Explotación de niños en redes sociales: un negocio de riesgo y sin regulación

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Las redes sociales que presentan momentos familiares íntimos son muy populares y lucrativas. Pero también representan graves riesgos para los niños.

EL 8 DE SEPTIEMBRE, la influente de paternidad y estilo de vida Jordan Cheyenne publicó un conmovedor video en YouTube donde daba a sus 538,000 suscriptores información actualizada acerca de Rosie, la mascota de la familia. A la perrita se le había diagnosticado parvovirus canino, una enfermedad que frecuentemente es fatal. Sentado junto a ella, en el asiento frontal de su auto, el hijo de ocho años de Cheyenne lloraba.

Entonces, Cheyenne, conteniendo el llanto, dice: “Sé que va a superarlo. Es una pequeña hermosa y sorprendente, y no puedo esperar para llevarla a casa y que sea parte de nuestra familia. Así que, si pueden orar por nosotros, se los agradeceremos. Los amo a todos, chicos. Adiós”.

Ahí es donde ella probablemente quería terminar el video. Pero la publicación que subió a las redes incluía algunos segundos extra donde Cheyenne le dice a su hijo que debe verse alterado más convincentemente para añadir esa imagen en miniatura a su video. “Actúa como si estuvieras llorando”, dice, mostrando una expresión de angustia. “Déjame ver tu boca”. El niño dice: “No, mami, de verdad estoy llorando”.

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La publicación desató una lluvia de indignados comentarios cuyo tono iba desde la preocupación hasta la crueldad, y se volvió viral rápidamente.

Cheyenne recibió amenazas de muerte. Su hijo fue objeto de mensajes de acoso. Ella bajó de inmediato el video y presentó varias disculpas públicas. En el canal de otro youtubero, llamado The Dad Challenge Podcast (El pódcast del desafío de papá), ella dijo: “Me siento decepcionada de mí misma por haber dado prioridad en aquel momento a YouTube, a la miniatura, a actuar por encima de las emociones genuinas [de mi hijo]”.

También anunció que dejaría de incluir a sus hijos en futuros videos y que haría una pausa en YouTube para centrarse en la salud mental del niño. Cheyenne no respondió a las solicitudes de Newsweek para registrar sus comentarios.

Los padres que presumen a sus hijos ha sido una característica muy popular de las redes sociales. En 2019, el Pew Research Center encontró que los videos con niños que parezcan tener menos de 13 años de edad reciben tres veces más vistas que otros materiales. Ryan Kaji, de nueve años, y estrella del canal Ryan’s World (El mundo de Ryan), encabezó la lista de Forbes de los youtuberos mejor pagados de 2020, al haber ganado aproximadamente 29.5 millones de dólares con su contenido y sus líneas de productos.

El presidente de la Comisión Federal de Comercio, Joseph Simons, anunció en 2019 una multa récord contra Google por recopilar y compartir ilegalmente datos pertenecientes a niños. (foto: Mandel Ngan/AFP/Getty)

El uso frecuente de las redes sociales para compartir contenido relacionado con los propios hijos, conocido en inglés como “sharenting”, se ha convertido en un negocio cada vez más profesionalizado, y casi completamente desregulado, en el que los padres e hijos influentes pueden acumular millones de seguidores en línea y obtener lucrativos patrocinios en distintas plataformas.

Algunos influentes de temas familiares reciben pagos directamente de las marcas por recomendar sus productos. Otros venden mercancías con su propia marca directamente a los espectadores. Muchos más obtienen ingresos a través del programa AdSense de Google (Google es la empresa propietaria de YouTube). Los youtuberos pueden permitir que AdSense elija anuncios relevantes de entre un conjunto de ellos y los coloque antes de sus videos. Google comparte las ganancias del anuncio con el dueño del canal, y cuantos más espectadores hagan clic en el anuncio, tanto más dinero recibe este último.

