Las FARC colombianas se quedan sin dirección histórica

Por Daniela Flores González

Bogotá, 9 May (Notimex).- El pasado 6 de mayo, el exguerrillero Jaime Guaraca falleció a los 88 años en La Habana, Cuba. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) perdieron a otro de sus grandes líderes y, con su fallecimiento, el recuerdo de la organización y su sustento ideológico se desvanecen cada vez más.

En las últimas tres décadas, han fallecido Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas, Raúl Reyes, Alfonso Cano, y ahora Jaime Guaraca, los dos primeros principales fundadores de las FARC en la década de los años 60 del siglo pasado.

Todos ellos, comandantes y fundadores de una de las guerrillas más longevas de Latinoamérica, la cual concretó finalmente un acuerdo de paz  con el gobierno colombiano en aquel histórico 27 de junio de 2016 en Bogotá.

En dicha fecha el expresidente Juan Manuel Santos logró concretar los acuerdos de paz con los que se puso fin a más de cincuenta años de conflicto armado con el grupo rebelde.

Un año más tarde, el 27 de junio de 2017, culminaron la dejación total de las armas y se declaró oficialmente terminada la prolongada guerra, sin vencedores no vencidos.. 

Desde entonces, el grupo se transformó ya en la vida civil en un partido político que ahora participa en las decisiones del Estado. Los ideales de los antiguos líderes, ahora se traducen en las llamadas Fuerza Alternativa Revolucionartia del Común (FARC), una facción con representación en el poder Legislativo, uno de los puntos del acuerdo de paz. 

A pesar de su institucionalización, la supervivencia de los antiguos líderes permitía mantener con vida la memoria de la resistencia. Sin embargo, ahora queda duda sobre si se resguarda o no la dirección histórica de la antigua guerrilla. 

Las FARC, un movimiento histórico contra el Estado

Fundadas en 1964, las FARC fueron el resultado de las tensiones entre la izquierda y la derecha; entre el comunismo y el capitalismo; entre campesinos, la creciente violencia y las desigualdades emergentes en el Estado. Sus ideales se forjaron en las montañas del sur en el departamento colombiano de Tolima.

De acuerdo con la página oficial del movimiento, fueron 48 campesinos quienes iniciaron el levantamiento de las comunidades colombianas durante la década de 1960, cuando la Guerra Fría y el anticomunismo en América ejercían mayor presión al sur del continente.

La mayoría de ellos, sumamente jóvenes. Manuel Marulanda Vélez, alias “Tirofijo” por su habilidad con las armas, es recordado como el gran líder y uno de los primeros en enlistarse. Fue parte de la mano armada del Partido Comunista de Colombia (PCC) y se convirtió en uno de los representantes de quienes suelen llamarse “hijos de la violencia”.

Vélez junto con sus compañeros de la clase campesina, combatieron en la guerra civil de la década de 1950, antes de la creación de las FARC, producto de un golpe de Estado contra Laureano Gómez, que llevó a Gustavo Rojas Pinilla a tomar las riendas del país, igual que su antecesor, basado en el control militar.

La guerra fría, las hostilidades contra la población campesina y un gobierno sin cimientos democráticos crearon el escenario propicio para el nacimiento de las FARC, cuyos ideales fueron forjados por quienes envejecieron y no pudieron seguir más tiempo en la lucha.

Las FARC en una palabra: resistencia

Desde que las FARC declararon la guerra al Estado como medida de cobijo a los “desprotegidos”, distintos intentos de tregua, amnistía, pacificación e institucionalización buscaron frenar la violencia, pero los ideólogos fundadores comunicaron durante más de cinco décadas uno de los mensajes clave del movimiento: resistencia.

Así, Manuel Marulanda Vélez, cuyo verdadero nombre era Pedro António Marín Marín, falleció en 2008 a causa de un infarto a los 78 años. No sin antes buscar la continuidad del movimiento. Ese mismo año, otro de los guerrilleros, Raúl Reyes, murió en combate, cuando en Ecuador fue víctima de una mina antipersona después de un bombardeo y un enfrentamiento con tropas del ejército colombiano. 

Raúl Reyes, también era parte de la clase trabajadora y, su familia, víctima del desplazamiento de comunidades a causa de la violencia y los ataques contra los miembros de partidos de ideología comunista. Su participación en el movimiento y en las negociaciones con el gobierno fueron decisivas para la idea de resistencia.

Ahora, cuando las FARC dejaron de ser una guerrilla para convertirse en un partido político, las malas noticias para su memoria destacaron el fallecimiento del campesino de origen indígena, el exguerrillero Jaime Guaraca, 12 años después que sus compañeros de lucha. Fue de los pocos que pudieron presenciar la histórica firma de los acuerdos de paz.

Jaime Guaraca luchó como militante de las FARC e impulsó la construcción política del movimiento desde los 23 años de edad. Incluso, en una ocasión fue entregado al ejército colombiano, cuyos elementos lo torturaron en la isla Prisión de Gorgona.

Guaraca se desempeñó en distintos puestos directivos al interior de las FARC. Fue integrante del Secretariado Nacional del Estado Mayor Central y el primer responsable de la Comisión Internacional de la guerrilla. También participó en distintos esfuerzos fallidos por firmar la paz.

La resistencia ante los acuerdos de paz 

Mientras por un lado se firmaba la paz para poner fin a la guerra que registró al menos ocho millones de víctimas según el expresidente Santos, por otro se mantiene a pie de lucha un grupo disidente de las FARC, encabezado por Iván Marquez y otros excomandantes como Jose Santrich.

En agosto del año pasado, el exjefe de uno de los equipos negociadores de las FARC y también precursor del movimiento, Iván Márquez, anunció una nueva etapa de lucha armada en Colombia, lo cierto es que su facción pierde fuerza y, ahora, el rumbo histórico para su resurgimiento.

Este grupo reivindica la llamada continuidad de las FARC,  esta disidencia, rechazada por el secretariado del ahora partido de la exguerrilla, se encuentra presuntamente en la selva colombiana, así como en zonas rurales del territorio venezolano.

Las declaraciones del contexto internacional, donde Estados Unidos catalogó a las FARC como grupo terrorista, las acusaciones contra algunos de sus líderes por delitos de abuso sexual al interior del movimiento y la pérdida de convicción entre los descendientes de los campesinos que dieron pie a la resistencia, fueron parte de los factores que explican este declive.

Quienes aún resisten en las montañas esperan su lucha armada se mantenga conforme el descontento ante la administración del presidente, Iván Duque, crece entre los sectores menos favorecidos. Sin embargo, frente a la caída de los ideólogos de la resistencia, el control del Estado y la institucionalización del movimiento, es probable que una solución política sea el escenario más próximo.

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NTX/I/DFG/FJ