Evacuados afganos en busca del sueño... canadiense

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GOLEM, Albania (AP) — Un maestro afgano dice que Albania es un “paraíso”, mientras que un exfuncionario estatal habla bellezas de “la libertad” que hay en esta pequeña nación de los Balcanes occidentales, a la que llegaron durante la evacuación que hubo después de que el Talibán tomó las riendas del gobierno en Afganistán.

Una mujer afgana lamenta que se haya suspendido un programa de ayuda a niñas huérfanas en su país y el futuro de las mujeres en general bajo un gobierno talibán, en tanto que un empresario añora su compañía, que tuvo que abandonar.

Todos enfrentan un futuro incierto, a la espera de una visa para viajar a Estados Unidos, en el balneario de Golem, 50 kilómetros (30 millas) al oeste de la capital albana, Tirana. Y todos comparten el mismo sueño: Desde Estados Unidos, desean viajar a Canadá para iniciar allí una nueva vida.

En el balneario hay 571 afganos evacuados de su país “tan caótico y peligroso”, según Fareidoon Hakimi, quien se ha transformado en un líder de esa comunidad.

Un grupo de 125 afganos, incluidos jueces, ciclistas, periodistas, presentadores de televisión, activistas por los derechos humanos, familiares de diplomáticos, artistas, policías y científicos aterrizaron en Albania el 13 de octubre, con la ayuda a IsrAID, una organización israelí.

Albania acogió a unos 2.000 afganos evacuados, alojándolos en hoteles y centros turísticos. Se supone que permanecerán en el país aproximadamente un año, mientras el gobierno estadounidense procesa visas especiales para ellos.

“El suelo albano es como el paraíso”, dice un poema que el escritor Sadiq Zarei, de 61 años, escribió y recitó durante una visita de periodistas de la Associated Press. “Rescataron al shama’il y a todos nosotros”, agrega, aludiendo a una colección de relatos sagrados sobre la vida del profeta islámico Mahoma compilada por un estudioso del siglo 9.

Hakimi dijo que todos en el centro turístico pueden rezar en paz o ir a una mezquita cercana, sobre todo los viernes. Albania tiene 2,8 millones de habitantes mayormente musulmanes, que viven en armonía con comunidades ortodoxas y católicas.

Hakimi, de 36 años y quien fuese funcionario de mediano rango en una provincia cerca de Kabul, habló por horas acerca de cómo lograron salir de Afganistán.

“Nadie pensó que esto pasaría tan rápido”, expresó. Se refría a la partida de las fuerzas estadounidenses de Afganistán y la relampagueante caída del gobierno.

Con su esposa, sus hijos de cinco y dos años y su madre, Hakimi llegó a Kunduz, al norte de Afganistán, desde donde trataron de cruzar a Tayikistán. Se integraron a un grupo de unas 125 personas en su misma situación que el Talibán trató de detener. Después de varios días, fueron al aeropuerto de Mazar-i-Sharif, desde donde viajaron a Tayikistán.

Allí tuvieron que esperar tres días en el aeropuerto, hasta que Albania se ofreció a recibirlos e IsrAID suministró un avión alquilado para trasladarlos.

En el centro turístico donde se encuentran, Hakimi y otros 17 representantes del grupo trabajan sin parar para asegurarse de que tienen comida, apoyo psicológico y otras necesidades básicas. Disfrutan de su libertad y elogian la calidez de los albanos.

“Nos costaría mucho superar estos momentos difíciles si no nos hubiesen recibido tan bien”, expresó Hakimi.

En el complejo, que está cercado, los niños juegan mientras que los adultos se distraen en un café o caminan por el pueblo o por la playa. Una joven afgana estudia en una laptop. Se forman grupos que van de paseo a Tirana o a Durres, otra ciudad vecina.

Cuando a Mohammad Javed Khan, quien fuera empleado del Parlamento afgano, se le preguntó qué encontró en Albania, de inmediato respondió “libertad”.

“La libertad que todo ser humano necesita: descanso, un buen sueño”, agregó. “Podemos dormir sin temores”.

La inseguridad y el temor por lo que les pudiera pasar a sus familias fueron las principales razones esgrimidas para irse de Afganistán. Khan, quien llegó con su esposa y su hija de tres meses, dice que finalmente pudo relajarse.

“Nadie se llevará a nuestra hija”, declaró el joven de 27 años. “Nadie hará ataques suicidas. Nos escapamos porque no había seguridad”.

Lega Fahimi llegó con su esposo, su hija de nueve años y su hijo de cinco, quien extraña su casa y querría regresar. En Afganistán, ella trabajaba en una organización internacional no gubernamental que se hacía cargo de niñas huérfanas.

“Les enseñaba acerca de la bondad, la amistad, la confianza en una misma, cómo contarle sus historias al mundo”, manifestó Fahimi con voz desesperada. “Teníamos muchas actividades para las niñas. Ahora... no sé qué será de ellas”.

Los evacuados tratan de mantenerse ocupados. Ayudan al personal del centro turístico y se ayudan entre ellos, organizando competencias deportivas o eventos para los chicos.

Hakimi dice que espera que el gobierno estadounidense apruebe una visa especial para su familia.

“Aquí tenemos todas las cosas buenas que perdimos en nuestro país”, señaló. “Pero quiero ir a Canadá, donde viven mi hermano y mi hermana”.

Lo mismo dicen Fahimi, el poeta y maestro, y Khan, el empleado público.

“Queremos ir a Canadá porque tiene las mejores políticas inmigratorias y porque tengo familia en Canadá”, dijo Khan.

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Llazar Semini está en https://twitter.com/lsemini

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