Las fallas de los incentivos a favor de la ecología le dejan a Biden una lección: llegar todavía más alto

Coral Davenport
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Turbinas eólicas en el condado de Carbon, Wyoming, el 1 de febrero de 2021. (Benjamin Rasmussen/The New York Times)
Turbinas eólicas en el condado de Carbon, Wyoming, el 1 de febrero de 2021. (Benjamin Rasmussen/The New York Times)

WASHINGTON — En septiembre de 2009, el entonces vicepresidente Joe Biden viajó a una desaparecida planta de General Motors cerca de su pueblo natal, Wilmington, Delaware, para dar a conocer un préstamo gubernamental por 528,7 millones de dólares para que Fisker Automotive fabricara vehículos híbridos y eléctricos.

El financiamiento para Fisker, un pequeño fabricante de autos de lujo, surgió de la Ley de Recuperación y Reinversión de Estados Unidos de 2009, un plan de estímulos económicos de 787.000 millones de dólares obtenido por el presidente Barack Obama para sacar el país de la Gran Recesión, al generar, en parte, “empleos ecológicos” con la asignación de 90.000 millones de dólares para energías solar y eólica, una red eléctrica “inteligente”, casas climatizadas y la industria de vehículos eléctricos.

Fisker se fue a la quiebra en 2013 antes de que la fábrica de Wilmington fabricara un solo auto. Biden también dio a conocer a título personal una garantía de préstamo por 535 millones de dólares para Solyndra, una empresa de paneles solares de California que luego se declaró en bancarrota, lo cual dejó en apuros a los contribuyentes. Un fabricante de baterías de tecnología avanzada llamado A123 Systems, al cual Obama aclamó como parte de la vanguardia de la nueva industria estadounidense de autos eléctricos, recibió un subsidio de incentivo por 249 millones de dólares y luego se declaró en quiebra en 2012. La vanguardia que no prosperó.

Ahora, doce años después, el presidente Biden está preparando los detalles de un nuevo plan de estímulos económicos mucho más grande que volvería a usar el gasto gubernamental para fusionar los objetivos de combatir el cambio climático y restaurar la economía. Aunque el gasto en energía limpia solo fue una pequeña parte del incentivo de Obama, Biden desea convertirlo en el eje central de su propuesta de billones de dólares (no miles de millones) en subsidios, préstamos e incentivos fiscales del gobierno para impulsar la energía renovable, la eficiencia energética y la producción de autos eléctricos.

No obstante, las fallas de los incentivos de Obama y de la participación de Biden en ellos (él supervisó el gasto de la ley de recuperación) podrían sentar un mal precedente para el plan en su camino al Congreso. El riesgo para los contribuyentes podría ser mucho mayor esta vez y, además, durante años los republicanos se han referido al caso de Solyndra para criticar la intervención del gobierno en la planificación industrial.

Los asesores de Biden, muchos de los cuales trabajaron en los incentivos de Obama, afirman que la situación es muy diferente. La demanda del mercado por vehículos eléctricos es mucho mayor y el costo de los autos es mucho menor que en 2009, el año después de que Tesla Motors fabricara su primer auto descapotable. La energía solar es más competitiva en términos económicos. La energía eólica se ha consolidado y se encuentra en rápida expansión.

La secretaria de Energía, Jennifer Granholm, supervisará el mismo programa de préstamos para energías limpias que apoyó a Fisker y a Solyndra. Granholm conoce bien el programa: como gobernadora de Míchigan en la época de Obama, ayudó a que su estado recibiera dinero del programa para apoyar a los fabricantes de baterías para automóviles… incluyendo algunos que fracasaron.

El entonces presidente electo Joe Biden y Jennifer Granholm, a quien confirmaron después como secretaria de Energía, en Wilmington, Delaware, el 19 de diciembre de 2020.
El entonces presidente electo Joe Biden y Jennifer Granholm, a quien confirmaron después como secretaria de Energía, en Wilmington, Delaware, el 19 de diciembre de 2020.

“Hay que tomar cartas en el asunto y correr riesgos; a veces corres riesgos y no tienes éxito”, comentó sobre esos fracasos. “Pero si nunca corres riesgos, nunca avanzarás ni alcanzarás el éxito. Así que, en términos generales, los beneficios de las inversiones en energía limpia de la era de Obama fueron extraordinariamente positivos”.

Sin embargo, señaló que su equipo estaba estudiando las lecciones de 2009: “Cuando se invierte en innovación, a veces sirve y a veces no. Pero, como cualquier ser humano, aprendemos más de esas fallas que de los triunfos, ¿verdad?”. También mencionó que, para esta segunda ronda, el programa de préstamos para energías limpias será “reestructurado” y “fortalecido”.