El hecho de perseguir la fama y el dinero de internet puede plantear graves riesgos para los niños que aparecen en los populares videoblogs sobre paternidad y en otras redes sociales relacionadas con la familia. Si damos un vistazo a Twitter, Reddit o a la sección de comentarios de cualquier sitio web, descubriremos que internet suele ser un lugar muy desagradable. Y aunque el negocio de las redes sociales relacionadas con la familia es grande y creciente, hasta la fecha las empresas de medios como YouTube y las leyes existentes cuentan con muy pocas salvaguardas para proteger la privacidad y la seguridad de los niños. Todo ello preocupa a los expertos en los derechos y el desarrollo infantil.

LOS CONTENIDO NO DESAPARECEN

“En muchos casos, los niños que participan en el ‘sharenting comercial’ son demasiado pequeños para comprender lo que ocurre o para dar algún tipo de consentimiento o participación consciente”, señala Leah Plunkett, subdecana de experiencia y tecnología del aprendizaje de la Facultad de Derecho de Harvard y autora de Sharenthood: Why We Should Think Before We Talk About Our Kids Online (Compartir material familiar en redes sociales: por qué debemos pensar antes de hablar sobre nuestros hijos en línea).

Plunkett añade: “Si, cuando tienen tres años de edad, alguien publica contenido con el que pudieran sentirse muy incómodos cuando tengan 13 años, ese contenido no va a desaparecer”.

El video de Jordan Cheyenne fue solo el ejemplo más reciente de un niño siendo utilizado por un padre youtubero para ganar clics. En 2017, Mike y Heather Martin, la pareja de Maryland detrás del popular canal DaddyOFive (Papá de cinco), perdieron la custodia de dos de sus cinco hijos y fueron sentenciados a libertad condicional por abandono infantil tras publicar cientos de videos de sus hijos siendo atormentados con una variedad de bromas crueles y, en ocasiones, violentas.

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En uno de ellos, los Martin acusan falsamente a sus dos hijos varones de haber hecho un desastre al derramar tinta, gritándoles e insultándolos mientras los niños lloran y suplican a sus padres. En otro, Mike Martin se burla de su angustiado hijo pequeño y luego lo empuja contra un librero cuando el niño trata de escapar de él. Su canal tenía más de 700,000 espectadores y sus videos recibían millones de vistas. Posteriormente, los Martin retiraron los videos y se disculparon públicamente, pero también dijeron que se trataba tan solo de un acto.

“Tratábamos de causar conmoción”, declaró Heather Martin a un canal de televisión local. “Lo que ustedes ven en nuestros canales de YouTube no refleja quiénes somos. No es así. Son personajes. Era un espectáculo. Un mal espectáculo. Pero era un espectáculo”.

El año pasado, los youtuberos Myka y James Stauffer entregaron a otra familia a un niño chino con autismo de cuatro años al que habían adoptado anteriormente, diciendo que no podían darle los cuidados que necesitaba. Ya habían documentado y monetizado ampliamente sus tres años con el niño, publicando videos de su proceso de adopción, sus problemas médicos y sus crisis.

La estrella de YouTube Ryan Kaji con sus padres. Brooks Kraft/Corbis/Getty

En un video, puede verse al niño con cinta de ducto en el pulgar para evitar que se lo chupe. En 2020, los Stauffer tenían cerca de un millón de suscriptores en dos canales de YouTube. Las principales marcas que habían patrocinado a Myka Stauffer, entre las que se encontraban Playtex Baby, Suave, Fabletics, Chili’s, Danimals y Big Lots, dieron por terminada su relación con ella.

El año pasado, la pareja de Memphis Chrystal y Chuck Cackler, que dirigen los canales de YouTube SongByrd con cerca de 300,000 suscriptores, fueron atacados en una comunidad ya desaparecida de Reddit que se dedicaba a criticar su contenido. En videos que han sido borrados desde entonces, Chrystal Cackler hablaba abiertamente de asuntos familiares, en ocasiones, en presencia de su hijo pequeño.

Algunos de los temas eran los problemas “estresantes” en su matrimonio y su embarazo no planeado. En un video donde aparece el niño sentado junto a ella, le dice al público que, debido a que Chuck se había quedado sin trabajo y a que la familia pasaba “apuros”, los videos de YouTube eran “nuestra única fuente de ingresos”. Los Cackler no respondieron a la solicitud de Newsweek para registrar sus comentarios.

