Evocando la historia, los vaqueros negros toman las calles

Walter Thompson-Hernández
La Cabalgata de la Paz de los Compton Cowboys, organizada como una muestra de solidaridad para la comunidad afroestadounidense en Los Ángeles y Compton, California, el 7 de junio de 2020. (Kayla Reefer/The New York Times)

COMPTON, California — Fue imposible no ver a Brianna Noble cuando emergió por primera vez entre la multitud de manifestantes en las atestadas calles de Oakland, California, a fines de mayo. Cabalgando su caballo Dapper Dan, con un cartel de “Black Lives Matter” cubriendo el lado derecho del animal, Noble dejó pasmados a los manifestantes que la rodeaban.

Noble fundó una organización de equitación juvenil llamada Mulatto Meadows, la cual imparte lecciones de montar a caballo que están dirigidas a las personas jóvenes de color. Noble también es la chispa que ha impulsado a cientos de otras vaqueras y vaqueros negros de todo el país a unirse a las protestas por la muerte de George Floyd y contra la violencia policial y el racismo.

Pocos días después de que la cabalgata solitaria de Noble se volviera viral, al menos 30 vaqueros negros cabalgaron durante una manifestación en Houston. Lucían camisetas con la cara de Floyd. La mayoría pertenecía a los Nonstop Riders, un club de equitación urbana del Third Ward de Houston.

El 7 de junio en Compton, California, un grupo de hombres y mujeres afroestadounidenses conocidos como los Compton Cowboys lideraron una protesta pacífica en las calles junto a la alcaldesa Aja Brown. Mientras cientos de personas marchaban junto a ellos, los vaqueros cabalgaron con sus puños en el aire, gritando “Sin justicia no hay paz” mientras la música de Kendrick Lamar, también originario de Compton, retumbaba al fondo.

Randy Hook, uno de los Compton Cowboys, ensilló su caballo ese día por una causa mayor. “Tengo ganas de llorar, nunca me imaginé algo como esto. Estamos enorgulleciendo a nuestra familia, nuestro vecindario y nuestra ciudad”, dijo.

Keiara Wade, la única mujer de los Compton Cowboys, expresó emociones similares.

“Estos caballos sienten lo que sea que nosotros sintamos, y en este momento están sufriendo porque nosotros también estamos sufriendo”, dijo Wade. “Hay tanto amor y unidad dentro la comunidad de vaqueras y vaqueros negros. Solo estamos intentando llevar esa energía a estas marchas, de manera pacífica”.

La presencia de vaqueros y vaqueras negras en las recientes protestas es una especie de reapropiación del rol tradicional de los jinetes montados en las manifestaciones de comunidades urbanas.

Históricamente, los caballos han sido utilizados por unidades militares selectas y por las fuerzas del orden público como una manera de demostrar autoridad. Su visibilidad, altura y naturaleza dominante es un símbolo de poder.

Sin embargo, que estos jinetes negros existan en esas ciudades metropolitanas no debería ser una sorpresa: durante el siglo XIX, uno de cada cuatro vaqueros eran de ascendencia afroestadounidense.

Los Compton Cowboys surgieron de un grupo de 10 amigos que alcanzaron la mayoría de edad en los años ochenta y noventa, una de las épocas más violentas y caóticas de la ciudad.

Aprendieron sobre caballos en Richland Farms, una comunidad agrícola en el corazón de Compton. Muchos de ellos han hablado sobre lo que significa ser un vaquero afroestadounidense en una de las comunidades más estigmatizadas del mundo, y cómo los caballos les permitieron sanar viejos traumas y protegerse de la violencia policial.

Cada miembro del grupo describe sus interacciones con la policía de manera distinta. Los caballos, dicen los vaqueros, son una especie de armadura contra un departamento de policía que ha sido criticado por el uso de violencia excesiva desde los años ochenta.

“El mundo nos trata muy diferente cuando estamos sobre nuestros caballos”, afirmó Anthony Harris, de 38 años. “Me siento seguro y agradecido de tener mi caballo en estos tiempos”.

El lema de los vaqueros, “las calles nos criaron, los caballos nos salvaron” se ha convertido en una declaración llena de orgullo. Cabalgar, dicen los vaqueros, también ayuda a curar los traumas, ansiedad, depresión y otros efectos residuales de parte de la violencia que han experimentado.

Sin embargo, ser un vaquero negro también tiene sus propios desafíos. Al final del día, según muchos de ellos, enfrentar la discriminación de un circuito de rodeo primordialmente blanco y combatir los estereotipos sociales sobre los afroestadounidenses puede llegar a ser agotador.

Antes de esta última semana, los vaqueros negros habían logrado regresar a la cultura popular con la explosión de la canción “Old Town Road” de Lil Nas X en 2018. También han sido apoyados por artistas nacidos en Texas como Megan Thee Stallion y Solange, quienes promueven la cultura vaquera.

Sin embargo, los vaqueros negros siempre han sido parte integral de la experiencia estadounidense. A lo largo de episodios de discriminación, desigualdades estructurales y ahora con la muerte de Floyd, hay algo que ha permanecido constante: los vaqueros negros nunca han dejado de cabalgar.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company