Familias separadas por el río Dniéper en la región ucraniana de Jersón

Para Olena Chernyavska, la liberación de la ciudad de Jersón (sur de Ucrania) solo resultó una alegría a medias, ya que su madre vive en el otro lado del río Dniéper, que marca la línea del frente entre el ejército ucraniano y el ruso.

"Cada mañana, me levanto y me informo para ver si el lugar donde vive está bien", explica Chernyavska, de 41 años.

Ella y su madre solo pueden hablarse de manera esporádica y sus conversaciones dependen de una señal telefónica muy inestable, sobre todo después de que las tropas rusas destruyeran infraestructuras eléctricas en Jersón cuando abandonaron esta ciudad a mediados de noviembre.

"Logré hablar con ella y decirle casi todo lo que quería decirle, pero la conexión se interrumpió", recuerda Chernyavska.

En los primeros días tras el inicio de la invasión de Ucrania, el ejército ruso logró controlar un amplia zona en el sur del país y cruzó el río Dniéper, haciéndose con el control de Jersón, la única capital regional tomada por los rusos desde el 24 de febrero.

Pero su avance se vio detenido por el ejército ucraniano y las fuerzas de Kiev iniciaron a partir de septiembre una contraofensiva en esta zona del sur y en el este del país.

Después de que el ejército ruso abandonara Jersón, empujado por la contraofensiva ucraniana, el río Dniéper marca actualmente la frontera: los ucranianos controlan la orilla occidental y los rusos, la oriental.

Una línea del frente que provocó la separación forzosa de numerosas familias.

- "Tened paciencia" -

"Mi hermano, mi hermana, mi sobrina y mi nieta están en el otro lado", explica Natalia Olkhovykova, de 51 años.

"Estamos muy preocupados porque hemos sabido que su pueblo está lleno" de soldados rusos, asegura esta habitante de Jersón. "Pero no puedo deciros mucho más por su seguridad".

Los habitantes de esta localidad meridional hacían cola para obtener ayuda humanitaria, bajo el ruido de fondo de los disparos de misiles Grad y de artillería pesada.

Las tropas ucranianas continúan disparando contra posiciones rusas en la orilla oriental, donde viven familiares de Tatiana Maliutyna.

"Esperan que los liberen", afirma esta mujer, de 54 años, que trabaja en un hospital.

Cuando el ejército ruso anunció su retirada de Jersón, "estaban felices y nos llamaron al conocer las buenas noticias del 11 de noviembre", recuerda.

"Yo les dije: tened paciencia", asegura Maliutyna.

No obstante, el Dniéper representa una frontera natural, lo que dificulta el avance ucraniano.

El ejército ruso destruyó los puentes que conectaban las dos orillas y un asalto anfibio contra las trincheras rusas parece arriesgado.

"Las fuerzas ucranianas tendrán probablemente más dificultadas para conseguir victorias igual de espectaculares en la parte oriental de Jersón, aunque pueden perturbar los esfuerzos de los rusos para solidificar su línea defensiva", explican los expertos militares estadounidenses del Institute for the Study of War, en una publicación reciente.

Olga Marchenko, de 47 años, reconoce su frustración, ya que no sabe durante cuánto tiempo el ejército ruso continuará ocupando los territorios en la otra orilla del Dniéper, donde vive su familia.

"Cuando los liberarán, esperamos encontrarlos", afirma.

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