Familia británica asegura que cruzó por error de Canadá a EEUU y ha vivido una auténtica pesadilla

Fari Rafa
Contributor

Una familia del Reino Unido ha vivido en carne propia las condiciones extremas de los centros de detención para inmigrantes en Estados Unidos tras cruzar la frontera del país durante una visita turística a Canadá.

David Connors, su esposa Eileen y su primo declararon que conducían por una carretera de Vancouver con tres niños pequeños a bordo, incluido un bebé de tres meses, cuando un animal se les atravesó en la ruta y los obligó a tomar un breve desvío. Fue entonces cuando los detuvo un policía y comenzó lo que luego describirían como “la experiencia más aterradora de nuestras vidas”, según una queja presentada al Departamento de Seguridad Nacional de los EEUU.

Agente de la Patrulla Fronteriza inspecciona un auto en la frontera con Canadá (Scott Eisen/Getty Images)

En lugar de ser enviados a Canadá o Reino Unido, toda la familia terminó detenida en el Berks Family Residential Center de Leesport, en Pensilvania, donde aseguran que llevan más de una semana viviendo “como criminales, despojados de nuestros derechos”.

“Nunca olvidaremos, estaremos traumatizados por el resto de nuestras vidas por lo que el gobierno de EEUU nos ha hecho”, escribió Eileen Connors en una declaración jurada.

La versiones contradictorias del incidente

Eileen, de 24 años, contó que tanto ella como su esposo David, de 30, y el primo de este fueron arrestados, incluso antes de poder explicar por qué el vehículo se había desviado. Según dice, el policía no les leyó sus derechos e ignoró las súplicas de la familia.

La Patrulla Fronteriza, no obstante, contradice la versión de la madre. Los funcionarios estadounidenses afirman que la familia cruzó la frontera a propósito, señalando que vieron su auto conduciendo "lenta y deliberadamente" a través de una zanja para ingresar al territorio estadounidense en Blaine, en Washington, el 2 de octubre.

“Durante el procesamiento, las verificaciones de registros revelaron que a dos de los adultos se les había denegado previamente la autorización de viaje para venir a Estados Unidos”, dijo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza en un comunicado a la agencia AP. Pero no revelaron las razones por las cuales se les negó la entrada al país.

Un funcionario de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), que habló con el Washington Post bajo condición de anonimato, dijo que la familia tenía 16,000 dólares en efectivo cuando fueron detenidos.

La CBP informó que los agentes fronterizos intentaron regresar a los Connors a Canadá, pero el país vecino se negó a recibirlos, y luego de dos intentos infructuosos de contactar a los funcionarios consulares británicos, decidieron entregar a la familia a los funcionarios de inmigración.

La mujer y su bebé fueron separados de su esposo y colocados en lo que llamó “una celda muy fría”, conocida por los inmigrantes como “hieleras”, en una estación de la Patrulla Fronteriza no revelada, en el estado de Washington.

Los Connors recibieron unas “mantas delgadas” de un material metálico, así como una taza con sopa de fideos, que describieron como “no apta ni para los animales”. “Nos dejaron en la celda todo el día, sin información, sin llamar a nuestra familia en casa, sin idea de cuándo seríamos libres de irnos”, agregó la declaración de Eileen.

Cuando llegó el momento de dormir, Eileen asegura que se vio obligada a colocar a su bebé sobre su cuerpo para que no se acostara sobre el “piso sucio”.

“Estamos tan asqueados de esto. El recuerdo de que nuestro pequeño bebé tuvo que dormir en un piso sucio de una celda nos perseguirá para siempre”, escribió.

Al día siguiente, los oficiales de inmigración dijeron a los Connor que podían ser liberados si algún miembro de la familia que viviera en los EEUU los patrocinaba. Afortunadamente, un pariente con ciudadanía estadounidense aceptó ayudar; pero horas después, fueron informados de que no se irían del país.

El destino final era Berks Family Residential Center, donde Eileen tuvo que bañar a su hijo con una toallita y jabón porque la bañera que le habían proporcionado estaba “muy sucia y tenía pedazos rotos”.

Según declaró, su bebé se quedó sin ropa, mantas o baberos durante varias horas porque el personal del centro tomó los artículos para lavarlos. “Las sábanas en nuestra habitación tenían un olor desagradable, como un perro muerto”, aseguró.

En el comunicado, Eileen Connors señaló además que el personal del centro evitó en un principio que la familia se pusiera en contacto con la embajada de Reino Unido.

En declaraciones a la agencia AP, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) enfatizó que el centro de Berks "tiene un historial excelente" y "regularmente recibe calificaciones excepcionales con respecto a la salud, la seguridad y el tratamiento de sus residentes".

Bridget Cambria, abogada de los Connors, dijo a The Washington Post que la familia británica todavía está en el centro esperando ser deportada.

“Emocional y psicológicamente, ellos están destruidos”, dijo Cambria. “Están muy molestos por lo que les sucedió porque no tiene sentido. Cualquiera que lea su declaración o escuche su historia no entenderá cómo podría haber sucedido esto”.

Este artículo ha sido actualizado para incluir la versión de la Patrulla Fronteriza de EEUU sobre lo que sucedió el 2 de octubre con la familia Connors.

Complementado con información de AP.