Otros asesores de Obama reconocen que no se hizo lo suficiente, sobre todo con respecto a los autos eléctricos. Se esperaba que la ley de recuperación pusiera en circulación un millón de autos híbridos para 2015, pero se incorporaron menos de 200.000. Incluso ahora, menos del uno por ciento de los autos que circulan son eléctricos.

“Las expectativas eran altas, pero aterrizar algunos de esos proyectos en verdad resultó ser un desafío”, señaló Heather Zichal, quien trabajó como asesora principal de energías limpias y cambio climático en el primer periodo de Obama.

En sus ataques políticos contra el plan de Biden, los republicanos ya están usando como arma las pérdidas resultantes de los incentivos ecológicos de Obama.

“Cuando el presidente Biden era vicepresidente, el gobierno de Obama prometió miles de empleos en energías limpias”, aseguró el senador por Wyoming, John Barrasso, el principal republicano en el Comité de Energía del Senado. “Estos empleos nunca se materializaron. Millones de dólares de los contribuyentes se desperdiciaron en empresas de energías limpias que quebraron. Ahora ha regresado el ‘síndrome Solyndra’”.

La mayoría de los economistas afirman que, en general, los incentivos ecológicos de Obama sí mejoraron la economía y tuvieron un efecto duradero. De acuerdo con un artículo de 2020 publicado por la Oficina Nacional de Investigación Económica, el gasto en energías limpias generó casi un millón de empleos entre 2013 y 2017. También generó dinero para los contribuyentes: pese a las pérdidas de empresas como Fisker, el programa de garantía de préstamos del Departamento de Energía a la larga obtuvo 2000 millones de dólares más en rendimientos de lo que desembolsó.

La energía eólica aumentó a más del triple en la década pasada y, ahora, genera casi el ocho por ciento de la electricidad del país. La energía solar, que generaba menos del uno por ciento de la electricidad del país en 2010, ahora genera cerca del dos por ciento y está en rápido crecimiento. Casi todos los economistas concuerdan en que los estímulos de Obama, que inyectaron aproximadamente 40.000 millones de dólares en préstamos e incentivos fiscales a esas industrias, merecen una parte del crédito.

“La ley de recuperación tuvo éxito en generar empleos, pero no cumplió las metas de reducción de emisiones”, señaló David Popp, profesor de Administración Pública en la Universidad de Siracusa y autor principal del estudio de la Oficina Nacional de Economía sobre el dinero destinado a los incentivos en favor de la ecología. Además, por sí solo, este nuevo incentivo no será suficiente para reducir las emisiones.

“A menos que puedan vincularlo a una política que obligue a la gente a reducir las emisiones, un gran proyecto de ley de gastos no tiene un gran impacto”, comentó Popp.

No obstante, añadió, “en términos políticos, gastar dinero es más sencillo que aprobar políticas para reducir las emisiones”. Si eso “estructura la economía de la energía de tal modo que a la larga sea más barato reducir las emisiones, podría generar más respaldo político para hacerlo más adelante” al lograr que la legislación o las disposiciones sean menos complicadas, afirmó.

Biden tiene un largo camino por delante en ese aspecto. Las energías solar y eólica siguen siendo más caras que los combustibles fósiles en la mayor parte del país. Aunque le dieron un impulso a la fabricación de vehículos eléctricos, que incluyó una garantía de préstamo exitosa a Tesla, esos autos siguen teniendo precios más altos que los de motores de combustión interna anticuados.

Por eso los demócratas afirman que una de las mayores lecciones de los incentivos de Obama es llegar más lejos… mucho más lejos.

Los créditos fiscales a corto plazo para las plantas de tecnología avanzada para la fabricación de baterías y energías renovables “no fueron lo suficientemente grandes; tampoco lo suficientemente largos”, señaló el senador por Oregón, Ron Wyden, presidente del Comité de Finanzas del Senado, el cual tendrá una participación primordial en estructurar el proyecto de ley de Biden en el Congreso.

“Si fuiste alguien muy comprometido en el área de fabricación y energías limpias, no tenías idea de lo que vendría después”, comentó.

Un componente del gasto en el cambio climático del proyecto de ley de Biden que no estuvo en el plan de Obama podría captar el respaldo bipartidista: en su conferencia de prensa de la semana pasada, Biden habló de manera explícita sobre la necesidad de adaptar los caminos y los puentes del país a un clima cambiante, el cual producirá tormentas más fuertes, inundaciones más elevadas y épocas de calor y sequías más intensas.

“No podemos volver a construir como lo hacíamos antes”, advirtió sobre la infraestructura destemplada del país. “Si las carreteras estaban sobre el nivel del agua, no había que preocuparse por dónde se encontraba la zanja de desagüe; ahora hay que reconstruirlas un metro más arriba. Porque no volverá a ser como antes; seguirá empeorando a menos que lo detengamos”.

This article originally appeared in The New York Times.

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