El extenso territorio rural chino se apresura a reforzar las defensas contra el COVID

Clínica de fiebre en Fuzhou

Por Casey Hall y Bernard Orr

SHANGHÁI/PEKÍN, 29 dic (Reuters) - El territorio rural de China, extenso y con escasos recursos, está reforzando los servicios médicos antes de que cientos de millones de personas visiten el mes que viene a sus familias con motivo de las vacaciones del Año Nuevo Lunar, procedentes de ciudades donde el COVID-19 está proliferando.

Tras haber impuesto durante tres años el régimen más estricto del mundo contra el COVID, consistente en confinamientos y pruebas incesantes, China ha dado marcha atrás este mes para convivir con el virus, dejando desbordado su frágil sistema sanitario.

El levantamiento de las restricciones, tras las protestas generalizadas contra ellas, ha dado paso a la propagación en gran medida sin control del COVID, y es probable que infecte a millones de personas al día, según algunos expertos internacionales en salud.

China informó oficialmente de una nueva muerte por COVID el miércoles, frente a las tres del martes, pero diversos países y muchos epidemiólogos creen que las cifras son mucho más altas y que más de un millón de personas podrían morir el próximo año.

China ha dicho que solo cuenta como relacionadas con el COVID las muertes de pacientes causadas por neumonía e insuficiencia respiratoria.

En la ciudad suroccidental de Chengdu, las funerarias estaban muy concurridas el miércoles por la noche, y el flujo de coches que entraban en una de ellas, fuertemente vigilada por personal de seguridad, era constante.

Un conductor de furgoneta que trabaja para la funeraria dijo que las últimas semanas habían sido especialmente ajetreadas y que había "muchísima gente" dentro.

Los hospitales y las funerarias de las principales ciudades han estado sometidos a una intensa presión, pero la principal preocupación por la capacidad del sistema sanitario para hacer frente al aumento de las infecciones se centra en el territorio rural.

Cada año, cientos de millones de personas, en su mayoría trabajadores de fábricas cercanas a las costas meridional y oriental, regresan al campo con motivo del Año Nuevo Lunar, que comienza el 22 de enero.

Según las autoridades, se espera que la avalancha de viajes dure 40 días, del 7 de enero al 15 de febrero.

El diario estatal China Daily informó el jueves que las regiones rurales de China estaban reforzando su capacidad de tratamiento médico.

Un hospital de una zona rural de Mongolia Interior, donde viven más de 100.000 personas, buscaba licitadores para un contrato de 1,9 millones de yuanes (272.308 dólares) para convertir sus salas en unidades de cuidados intensivos.

El Hospital Central del condado de Liancheng, en la provincia oriental de Fujian, buscaba ofertas para ambulancias y dispositivos médicos, desde respiradores a monitores de electrocardiograma.

Según un estudio de Reuters, en diciembre las licitaciones de equipamiento médico clave fueron entre dos y tres veces superiores a las de meses anteriores, lo que sugiere que los hospitales de todo el país se apresuraban a cubrir la escasez.

REQUISITOS DE PRUEBAS

Se prevé que la segunda economía mundial sufra a corto plazo una ralentización de la producción fabril y del consumo interno, a medida que enfermen los trabajadores y los compradores.

El sector de los servicios de contacto intensivo, que representa aproximadamente la mitad de la producción económica china, se vio afectado por las restricciones antivirus del país, que obligaron a cerrar muchos restaurantes y restringir los viajes. Con la reapertura en China, muchas empresas del sector servicios no tienen dinero para expandirse.

La reapertura también plantea la perspectiva de que los turistas chinos vuelvan a las calles comerciales de todo el mundo, un mercado que en su día valía 255.000 millones de dólares al año en todo el mundo. Sin embargo, algunos países se han visto sorprendidos por la magnitud del brote y se muestran escépticos ante las estadísticas de Pekín sobre el COVID.

La cifra oficial de 5.246 muertos en China desde el comienzo de la pandemia contrasta con la de más de un millón de muertos en Estados Unidos. Hong Kong, gobernado por China, ha registrado más de 11.000 muertes.

Estados Unidos, India, Italia, Japón y Taiwán dijeron que exigirán pruebas COVID a los viajeros procedentes de China. Reino Unido estaba considerando una medida similar, informó el Telegraph.

Estados Unidos emitió el miércoles una alerta de viaje en la que aconsejaba a los estadounidenses "reconsiderar los viajes a China, Hong Kong y Macao" y citaba "informaciones de que el sistema sanitario está desbordado" junto con el riesgo de nuevas variantes.

El principal aeropuerto de la ciudad italiana de Milán empezó a realizar pruebas a los pasajeros procedentes de Pekín y Shanghái el 26 de diciembre y descubrió que casi la mitad de ellos estaban infectados.

China ha rechazado las críticas a sus estadísticas calificándolas de infundadas y de intentos políticamente motivados de desprestigiar sus políticas. También ha restado importancia al riesgo de nuevas variantes, afirmando que espera que las mutaciones sean más virulentas pero menos graves.

La variante ómicron seguía siendo la cepa dominante en China, según declararon esta semana las autoridades sanitarias chinas.

Australia, Alemania, Tailandia y otros países dijeron que por ahora no impondrían restricciones adicionales a los viajes.

Por su parte, China, cuyas fronteras están prácticamente cerradas a los extranjeros desde principios de 2020, dejará de exigir a los viajeros entrantes que entren en cuarentena a partir del 8 de enero.

(1 dólar = 6,9774 yuanes)

(Reporte adicional de Martin Quin Pollard en Chengdu; Redacción de Marius Zaharia; Edición de Lincoln Feast, Robert Birsel; editado en español por Flora Gómez)