Tras explosión, Beirut intenta salvar patrimonio arquitectónico

Lin Noueihed
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(Bloomberg) -- Han pasado dos meses desde la explosión, y Maria Hibri ha pegado la filigrana astillada de sus ventanas de tres arcos. En un baño, el lavabo roto permanece roto, un recordatorio del día en que su mundo estalló en pedazos. Las puertas plegables del balcón se han reacondicionado o reemplazado con imitaciones recuperadas, pero aún se ven fuera de lugar.

Bokja, la empresa de diseño de muebles de Beirut, cofundada por Hibri junto a Houda Baroudi en 2000, reparó rápidamente su estudio en Basta, un barrio lleno de tiendas de antigüedades, tras la enorme explosión del 4 de agosto en el puerto de Beirut. Más de 190 personas murieron, 6.000 resultaron heridas y unas 300.000 viviendas fueron dañadas o destruidas.

Su boutique, ubicada en el exclusivo Saifi Village, permanece cerrada mientras las mujeres se enfocan en remendar los muebles de los clientes de forma gratuita, aprovechando la habilidad de Bokja para revitalizar piezas anticuadas con telas y bordados vintage.

“Quería mantener la ira. No quería quitar, reconstruir, reabrir. No quería ser resistente. Quería que lamentáramos nuestros muertos, nuestros heridos, nuestros hogares y todos estos lugares donde hicimos nuestros recuerdos”, dice Hibri, de 56 años. “Entonces decidimos hacer lo que Bokja hace mejor: tomar lo que está roto, tomar esas piezas viejas y crear un nuevo todo, juntar algo de lo que ya está ahí, intentar darle sentido, darle significado”.

La explosión que arrasó la capital de Líbano causó hasta US$4.600 millones en daños. Entre los edificios destruidos cuando toneladas de nitrato de amonio detonaron en un hangar del puerto, estaban algunos de los últimos barrios históricos supervivientes de Beirut. Diezmadas fueron las elegantes hileras de bloques de apartamentos art decó de colores pastel ubicados contra casas de la era otomana, con su característicos techos rojos y altos y sus ventanas espectaculares coronadas con tres arcos apuntados, la firma arquitectónica de Líbano.

Gemmayzeh y Mar Mikhael, dos de los barrios más afectados, se hicieron populares entre artistas, diseñadores y periodistas después del fin de la guerra civil de Líbano en 1990. Unidos por filas de escalones bordeados de cafés hacia las grandes mansiones que salpican la cresta de la montaña, los vecindarios eran conocidos por su encanto del viejo mundo, su ubicación central y sus alquileres previamente asequibles. Bares, restaurantes, galerías y estudios se mezclan con ferreterías, sastres y talleres de reparación de relojes.

Estas calles emergieron en gran parte intactas de un sangriento conflicto de 15 años que aún le da a la ciudad un aire de peligro. Pero más recientemente, los desarrolladores ansiosos por gentrificarlos han logrado lentamente lo que la guerra no pudo: la demolición del patrimonio arquitectónico de Beirut.

Ahora, arquitectos y activistas temen que la explosión acelere el proceso, ya que los propietarios que no pueden costear la reconstrucción se ven obligados a vender. A los pocos días de la explosión, los corredores de bienes raíces ya estaban dando vueltas. Si bien el gobierno impuso restricciones temporales que hicieron más difícil derribar edificios y congeló algunas transacciones de propiedad, nada de eso ayuda a pagar las reparaciones.

Los propietarios ya estaban en problemas antes de la explosión. Una crisis monetaria y una inflación de tres dígitos acabaron con los ahorros de muchos libaneses, y eso fue antes de que se extendiera la pandemia del coronavirus que ha matado a 600 personas y enfermado a 53.000, a la vez que cierra negocios y destruye trabajos.

Gemmayzeh y Mar Mikhael son el hogar de unos 80 diseñadores que han transformado la zona en un centro de industrias creativas. A raíz del desastre, arquitectos, ingenieros y urbanistas se unieron para salvar los edificios patrimoniales de la zona. Con la llamada Iniciativa del Patrimonio de Beirut, identificaron alrededor de 640 estructuras dañadas y unas 60 en riesgo de colapso.

A fines de agosto, la iniciativa, en colaboración con contratistas voluntarios y la Dirección de Antigüedades del Líbano, había estabilizado 15 estructuras con andamios.

Eso fue sólo el principio. Se necesitaba más dinero para sellar los edificios de los elementos, restaurarlos y, en algunos casos, reconstruirlos. Organizaciones no gubernamentales como Live Love Beirut colaboraron, mientras el brazo cultural de Naciones Unidas, la Unesco, lanzó un llamado para obtener fondos, estimando que se necesitará US$500 millones durante el próximo año.

Pero la campaña patrimonial ha atraído solo una fracción de eso, según el arquitecto Fadlallah Dagher, uno de los fundadores de la iniciativa, cuya propia casa, una villa del siglo XIX en Gemmayzeh, sufrió graves daños.

“Cuando hablamos de patrimonio, no solo hablamos de arquitectura”, dice Dagher. “También estamos hablando de las personas que viven allí, sus recuerdos, su interacción con su comunidad, lo que les da un apego a estos lugares que no tienen las nuevas torres”, asegura.

