Falleció la mujer más rica del mundo, dueña de un imperio lleno de escándalos

LA NACION

BERLÍN.- Liliane Bettencourt, la mujer más rica del mundo, murió anteanoche en París a los 94 años. Punto final de una vida de trabajo, de fasto, de mundanidades, pero también de escándalos judiciales y tormentos familiares.

En la memoria colectiva su nombre resuena como la dueña del imperio L'Oréal. Quienes la conocieron recordarán su discreción proverbial y su elegancia de gran burguesa refinada, pero, sobre todo, su sed de vivir y su franqueza inquebrantable.

En los próximos días, el resto del mundo evocará seguramente el escándalo que llevó su nombre: "el affaire Bettencourt". Un melodrama mediático-político-económico, teñido de drama familiar y relaciones ambiguas. Ajena a aquellos dramáticos recuerdos, que probablemente hayan acelerado el final de su quebrantada salud, Bettencourt murió serenamente en su domicilio parisino.

Liliane Henriette Charlotte Betsy Quenoa Schueller nació el 21 de octubre de 1922 en París. Hija única del fundador de L'Oréal, Eugène Schueller, la chica, que perdió a su madre de pequeña, creció en un internado de monjas dominicanas en Lyon. De regreso en la capital, creció en el opulento distrito 16, en contacto con intelectuales y científicos de la época, como Fredéric e Irène Joliot-Curie. Tímida y discreta, adoraba leer y tocar el piano.

En los años '30, la empresa familiar conoció una evolución inesperada gracias a las tinturas lanzadas por su padre, pero también por los champúes Dop y los productos Ambre Solaire. Ecléctico, Eugène Schueller no solo frecuentaba grupos de extrema derecha, sino también a personajes de otros horizontes políticos, como el entonces futuro presidente François Mitterrand o André Bettencourt.

Miembro de una familia de la burguesía católica normanda, Bettencourt, por entonces periodista, resultó ser un verdadero apoyo para Schueller. Sobre todo cuando, después de la Segunda Guerra, fue acusado de haber ayudado al régimen de Vichy y financiado La Cagoule, siniestro movimiento de extrema derecha revolucionaria.

En agradecimiento, Schueller le acordó la mano de su hija. La boda fue celebrada en 8 de junio de 1950. "El matrimonio me daba un miedo espantoso. Detesto las convenciones del matrimonio, los «prometo», esas frases que te unen y te encierran en un papel", explicó años después.

De esa unión nació una sola hija, Françoise. Liliane, por su parte, entró como pasante en la empresa familiar en 1937, trabajó en las fábricas y las cadenas de acondicionamiento. Heredó el imperio tras la muerte de su padre, en 1957. Asumió el control, se convirtió en la primera accionista y figura señera. De un día para el otro, pasó de esposa de periodista y hombre político a mujer de negocios, objeto de atención mediática. Liliane empezó a viajar y organizar recepciones sociales, pero siguió lejos de las luces y la exposición pública.

L'Oréal entró en la Bolsa en 1963. En 1974, su dueña aceptó que el grupo Nestlé se transformara en segundo accionista. La multinacional se convirtió así en una de las empresas más florecientes del mundo. Liliane confió las llaves del imperio a su esposo, que murió en 2007. Pero al fasto seguirían periodos de tormentos familiares. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por dramas que la enfrentaron con su hija y la propulsaron justamente ahí donde siempre detestó estar: bajo los reflectores mediáticos.

En 2008, Françoise radicó una denuncia por abuso de debilidad contra el fotógrafo Jean-Marie Banier. Amigo muy cercano de su madre, la joven estaba segura de que ese bon-vivant, célebre en los círculos nocturnos parisinos, aprovechaba el declarado Alzheimer de Liliane para obtener cuantiosos beneficios financieros. En efecto, además de nombrarlo su legatario universal -antes de retractarse-, la anciana le habría acordado más de 1000 millones de euros en obras de arte y dinero.

Tras dos años de dramas judiciales y desgarramientos entre madre e hija, ambas se reconciliaron en 2010. Un año más tarde, Françoise obtuvo su tutela. Al final de su vida, Liliane tenía una fortuna de 40.000 millones de dólares. Hasta ayer era la mujer más rica del mundo y 14° fortuna global, según Forbes. Un sitio que ocupó en forma permanente desde 2013 y que dejó de la misma forma en que vivió: con toda discreción.