Las familias migrantes obligan a Biden a enfrentar una nueva crisis fronteriza

Miriam Jordan and Max Rivlin-Nadler
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FILE - In this Jan. 22, 2020 file photo, Honduran migrants who tried to enter Mexico on foot return to the Guatemalan side of the Suchiate River under the watch of a Mexican National Guard near Ciudad Hidalgo, Mexico. Mexican President Andrés Manuel López Obrador on Thursday, Dec. 17, 2020 defended Mexico’s restrictive immigration policy, which has prevented many Central American migrants from crossing Mexico to reach the U.S. border. (AP Photo/Marco Ugarte, File)
2020/AP Photo/Marco Ugarte

LOS ÁNGELES — La primera crisis migratoria del presidente Joe Biden ya ha comenzado, pues miles de familias se han acercado a la frontera suroeste en las últimas semanas impulsadas por las expectativas de una recepción más amable y por un cambio en la política mexicana que hace más difícil que Estados Unidos expulse a algunos de los migrantes.

Más de mil personas que habían sido detenidas tras cruzar han sido liberadas en el país en los últimos días; se trata de un cambio veloz respecto del cierre casi total de la frontera del gobierno de Trump. Muchas más personas se están reuniendo en el lado mexicano, lo cual agrava las condiciones allí y pone a prueba la capacidad y la voluntad de Estados Unidos de admitir a los migrantes durante una pandemia.

Todos los días, nuevas familias se han estado reuniendo en las ciudades fronterizas mexicanas, durmiendo en las calles bajo los puentes y en zanjas secas, según los abogados y los grupos de ayuda que trabajan a lo largo de la frontera. El jueves, en Mexicali, frente a Calexico (California), se pudo ver a migrantes desesperados que intentaban escalar una valla fronteriza. Un campamento de migrantes en Matamoros, México, justo al otro lado de un puente que conecta esta ciudad con Texas, ahora alberga a mil personas que han llegado en las últimas semanas.

Como medida de protección contra el coronavirus, las autoridades sanitarias de San Diego han organizado el alojamiento de cientos de migrantes en un hotel del centro de la ciudad, donde los ponen en cuarentena antes de permitirles reunirse con sus familiares o amigos en el interior de Estados Unidos.

“Ha habido un aumento significativo de solicitantes de asilo y sabemos que el número solo va a seguir aumentando drásticamente”, comentó Kate Clark, directora de servicios de inmigración del Servicio Familiar Judío de San Diego, que ha estado proporcionando a las familias ropa y artículos de higiene personal y ayudándolas a organizar el viaje.

Este incremento supone la primera gran prueba de la promesa de Biden de adoptar una política más compasiva en la frontera entre Estados Unidos y México.

La posibilidad de que un gran número de inmigrantes entre en el país durante una pandemia podría crear una fuerte reacción pública negativa para Biden ahora que su gobierno toma medidas para deshacer las estrictas políticas establecidas por su predecesor.

Una afluencia robustecida ejercería presión sobre los tribunales de inmigración, que ya tienen una enorme acumulación de casos de asilo. Quienes están a favor de políticas de inmigración más restrictivas dicen que los inmigrantes que pierdan sus casos podrían optar por la clandestinidad y permanecer en el país de forma ilegal para sumarse a los diez millones de personas que, según los cálculos, ya viven en Estados Unidos sin permiso legal.

“Era predecible que no habría prácticamente ninguna luna de miel para el gobierno de Biden en cuanto a las múltiples crisis que están desplazando a personas provenientes de los países del Triángulo Norte de Centroamérica y de otros lugares”, comentó Donald Kerwin, director ejecutivo del Centro de Estudios sobre Migración, un grupo apartidista de expertos.

Entre estas crisis se encuentran los dos huracanes que destruyeron medios de subsistencia y hogares en Guatemala y Honduras, el efecto devastador de la pandemia en las economías de toda Latinoamérica y el control continuo que ejercen las pandillas criminales en muchas comunidades, a menudo acompañado de extorsión y violencia.

“Hay que reconocer que el gobierno de Biden se ha apegado a su compromiso de abordar las condiciones que desarraigan a los centroamericanos, pero este será un proceso a muy largo plazo y, mientras tanto, la gente se ha visto obligada a huir”, comentó Kerwin.

Antes de que el expresidente Donald Trump asumiera el cargo, durante mucho tiempo y a lo largo de varios gobiernos se había adoptado la práctica de permitir que las personas que enfrentan la persecución en sus países de origen entren a Estados Unidos y presenten solicitudes de asilo. Algunos nuevos migrantes eran detenidos hasta que se decidían sus casos, mientras que otros quedaban libres.