En Estados Unidos y otros países los niños están protegidos por diversas leyes contra el abuso o el abandono. Su derecho a la privacidad también está protegido, y los padres tienen la tarea de custodiar la información confidencial de sus hijos. Pero las cosas se vuelven poco claras cuando los padres actúan al mismo tiempo como guardianes y promotores de la vida personal de sus hijos.

REGULAR EL TRABAJO DE LOS “NIÑOS INFLUENTES”

Además, las preguntas relacionadas con el trabajo infantil y el reparto de ganancias cuando los niños aparecen en el contenido monetizado de sus padres en YouTube están lejos de haber sido resueltas. Un proyecto de ley que podría ser trascendental y que podría convertirse en un modelo para otros estados se abre paso actualmente a través del proceso legislativo estatal de Nueva York. Si se convierte en ley, el horario y las condiciones de trabajo de los “niños influentes” estarán regulados, de manera muy parecida a lo que ocurre con los niños actores, y una porción de sus ganancias será depositada en un fideicomiso.

Cuando las estrategias de crianza de los padres influentes provocan escándalos, sus hijos pueden convertirse en blancos del odio en línea. Un ejemplo: 8 Passengers (8 pasajeros), un canal de YouTube con 2.38 millones de suscriptores donde se registra la vida de la pareja formada por Ruby y Kevin Franke y sus seis hijos, residentes de Utah.

En un video que provocó indignación, uno de los hijos, que en ese entonces tenía 15 años, dijo que su habitación había sido “vaciada” durante siete meses como castigo por haberle hecho una broma pesada a su hermano, por lo que tenía que dormir sobre un saco de frijoles.

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En otra ocasión, Ruby Franke se filmó a ella misma reaccionando a un mensaje de un maestro. La hija de Franke, de seis años de edad, había olvidado llevar su almuerzo a la escuela.

“Yo respondí y simplemente dije: ‘[Mi hija] es responsable de prepararse el almuerzo en la mañana y me dijo que había empacado un almuerzo’”, dice Franke en el video. “Así que el resultado natural es que, simplemente, deberá tener hambre. Con suerte, nadie le dará comida y nadie le regalará su almuerzo”.

Tras la oleada de indignación que siguió, en junio de 2020, Ruby y Kevin Franke dijeron a Business Insider que su hijo había optado por dormir sobre el saco de frijoles a pesar de que había otras opciones en la casa. Acerca del almuerzo de su hija, dijeron que ese día solo le quedaban dos horas en la escuela, que se encuentra a 45 minutos de su casa.

Sin embargo, los Franke dijeron que las acusaciones generalizadas de abuso infantil generaron amenazas de muerte contra la familia y mensajes donde se alentaba a los niños a quitarse la vida. Los Franke también dijeron haber recibido una visita de la División de Servicios Infantiles y Familiares de Utah, que no produjo ninguna acción contra ellos. La pareja no respondió a la solicitud de comentarios de Newsweek.

Las oficinas generales de Google. (Foto: Joe Scarnici/Getty)

Mientras tanto, el canal de videoblog de la Familia Yawi, en el que aparecen Sarah y Johnny Tanner junto con sus siete hijos, ha recibido críticas por sus videos donde se habla de la pubertad y que se centran en una de sus hijas. En uno de los videos puede verse a la adolescente totalmente vestida sentada en la orilla de una bañera mientras sus padres le afeitan las piernas para enseñarle cómo hacerlo ella misma. En otro video, titulado “¡Convertirse en una mujer! ¡Tengo 11 años y finalmente ocurrió!”, la familia lleva de compras a la niña para adquirir su primer sostén. Los Tanner no respondieron la solicitud de Newsweek para emitir sus comentarios, pero más tarde restringieron el acceso al video de la afeitada.

La Dra. Sarah Domoff, que dirige el Laboratorio de Salud Familiar de la Universidad Central de Michigan, una clínica especializada en ayudar a las familias a manejar su uso de los medios digitales, señala que “las formas extremas” de compartir contenido sobre sus hijos, aunque no lleguen a constituir un abuso explícito, pueden ser dañinas.

