Los famosos perros corgis de Isabel II ya fueron adoptados

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La reina Isabel II era una gran amante de los corgi, una raza galesa de perros patas cortas, hasta el punto de haber criado ella misma un largo linaje de estos perros. A ellos se les permitía pasear con total libertad por el Palacio de Buckingham.

La suerte de estos perros estaba en suspenso, sin embargo, encontraron por fin un hogar: el de su hijo el príncipe Andrés.

Un portavoz del príncipe Andrés, tercer hijo de la reina, y de su exesposa la duquesa de York Sarah, anunció el domingo que se encargarían de Muick y Sandy, los dos corgis que sobrevivieron a la reina.

Muick llegó a Windsor a inicios de 2021 para acompañar a la reina, entonces confinada como todos los británicos, con otro cachorro llamado Fergus.

Fergus falleció semanas más tarde a la edad de cinco meses, en los tiempos sombríos posteriores a la muerte de su esposo el príncipe Felipe.

SUSAN, LA PRIMERA DEL LINAJE DE LOS CORGIS

Para reemplazarlo Andrés y sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia, ofrecieron a Isabel II el pequeño Sandy con motivo de su 95 cumpleaños.

La pasión de la reina por estos perros comenzó con Susan, la primera corgi que le regalaron cuando cumplió 18 años en 1944. Según la prensa británica, la reina dejó de criarlos por temor a que sus corgis quedaran huérfanos tras su muerte.

Isabel II se ocupaba en lo posible de sus propios perros que la acompañaban en sus fines de semana en Windsor. Ella los nutría cuando tenía tiempo y le gustaba sacarlos a pasear.

Su amor por los corgis fue celebrado en la festividades del jubileo de platino por sus 70 años de reino, en junio, con la congregación de 70 corgis en Balmoral y una carrera de corgis en el hipódromo de Musselburgh.

El corgi promedio tiene una altura de 25 a 30 cm, una longitud de 30 a 38 cm y un peso de 11 a 14 kg. Su esperanza de vida es de 12 a 14 años. Es un perro sumamente activo, pero la tendencia a tenerlos como mascotas en hogares pequeños reduce su actividad.

Por la longitud de su columna vertebral son particularmente sensibles al sobrepeso, el cual puede producir osteoartritis, que reduce su esperanza de vida y la calidad de la misma. N

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