Sin embargo, Trump ridiculizó esas políticas diciendo que se trataba de “atrapar y liberar” a la gente, y en 2019 impuso el requisito de que los solicitantes esperaran en México hasta que sus solicitudes de asilo fueran aprobadas o denegadas. En marzo del año pasado, su gobierno invocó una ley de emergencia sanitaria para sellar efectivamente la frontera durante la pandemia, excepto a los ciudadanos y residentes legales de Estados Unidos. Los que intentaron cruzar fueron expulsados sumariamente a México.

No obstante, en los últimos días México ha comenzado a aplicar una ley aprobada en noviembre que prohíbe retener a los niños menores de 12 años bajo custodia del gobierno. Como resultado, ha dejado de aceptar en México a familias centroamericanas con niños pequeños que han sido devueltas, al menos en algunos tramos de la frontera con Texas, por lo que Estados Unidos se ha visto obligado a dejar a esas familias dentro del país. Con el fin de evitar retener a un gran número de personas en albergues o centros de detención de inmigrantes durante la crisis sanitaria, la Patrulla Fronteriza ha estado liberando a algunos de ellos para que se reúnan con familiares y amigos en todo Estados Unidos.

En los últimos días se ha permitido que al menos mil migrantes crucen a Texas, según los activistas fronterizos, aunque la Patrulla Fronteriza no ha publicado ningún cálculo oficial.

No está claro hasta qué punto se está aplicando la nueva ley mexicana relacionada con los niños migrantes aparte de las expulsiones de Texas, donde los funcionarios mexicanos sí la están aplicando. Sin embargo, también se ha liberado a cientos de migrantes después de cruzar cerca de la frontera en San Ysidro, California, dijeron los activistas, y es probable que la necesidad de evitar la congestión en las instalaciones fronterizas durante la pandemia sea uno de los factores que han influido.

Las autoridades sanitarias de San Diego han dictaminado que quienes crucen a California deben permanecer en el hotel durante diez días antes de que les permitan seguir adelante. En Texas no existe un requisito de cuarentena similar para los migrantes que llegan sin síntomas de coronavirus, según los voluntarios que trabajan con los migrantes. Dijeron que ahí a los que la Patrulla Fronteriza libera se les permite subir a autobuses y viajar a otros destinos.

El Servicio Familiar Judío, que está ayudando a las familias en cuarentena en los hoteles de San Diego, dijo que en enero la Patrulla Fronteriza liberó a 140 migrantes y los entregó a la organización sin fines de lucro, mientras que en diciembre la cifra fue de 54 personas. Durante los primeros cinco días de febrero, ese número aumentó a más de 200.

“Es la actividad más intensa que hemos tenido en mucho tiempo”, dijo Clark. “Estamos trabajando sin descanso para mantener el ritmo”.

La Patrulla Fronteriza liberó el martes a 47 familias en Kingsville, Texas, y luego notificó a un grupo de defensa en Houston que los migrantes necesitarían ayuda.

A pesar de la represión fronteriza del gobierno de Trump, hubo un repunte en las aprehensiones —que aumentaron a 850.000— en la frontera suroeste en el año fiscal 2019. Las detenciones se desplomaron en el año fiscal 2020 como resultado de las restricciones de movimiento relacionadas con la pandemia. Sin embargo, más de 70.000 migrantes y solicitantes de asilo fueron arrestados en la frontera en diciembre, el último mes completo del gobierno de Trump.

Las organizaciones de defensa de los derechos humanos en todo el país habían anticipado que la elección de Biden motivaría a la gente a dirigirse al norte de nuevo. En las últimas semanas, han estado organizando llamadas por Zoom para elaborar estrategias sobre cómo manejar el flujo.

No obstante, el repunte llegó antes de lo esperado.

Biden dijo antes de asumir el cargo que no abriría inmediatamente la frontera para evitar una avalancha migratoria. El 2 de febrero, firmó una orden ejecutiva que exigía una revisión completa del proceso de asilo, pero los funcionarios del gobierno han dicho que los cambios en el sistema actual tardarán en materializarse.

“Desafortunadamente, hay miles de personas y familias —incluyendo muchas en la frontera— que siguen sufriendo a causa de las políticas crueles e ineficaces que el gobierno de Trump puso en marcha”, comentó Vedant Patel, secretario de prensa adjunto de la Casa Blanca. “Remediar completamente estas acciones llevará tiempo y requerirá un enfoque en el que participe todo el gobierno”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company