Domoff advierte que las “experiencias degradantes repetidas”, como avergonzar a un niño en público, pueden fomentar la autopercepción negativa y la baja autoestima. Añade que crecer en un ambiente en el que incluso el momento personal más íntimo puede volverse público podría impedir que los niños aprendan a valorar y manejar su propia privacidad.

RESPETAR EL MUNDO PRIVADO DE LOS NIÑOS

“Un niño en desarrollo podría comenzar a internalizar lo que ve, lo que escucha, su experiencia de ver lo que ha sido publicado en línea, así como los comentarios que se le hacen, o cómo su material se retuitea o se comparte”, afirma Domoff. “Para que los niños crezcan sanos, felices y seguros necesitan tener lugares a los que perciban como su propio espacio, su propio mundo privado, su entorno familiar no adulterado por el consumismo”.

Aún más preocupante es el hecho de que, en el pasado, el algoritmo de recomendaciones de YouTube ha sido aprovechado por las redes de pedófilos para buscar contenido relacionado con niños, y sus miembros han rondado las secciones de comentarios de los videos donde aparecen niños, dejando respuestas lascivas e intercambiando enlaces a sitios de pornografía infantil.

“Sabemos, a través de los niños que son victimizados en línea, que esto se relaciona con las tendencias suicidas, que se relaciona con un estado de ánimo deprimido”, afirma Domoff, del Laboratorio de Salud Familiar. “Y lo que resulta tan desafiante y tan perjudicial en estas situaciones es que nunca es posible librarse totalmente del contenido en línea”.

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Según las leyes sobre privacidad, los padres son, generalmente, los guardianes de la información privada de sus hijos menores de edad. Esto se convierte en un conflicto cuando los padres deciden poner en línea los detalles personales de sus hijos, de acuerdo con Stacey Steinberg, catedrática de Derecho de la Universidad de Florida y autora de Growing Up Shared: How Parents Can Share Smarter on Social Media—and What You Can Do to Keep Your Kids Safe in a No-Privacy World (Crecer siendo compartidos: cómo los padres pueden compartir información en las redes sociales de manera más inteligente, y lo que podemos hacer para mantener seguros a nuestros hijos en un mundo sin privacidad).

“Cuando son los padres quienes revelan la información personal de los niños, se convierten al mismo tiempo en los guardianes (encargados de proteger la información) y en los que abren la puerta (quienes pueden obtener beneficios por revelar la información de los niños)”, declaró Steinberg a Newsweek en un correo electrónico. El enorme atractivo “de la posibilidad de obtener ganancias y de atraer la atención del público”, añade, han creado un problema relacionado con los derechos de los niños “cuasiexplotados”.

En los libros existe una ley federal relacionada con la privacidad digital de los niños. La Ley de Protección de la Privacidad Infantil en Línea (COPPA, por sus siglas en inglés) de 1998 prohíbe que los sitios web dirigidos a los niños recopilen información de personas menores de 13 años sin el consentimiento de sus padres, dejando en manos de estos la defensa de la privacidad de sus hijos contra cualesquier violaciones cometidas por terceros.

Expertos en desarrollo infantil están preocupados por el daño que pueden sufrir los niños que crecen en hogares donde cualquier momento de su vida puede terminar siendo comercializado en línea. (Foto: Getty)

En enero de 2020, YouTube incorporó nuevas medidas en cumplimiento con la COPPA, que incluyen la desactivación de anuncios personalizados y comentarios relacionados con videos que pudieran atraer a espectadores menores de edad. (Esta acción se produjo después de que la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos y el fiscal general de Nueva York impusieron a Google, la empresa propietaria de YouTube, una multa récord de 170 millones de dólares cuando descubrieron que la empresa había rastreado ilegalmente el historial de vistas de los niños para desplegar anuncios dirigidos).

Sin embargo, los cambios propuestos preocuparon a algunos youtuberos, que afirmaron que esto afectaría los ingresos generados por su contenido y desincentivaría a los creadores de contenidos aptos para toda la familia. YouTube no respondió la solicitud de comentarios de Newsweek.