Dagher estima que su propia casa tardará meses en arreglarse. En ausencia de leyes claras que preserven el patrimonio, dice que algunos residentes pueden abandonar sus hogares o tiendas por completo, cambiando irrevocablemente el carácter del área.

El arquitecto Youssef Haidar, de 55 años, ayudó a renovar algunos de los edificios históricos más memorables de la ciudad, incluido Beit Beirut, una antigua guarida de francotiradores transformada en museo. Cree que el mayor obstáculo para la preservación es el sistema político disfuncional de Líbano. “Sin un cambio real a nivel político, con los mismos señores de la guerra a cargo del país, encontraremos nuestra herencia, estas maravillosas capas que hemos luchado durante tres décadas por salvar, bajo amenaza nuevamente”, afirma Haidar.

Como muchos libaneses, Haidar se fue durante la guerra civil, para encontrar una ciudad exhausta, traumatizada y cambiada a su regreso. La demografía de Beirut se ha modificado a medida que la gente huye de asesinatos sectarios, francotiradores y bombardeos. El distrito del centro cerca del puerto se había convertido en tierra de nadie, con su laberinto de zocos abandonados a perros callejeros y ratas.

La reconstrucción de la posguerra fue encabezada por el difunto primer ministro Rafik al-Hariri. La propiedad fue expropiada y entregada a una nueva empresa, Solidere. Lo que surgió fue un centro de la ciudad saneado, sus mercados cubiertos reemplazados por un moderno distrito comercial más adecuado para los grandes gastadores del Golfo rico en petróleo que para los libaneses comunes.

Esa experiencia ha motivado a los activistas de hoy a preservar no solo edificios de mérito arquitectónico, sino también el tejido social y económico de los vecindarios que reflejan capas de migración y conflicto, desde sirios que huyen de su propia guerra civil hasta trabajadores del sur de Asia en busca de trabajo.

No es una tarea fácil en Líbano. A lo largo de los años, los sucesivos gobiernos han permitido a los propietarios destruir edificios emblemáticos, haciendo un guiño a la eliminación de los techos rojos tradicionales o al descuido deliberado de las estructuras vulnerables de madera y arenisca.

Por ahora, museos, centros culturales y algunos edificios históricos han obtenido apoyo financiero externo. Las organizaciones de voluntarios y las organizaciones benéficas están trabajando para reemplazar ventanas, puertas y techos en cientos de hogares, mientras que el crowdfunding ha brindado un apoyo muy necesario para las empresas, en particular los restaurantes en Mar Mikhail y Gemmayzeh. Pero puede que no sea suficiente para asegurar su supervivencia.

El chef Alexis Couquelet cofundó Couqley, un bistró francés en Gemmayzeh, hace aproximadamente una década. Antes de la explosión, muchas personas ya habían dejado de salir a cenar debido a la crisis monetaria y los cierres por el covid-19, cuenta. Con las finanzas ya reducidas incluso antes del costo adicional de los daños por la explosión, Couqley permanecerá cerrado hasta que mejoren las condiciones.

“Pasará un tiempo antes de que la gente se sienta cómoda comiendo fuera en Beirut nuevamente”, dice Couquelet, de 48 años, sentado en su oficina, de espaldas a un agujero en la pared donde una vez estuvieron las puertas de los balcones. “Amo este país, la gente, pero odio lo que está pasando. El gobierno, son criminales”, dice. “Quiero reabrir Couqley, no quiero que me lo quiten, pero no puedo soportar mucho más”.

El Museo Sursock también resultó dañado por la explosión.

La villa blanca de estilo italiano, que se abrió al público en 1961, fue posteriormente renovada y ampliada, reabriendo en 2015 como el principal centro para las artes de Líbano. La explosión voló sus vidrieras, derribó puertas, techos falsos y paredes, cubriendo todo de polvo gris. Las estimaciones iniciales sugieren que las reparaciones podrían costar más de US$3 millones.

El día de la explosión, su directora, Zeina Arida, estaba trabajando en la oficina sin ventanas ni aire acondicionado de un colega, lo que la salvó de una lesión cuando una enorme ventana se estrelló contra su propia oficina. Arida y sus colegas salieron al patio, donde vieron a una novia en un vestido blanco entre los escombros.

Más de veinticinco obras de arte resultaron dañadas, dice Arida, pero los cierres por coronavirus habían significado que no había mucho en exhibición. Casi de inmediato, llegó el apoyo internacional del Museo Británico, el Tate, el Centro Pompidou, el MoMA y otras fundaciones de arte. Aliph, una organización suiza dedicada a salvar el patrimonio en zonas de conflicto, aportó US$5 millones para salvaguardar los edificios patrimoniales de Beirut y se ha ofrecido a impermeabilizar y estabilizar el museo.

Arida espera reabrir por completo en poco más de un año, coincidiendo con el 60 aniversario del museo.

“Reconstruiremos. No me preocupa el Museo Sursock, pero no se trata solo de nosotros, se trata de la supervivencia de todo el ecosistema cultural que ya no tenía fondos suficientes”, dice. “¿Qué pasa con nuestros artistas? Sin ellos, somos solo un edificio”.

Nota Original:After Blast, Beirut Fights to Save Its Architectural Heritage

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