper One, que publicará “The Freedom Transmissions”.

Aunque contiene algo de iconografía cristiana (por ejemplo, referencias a la crucifixión), el resto es una mezcla más neutral de rendición ante el poder divino; budismo; reparación del yo fragmentado después del trauma; y acceder “al yo Dios”, una referencia a Carl Jung.

Rudolph Walsh dijo que las enseñanzas de Yeshua cambiaron su sistema nervioso por completo. “No reacciono ante el clima”, explicó. “No reporto el clima, soy el clima. Y el clima siempre es paz”.

Le pregunté a Rudolph Walsh si creía que Yeshua en realidad hablaba a través de Schumacher. “Para mí, no importa”, respondió. “Lo importante es lo que se dice. Pero, en lo personal, ¿me preguntas si creo que ella canaliza a Yeshua? Sí, lo creo”.

Los seguidores de Schumacher afirman que está lejos de ser la lideresa de un culto: no hay adoctrinamiento, indican, no hay control mental, no involucra vergüenza ni aislamiento. “No es para todos”, expresó Aniston. “Pero mientras no le haga daño a nadie, siento que cada quien debe decidir. Bienvenida cualquier cosa que haga más fácil caminar por este mundo con un paso más ligero, en especial en la actualidad”.

No obstante, Mara me dijo que es bueno ser cautelosos. “Siempre que recurres a una sola persona para que te dé todas las respuestas, ese es un problema”, opinó. “Carissa es humana como todos nosotros, así que tienes que tomar de ello lo que resuena en ti y dejar el resto”.

Schumacher decidió al final que la vibra en Flamingo Estate no era conductora para canalizar a Yeshua. (“No soy un canal que se activa de inmediato y a voluntad”, mencionó). En cambio, canalizó a Kenneth, el padre fallecido de un invitado que ella dijo que disfrutaba pescar y reparar autos. El hijo de Kenneth, John, se limpió las lágrimas, como lo hicieron muchas otras personas en el lugar. “Lo siento”, expresó Schumacher.

“No lo sientas. Me encantó”, contestó John.

© 2021 The New York Times Company

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