De recordar a aprender: el impacto en la nueva generación que no sufrió el horror del 11-S en vivo y en directo

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Lucas Berney, junto a sus hermanos mayor y menor, durante su infancia en Nueva York
Gza. Lucas Berney

En la mañana del martes 11 de septiembre de 2001 el cielo era de un azul cristalino en Nueva York. Lucas Berney, argentino que en aquel entonces vivía en un departamento cercano al Central Park junto a sus padres y a sus hermanos, se despertó temprano para ir al jardín de infantes. Como cada mañana, el niño de 4 años se sentó en la mesa del comedor a tomar su desayuno y a ver sus dibujitos animados favoritos en la televisión. Parecía una mañana normal, hasta que lo atormentaron los gritos y el llanto.

“De repente escucho a mi mamá en el teléfono gritando y llorando. Estaba bastante confundido, porque nunca la había visto llorar a mamá, nunca la había visto tan estresada como en ese momento”, contó a LA NACION Berney, ahora de 24 años.

El vuelo 11 de American Airlines impactó la Torre Norte del World Trade Center en Nueva York a las 8.46 , horario en el que el padre del pequeño se encontraba de camino al trabajo en el Distrito Financiero tras haber dejado su hermano mayor, de 5 años, en el prescolar, situado en la costa del Río Este, en la misma zona.

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A esa hora, Berney notó que la televisión ya no transmitía la diversión del programa infantil: “Mamá cambió de canal y puso las noticas. Vi cómo el segundo avión se estrellaba con la segunda torre y la primera estaba llena de humo. No entendía, pensé que era una película de terror”.

Entonces el llanto desgarrador de su madre y la confusión del momento llevaron al pequeño a actuar por impulso. “Me acerqué y le dije ´mamá, no llores. Es solo una peli´. La abracé y apagué la tele. Es lo único que me acuerdo”, dijo.

El final, después de los minutos de pánico, fue feliz para los Berney: su padre finalmente atendió el celular cuando recuperó la señal al salir del subte. “Mi papá no entendía qué estaba pasando. Mi mamá le decía que habían chocado dos aviones, que tenía que salir de ahí. Y cuando él salió de la estación para entrar a la oficina, vio un montón de gente y las dos torres prendidas fuego. Él veía cómo la gente se tiraba de las torres”, contó.

Veinte años después, Lucas lleva grabada en la mente esa secuencia adornada con cada detalle, pero no logra recordar el momento en que su familia regresó a salvo a casa, ni lo que sucedió después de ese abrazo reparador. A punto de graduarse de la licenciatura en Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella, el joven confesó a LA NACION que fue cuando comenzó su carrera que comprendió la magnitud de lo que había vivido el día en que el atentado terrorista conducido por Al-Qaeda se cobró la vida de casi 3000 personas y marcó el comienzo de una nueva era.

Con el correr de los años, el atentado a las Torres Gemelas se torna un recuerdo difuso para los jóvenes que en ese momento tenían unos pocos años de edad. Para quienes nacieron después del horror, la generación post 9/11, como la llaman los expertos, es solo una parte de la Historia.

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El 93% de los estadounidenses mayores a los 30 años aseguran que recuerdan exactamente dónde estaban cuando ocurrió el 11 de septiembre del 2001, según el último sondeo del Pew Research Center. La diferencia es abismal cuando se observa a quienes hoy tienen 25 años, ya que solo 42% logra rememorarlo.

“Un número cada vez mayor de estadounidenses no tiene ningún recuerdo personal de ese día, ya sea porque eran demasiado jóvenes o aún no habían nacido”, advirtió el estudio.

La memoria comunicativa, la transmisión de un hecho de una generación a otra a través del diálogo y la comunicación, es una de las fuentes que construyen a la memoria colectiva de un incidente. “Algunos sociólogos establecen que esta línea dura tres generaciones. En la tercera se acaba este evento generacional”, explicó a LA NACION en conversación telefónica Felipe Muller, psicólogo del CONICET, especialista en memoria colectiva. “Hay estudios en psicología que dicen que es menos, que en la generación intermedia ya casi todo se pierde y a la tercera no llega mucho recuerdo”.

