El experimento democrático que surgió en Túnez tras la Primavera Árabe llegó a su fin con un referéndum

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Festejos de los simpatizantes del presidente tunecino Kaïs Saied  por el resultado favorable del referéndum. (AP Photo/Riadh Dridi)
Festejos de los simpatizantes del presidente tunecino Kaïs Saied por el resultado favorable del referéndum. (AP Photo/Riadh Dridi) - Créditos: @Riadh Dridi

TÚNEZ.– El único país de las Primaveras Árabes que había logrado sostener una transición democrática durante una década se adentra en un camino incierto tras la aprobación en un referéndum celebrado el lunes de una nueva Constitución de tintes autocráticos. El proyecto en Túnez fue patrocinado por el presidente Kaïs Saied, que hace exactamente un año se arrogó plenos poderes y clausuró el Parlamento, unas “medidas excepcionales” que la oposición calificó de “golpe de Estado”.

De acuerdo a la Junta Electoral, el 94,6% de los electores que participaron en la consulta (apenas votaron el 27,5% de los 9,3 millones de inscriptos) se decantaron por el sí, mientras que 5,4% eligieron el no. La cifra a favor del sí se vio eclipsada por la baja participación, fruto de la decisión de los principales partidos de la oposición de boicotear el referéndum al considerar que es fruto de un proceso político “ilegítimo” y que solo servirá para cimentar el proyecto autoritario del presidente tunecino.

Simpatizantes del presidente Kais Saied festejan en la capital del país el voto afirmativo que habilita el cambio constitucional
Simpatizantes del presidente Kais Saied festejan en la capital del país el voto afirmativo que habilita el cambio constitucional - Créditos: @ANIS MILI

“La cifra de participación me parece dudosa porque los miembros de esta junta electoral fueron elegidos a dedo por el presidente”, denunció Sayida Ounissi, diputada del Parlamento disuelto y exministra de Trabajo. “Pero aun tomando estos datos como verdaderos, representa un fracaso del presidente. A pesar de haber contado con todos los medios del Estado, de haber intimidado a los opositores, solo ha conseguido que una minoría vote a favor de su Constitución”, espeta Ounissi, una de las líderes de Ennahda, el histórico partido islamista tunecino, el más votado en las últimas elecciones legislativas.

Saied, un político independiente de 64 años, fue elegido presidente en 2019, con más del 70% de los votos. Con fama de íntegro y austero, en su campaña denunció a la clase política “corrupta”, a la que responsabiliza de no haber mejorado el nivel de vida de los tunecinos durante los diez años de transición. De hecho, el índice de desempleo roza ahora el 20%, cinco puntos más que antes de la revolución, y en algunas zonas desfavorecidas, el desempleo juvenil se acerca al 40%.

El presidente Saied recorre la calle Habib Bourguiba tras la consulta. Photo: APA Images via ZUMA Press Wire/dpa
El presidente Saied recorre la calle Habib Bourguiba tras la consulta. Photo: APA Images via ZUMA Press Wire/dpa - Créditos: @-

Hiperpresidencialismo

Según expertos juristas, el proyecto de Constitución diseña un sistema “hiperpresidencialista”, hecho a la medida de la ambición de Saied. “La concentración de poderes en las manos del presidente es muy significativa, y no existe ningún mecanismo real de control [de sus acciones]. El presidente puede decidirlo virtualmente todo”, señaló Zaid al-Ali, asesor en procesos constitucionales del think tank IDEA.

A diferencia de la Constitución de 2014, la primera en la historia del país magrebí elaborada en democracia, el borrador propuesto no incorpora ningún mecanismo para que el Parlamento pueda cesar al presidente. Sin embargo, el presidente tunecino niega categóricamente que albergue la intención de convertirse en un dictador y justifica haber acaparado todos los poderes como una necesidad para cambiar el sistema.

Festejos de los simpatizantes del presidente tunecino Kaïs Saied por el resultado favorable del referéndum
Festejos de los simpatizantes del presidente tunecino Kaïs Saied por el resultado favorable del referéndum - Créditos: @Khaled Nasraoui

Después del cierre de los colegios electorales, el lunes, Saied se dio un baño de masas en el centro de la capital. “Hoy no se puede dar marcha atrás... Los partidos políticos existen en virtud de la Constitución. No voy a disolverlos”, dijo a la prensa.

Sus palabras gozan de poca credibilidad a ojos de la oposición, que señala sus acciones desde el estado de excepción del 25 de julio del año pasado, con el que congeló el Parlamento y despidió a su gobierno.

Desde que Saied gobierna por decreto, ha ido descabezando todas las instituciones independientes del país. Entre ellas, el Consejo Superior de la Magistratura, lo que supuso el inicio de un conflicto con la judicatura que llevó a un mes de huelga de los jueces. Además, diversos opositores y periodistas críticos han sido procesados de forma arbitraria, en algunos casos, en tribunales militares, tal como denunció Amnistía Internacional en un reciente informe.

Los principales actores de la sociedad civil tunecina han censurado el texto no solo por su contenido, al considerar que no establece garantías robustas respeto de los derechos humanos, sino también por su proceso de gestación.

“Este proyecto de Constitución es fruto de un proceso unilateral y excluyente. No ha sido consultado con la sociedad civil ni con los partidos políticos, sino que refleja solo la visión del presidente”, aseveró Romdhane Ben Amor, vocero del think tank Ftdes.

El viernes pasado, la policía disolvió de forma violenta una manifestación contraria a la Constitución convocada por entidades de la sociedad civil que terminó con varios heridos y la detención de nueve personas.

Los resultados parciales confirmaron los análisis de los expertos previos al referéndum: el país está dividido, pero Saied aún conserva el apoyo de un segmento importante de la población, por lo que no se espera que ofrezca concesiones o busque el consenso.

Durante los próximos meses, se podría agudizar el conflicto político entre el gobierno y la oposición tunecina e, incluso, podría haber estallidos de violencia. Definitivamente, Túnez ya no es la historia de éxito de las Primaveras Árabes.

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