La política de seguridad infantil de YouTube prohíbe ciertas representaciones de menores, que incluyen el contenido en el que son sexualizados, participan en actos peligrosos, están sujetos a angustia emocional o son víctimas de acoso cibernético.

¿Y LAS PROTECCIONES LEGALES?

En un esfuerzo por crear un espacio más seguro para publicar videos apropiados para los menores, la empresa lanzó la aplicación YouTube Kids en 2015. En el Centro de Ayuda de YouTube se describen “mejores prácticas para el contenido con niños”, que incluyen la obtención del consentimiento del padre de un menor antes de que este aparezca en un video. YouTube también insta a los creadores a que revisen las leyes y reglamentos locales relacionados con la capacidad de trabajar de los menores y la compensación a estos, además de garantizar condiciones de trabajo saludables que no interfieran con su educación escolar.

Actualmente, Estados Unidos carece de protecciones legales amplias dirigidas explícitamente a los niños que aparecen en el contenido publicado por sus padres en las redes sociales con fines de lucro. Por ejemplo, aunque la ley “Borrador en línea” de California permite que los menores soliciten que su propio contenido sea retirado por los operadores de sitios web o de los servicios en línea, aún no está claro cómo podría aplicarse al contenido publicado por sus propios padres.

Existen leyes diseñadas para proteger a los niños actores contra la explotación financiera. La más famosa es la Ley Coogan, aprobada en California en 1939 cuando el niño actor Jackie Coogan, protagonista de The Kid (El chico), de Charlie Chaplin, demandó a su madre y a su padrastro por acabar con sus ganancias. Esta ley ordena que 15 por ciento de los ingresos de un niño actor se depositen en un fideicomiso al que podrá acceder cuando llegue a la edad adulta. Sin embargo, en su redacción actual, la ley no contempla a los niños que ganan dinero en las redes sociales.

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Francia fue más allá en octubre de 2020 con una ley que exige que los padres soliciten permiso a una autoridad administrativa para grabar videos con fines de lucro de niños de menos de 16 años de edad. La ley ordena que, una vez que los ingresos de una joven estrella de las redes sociales excedan un cierto límite, cualesquier ganancias adicionales se deben depositar en un fondo que estará cerrado hasta que el niño o niña cumpla 18 años. De acuerdo con la ley, también debe concederse a los menores el “derecho a borrar”, lo que les permite solicitar la eliminación de sus datos personales sin el permiso de sus padres.

En junio de 2020 en Estados Unidos, Linda Rosenthal, miembro de la Asamblea del Estado de Nueva York, presentó un proyecto de ley que expandiría la ley del trabajo del estado para incluir a los niños que aparezcan en videos monetizados de las redes sociales. “Parecería completamente lógico decir: esperen un minuto, este niño tiene tres o cuatro años de edad, su vida está siendo filmada y él no tiene ningún control sobre ello”, afirma Rosenthal. “¿Cuánto tiempo trabaja? ¿Tiene una vida normal? ¿Toda su vida está siendo filmada?”.

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Si se convierte en ley, los niños influentes de Nueva York serán considerados como actores y deberán obtener un permiso, cumplir con los requerimientos de escolaridad y contar con regulaciones con respecto a su horario y condiciones de trabajo. Se podrá pedir a los padres y tutores que establezcan un fideicomiso para los menores, con un depósito mínimo requerido de 15 por ciento de las ganancias brutas del niño. Una vez que el saldo llegue a 250,000 dólares, deberán nombrar a un fideicomisario como custodio.

En preparación para la próxima sesión de la Asamblea, que comenzará en enero de 2022, Rosenthal señala que el proyecto de ley está siendo refinado mediante diálogos con expertos en leyes sobre el trabajo infantil, en psicología y en privacidad.

“Cuando algo es aprobado en el estado de Nueva York, suele ser el impulso o la inspiración para que otros estados sigan su ejemplo”, declara a Newsweek. Y concluye: “Así que espero que ocurra lo mismo aquí, y por eso también quiero asegurarme de que sea el mejor proyecto de ley posible”. N

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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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