El impacto emocional es otro factor importante que afecta al recuerdo de los adultos, pero que escasea en las generaciones más jóvenes. Es por eso que hay quienes argumentan que el impacto del atentado marcó a toda una generación. El 61% de los encuestados en una encuesta de 2011 del Pew Research Center de Estados Unidos sintió que su país había cambiado sobremanera y el 75% mencionó que se vio muy afectado una década después del evento.

Los jóvenes tampoco cuentan con la memoria flash pull, señaló Muller, esa convergencia entre la historia y la realidad: “Todos los que presenciamos de alguna manera – directa o indirecta – un hecho, tenemos en general este recuerdo de que sabemos perfectamente qué estábamos haciendo cuando nos enteramos lo que estaba pasando”.

En las aulas

“Los recuerdos de los estudiantes que lo experimentaron han sido reemplazados en los nuevos estudiantes con impresiones de los recuerdos que le contaron sus padres”, indicó a LA NACION Jennifer O´Brien, directora del programa de Estudios Globales en la escuela Watkinson, Connecticut.

O´Brien, una de las ganadoras del premio anual que otorga el Museo 9/11 Memorial a maestros alrededor del mundo por su efectividad en enseñar el tema, precisó que los alumnos de la generación “post 11 de septiembre” saben hechos concretos de lo que pasó, pero no dimensionan la intensidad de lo que implicó el atentado a las torres.

La realidad en la que crecieron los jóvenes que nacieron después de 2001 adopta con normalidad hechos que comenzaron a hacerse notar tras el peor ataque ocurrido en suelo norteamericano: el terrorismo, los estrictos controles en los aeropuertos, la exacerbación de la islamofobia. Incluso los museos, las fechas históricas, los monumentos, ya son parte de la vida cotidiana.

Las prioridades también cambiaron. Una encuesta de 2019 realizada por Ipsos MORI junto con Amnistía Internacional interrogó a 10.000 personas de 18 a 25 años, también conocidas como Generación Z, en 22 países del mundo. Al ser consultados sobre los temas que consideran más importantes, la mayoría (41%) encasilló al cambio climático en el primer lugar, mientras el terrorismo quedó ubicado en un tercer puesto.

“El desafío que tenemos ahora es hacerle entender a estos alumnos que no vivieron el 11 de septiembre el impacto que tuvo el hecho, en gran medida definió al mundo en el que viven hoy”, detalló O´Brien.

Torres Gemelas; 9/11; 11s; el mundo
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Para los más jóvenes, los memoriales y museos del 11-S son parte de su vida cotidiana (Shutterstock/)

Con el avance de la tecnología y el surgimiento de las redes sociales, los jóvenes tienen la posibilidad de acceder a mayor información, lo que puede resultar un problema a la hora de adentrarse en estos temas sensibles, alertó por videollamada Mimi Melkonian, profesora de la escuela Brunswick en Greenwich.

“Estamos viviendo en una burbuja en la que la información llega de distintas formas. Entonces, ¿cómo podés ensañar qué pasó? ¿cuál es la realidad? ¿desde qué ángulo se interpretan las cosas? Como docente, tenés que asegurarte de que las nuevas generaciones tengan todas las opciones [para aprender]”, profundizó Melkonian, quien dicta el curso “Ataque y secuelas del 11 de septiembre”, por el cual obtuvo un reconocimiento.

Dos décadas pasaron desde el atentado que impactó al mundo, pero, aunque para algunos es historia, la herida sigue abierta para muchos otros. Para Alison Holman, psicóloga de la Universidad de California y especialista en trauma, aquellas personas que encuentran dificultad en superar un hecho que vivieron en el pasado, traen ese dolor con ellos al presente.

“Veinte años después, algunas personas siguen viviendo en ese pasado por la forma en la que afectó sus vidas. Es imposible decir cuándo el trauma va a terminar. Es por eso que es muy importante recordar el aniversario con respeto y cautela, porque mientras algunos no lo recuerden, sigue siendo muy reciente para otros”, señaló a LA NACION.

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