Una familia cercada por mapuches pide ayuda: "Estamos secuestrados"

Alan Soria Guadalupe
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La familia que está cercada por usurpadores en el pasaje El Foyel, en Río Negro, dice que no tiene miedo pese a algunas amedrentamientos, afirma que cada vez hay más personas que se instalan con casillas y sienten "desilusión" con el Estado por no poder "proteger la propiedad privada".

En diálogo con LA NACION, Pablo Maier, uno de los propietarios que no puede salir del campo desde la semana pasada, lamentó las demoras de la Justicia en resolver el reclamo territorial de la agrupación lof Gallardo Calfú y aseguró que le "corren el arco permanentemente". Tanto, que hasta ya empezaron a racionar la comida que tienen de reserva.

"Estamos mas cansados mentalmente porque desde el jueves, cuando vino por primera vez el fiscal, que nos vienen corriendo el arco todos los días", dice desde el campo, ubicado a 75 kilómetros de Bariloche.

Para Maier resultan incomprensibles las demoras en el proceso y la justificación que esgrime la defensa de los presuntos mapuches que reclaman la tierra como propia. "Se supone que empezaba la audiencia el jueves y se solucionaba, pero no se hizo. Se pasó para el viernes a las 9 de la mañana, después a las 15 y después a las 18, pero tampoco se hizo. Después iba a ser el sábado, cuando los declararon en rebeldía. Se pasó para hoy [por ayer], pero ahora se pasó para mañana [por hoy]. Es una corrida de arco constante, pero nosotros seguimos en la misma postura pacifica, esperando" relató.

El vecino contó que el abogado de las personas que tienen bloqueada la entrada al campo dijo "no estar preparado" para participar de la audiencia "porque no tenía los datos de sus defendidos".

La familia está viviendo a unos 1300 metros de las casillas que comenzaron a armarse la semana pasada. Como no hubo desalojo y la resolución se dilata cada vez más, Maier asegura que ve cada vez más personas y que están mejor preparadas.

"Están reforzando los campamentos y hay más gente. A medida que se corren las audiencias, ellos se van preparando cada vez más. Ven que la cosa no avanza. Es como si se sintieran cada vez más seguros", dijo.

Si bien la tensión escala permanentemente, Maier afirmó que no hubo agresiones físicas de parte de los que reclaman las tierras, aunque sí les gritan. El vecino calcula que hoy ya hay aproximadamente unas 60 personas.

Con algo de resignación y bronca, Maier ríe cuando intenta describir el rol que tuvo el Estado hasta ahora en el conflicto. "Sentimos desilusión para con el Estado por la falta de cuidado de la propiedad privada y del ciudadano. Pero tenemos esperanza de que se va a resolver. Esto no es como otras tomas, que en su gran mayoría son terrenos fiscales y es el Estado el que tiene que lidiar con los usurpadores. Acá hay papeles y dos o tres juicios ganados por nosotros ante reclamos anteriores de esta misma gente", sostuvo.

Ya agregó: "No entendemos cómo pudo haber pasado esto. ¿Cómo un fiscal, conociendo de leyes, nos cita a nosotros con los papeles para demostrar que somos propietarios cuando tienen que citar a los usurpadores, que son ellos los que tienen que demostrar?".

Ayer, en el día de la Madre, Pablo y su hermana, Débora, grabaron un video en el que describen detalles de la situación que están viviendo y cuentan que no pudieron ver a su madre en su día. La mujer, de 77 años, vive en Bariloche y está en contacto permanente con sus hijos. "No tenemos miedo. Le trasmitimos tranquilidad. Hablamos constantemente. Ella, al escucharnos tranquilos, se queda tranquila", afirmó.

Mientras se demora la resolución del conflicto, la familia no puede salir del campo y los presuntos mapuches no permiten el ingreso de nadie, por lo que no pueden abastecerse de comida. Como sus estadías en el campo suelen ser extensas, Maier aseguró que tienen reservas suficientes para subsistir, aunque ante la demora no sabe cuánto van a durar. "Por ahora nos arreglamos con lo que teníamos acá, pero venimos racionando", concluyó.