El férreo control de la frontera sur de México inhibe el flujo de migrantes

Agencia EFE
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Palenque (México), 25 mar (EFE News).- Las fuerzas federales mexicanas se han desplegado por las desoladas y peligrosas rutas migratorias que existen entre el suroriental estado de Tabasco y su frontera con Guatemala, hoy cerrada a toda actividad no esencial, obligando a los migrantes a buscar nuevos caminos por el miedo a ser atrapados.

“Desde aquí les mando un mensaje a mis panas: ¡No vengan, está muy duro!”, advierte este jueves a Efe Evelio Aguilar, mientras viaja con tres hondureños más con el plan de asentarse en el estado norteño de Monterrey, donde tiene él a su esposa.

Amanda Quip socorre desde hace 25 años a los migrantes en Las Palmas, otro municipio fronterizo, y piensa que el despliegue de centenares de efectivos del Instituto Nacional de Migración (INM) y la Guardia Nacional -entre otras instituciones- obligó a los migrantes a buscar nuevos caminos.

“Ahora atendimos a seis personas y hace unos días a ocho. (El volumen) bajó considerablemente y podría ser que hayan cambiado de ruta”, dijo la mujer.

En este punto, en el 2020, miles todavía llegaban en embarcaciones provenientes del Naranjo, Guatemala, a través del río San Pedro.

En la Esperanza, otro pueblo sobre la franja fronteriza, todavía es posible divisar pequeños grupos de migrantes, pero no con tanta frecuencia.

Raúl, un campesino de la zona, comenta a Efe que ha visto recientemente grupos de máximo 10 personas cruzando la frontera. A menudo se acercan a su casa a pedirle agua.

NUEVA RUTAS

La región vive una potente ola migratoria hacia Estados Unidos desde la llegada del demócrata Joe Biden a la Casa Blanca, a finales de enero, con su promesa de llevar a cabo una política migratoria más laxa.

Las autoridades estadounidenses detuvieron a 100.441 indocumentados en febrero, frente a los 78.442 de enero.

Adicionalmente, por primera vez y tras un año de pandemia, México anunció la pasada semana el control terrestre para actividades no esenciales en su frontera sur, alegando que se debía controlar la propagación del coronavirus.

Y se han desplegado miles de efectivos de distintas instituciones para controlar el arribo de migrantes, tras la detención de 31.492 "personas irregulares" en lo que va de año.

En pequeñas células, los migrantes toman ahora atajos y crean sus propias rutas a través de la selva, empujados por los traficantes que allá son conocidos como "los jefes”.

Los ranchos de la zona son invadidos por grupos de centroamericanos en un desesperado intento por evadir a la Guardia Nacional, al Ejército y al Instituto Nacional de Migración (INM), que abajo los esperan en las carreteras.

PELIGROS

Hombres, mujeres y menores de edad se esconden durante el día cuando el sofocante calor alcanza los peligrosos 38 grados centígrados.

Después, retoman su camino por la tarde y por la noche, cuando las fuerzas federales hacen una pausa a los operativos, que se intensificaron especialmente desde el pasado miércoles.

En su viaje a Tenosique (Tabasco), por tres días, los indocumentados descansan bajo árboles y toman agua de pozos.

William Orellano es un hondureño que huye de la pobreza en su país, acentuada por recientes ciclones. “Nos queda meternos para el monte porque anda para abajo y arriba (el Instituto de) Migración. Venimos descansando y tomando agua de pocitos”, narra William.

Aquellos migrantes que quieren ahorrarse el sufrimiento de tres días de salvaje martirio pueden viajar en transporte urbano, pero deberán enfrentar la posibilidad de ser detenidos y el abuso de 1.500 pesos (unos 71 dólares) por un viaje de unos 60 kilómetros de El Ceibo a Tenosique que para un habitante mexicano tiene un costo de 45 pesos mexicanos (unos 2,15 dólares).

Después de una semana de camino, al caer la noche, los migrantes toman un atajo en la nueva ruta migratoria del poblado de Chancala, una zona zapatista que conduce a Palenque, en el vecino estado de Chiapas, aparentemente libre de operativos.

El fin último de la mayoría de los migrantes es llegar a Estados Unidos, y miles de ellos han logrado arribar en las últimas semanas a puntos fronterizos del norte de México como Tijuana, Ciudad Juárez, Matamoros o Reynosa.

Muchos duermen hoy en albergues al borde del colapso o en las calles y pueblos de estas ciudades, a menudo con altos índices de violencia.

De hecho, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) de México solicitó este miércoles a las autoridades otorgar atención humanitaria "urgente" para unos 240 migrantes que permanecen varados en la ciudad de Reynosa, en el fronterizo estado de Tamaulipas.

Mientras que el martes, el Gobierno mexicano y Washington -durante una visita de asesores de Joe Biden a México- acordaron buscar una "migración ordenada, segura y regular" en medio de un creciente flujo de centroamericanos, presiones políticas en Estados Unidos y el reclamo mexicano por la vacuna de la covid-19.

(c) Agencia EFE