Los europeos difieren en lo que es esencial y lo que no

RAF CASERT
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Dos mujeres atienden a dos clientas el viernes 6 de noviembre de 2020 en un salón de belleza en el centro de Roma. (AP Foto/Alessandra Tarantino)
Dos mujeres atienden a dos clientas el viernes 6 de noviembre de 2020 en un salón de belleza en el centro de Roma. (AP Foto/Alessandra Tarantino)

HALLE, Bélgica (AP) — En épocas en que una pandemia desata la muerte y la pobreza, el concepto de qué es esencial para mantener a la sociedad funcionando en una cuarentena está siendo cuestionado en Europa.

Más allá de lo obvio — las tiendas de alimentos y las farmacias —, algunas respuestas en el mosaico de naciones y culturas que forman el continente pueden rayar en lo surrealista. Lo que se permite a un lado de la frontera puede estar prohibido del otro, a tan sólo una breve caminata de distancia.

La canciller alemana Angela Merkel dijo que, aunque podría parecer más justo simplemente cerrar todo, “tal vez no es lo más práctico”.

“Si la gente sólo está satisfecha cuando todo lo posible está cerrado, entonces esa es una forma de ver las cosas que naturalmente no tiene sentido desde el punto de vista económico", señaló.

Es por eso que Alemania está dejando abiertas las concesionarias de automóviles esta vez, después de que su cierre en el primer confinamiento en la primavera boreal afectó a la enorme industria automotriz del país.

En Bélgica, desde luego, las chocolaterías permanecerán abiertas.

“El chocolate es en gran medida un alimento esencial aquí", dijo la chocolatera Marleen Van Volsem en la chocolatería Praleen al sur de Bruselas. “Tiene que ser. Porque el chocolate te hace feliz".

Parecería que la felicidad no es un tema para hacer distinciones en detalles minúsculos. Sin embargo, habría que ver el trato tan diferente que le dan Italia y Gran Bretaña a un servicio que alegra a muchos.

En el país que acuñó el término “bella figura”, los peluqueros son considerados esenciales.

“Los italianos realmente se preocupan por su imagen y su bienestar", dijo Charity Cheah, cofundadora de TONI&GUY Italia, radicada en Milán. “Tal vez psicológicamente, el gobierno podría sentir que asistir a un salón de belleza es un momento de liberación del estrés y la tensión, un momento de autocuidado, que los ciudadanos necesitan".

Pero en Inglaterra la gente tuvo que apresurarse para que le cortaran el pelo en los últimos días y horas mientras aún podía, antes de que el jueves se implementaran las nuevas restricciones para combatir la pandemia.

Ante “la idea de otro confinamiento y de estar atrapado en casa... (la gente pensó): ‘Voy a dejar de lado la cautela y simplemente voy a ir a que me hagan el pelo’", dijo Richard Ward, director gerente en Richard Ward Hair & Metro Spa en la elegante Plaza Sloane de Londres.

Y luego están los placeres más refinados de la vida.

En Francia nadie pone en duda el amor a los libros. Ningún país tiene más ganadores del premio Nobel de Literatura, y un programa televisivo de crítica de libros como Apostrophes solía ser visto por millones de personas cada semana. Pero si uno camina por las calles de París hallará las librerías cerradas.

Sylvia Whitman, que maneja la afamada librería Shakespeare and Co. en la margen izquierda del Sena, se pone furiosa ante la perspectiva de que las plataformas gigantes en internet engullan el negocio mientras su tienda está cerrada. Sus ventas han disminuido 80% desde el confinamiento de la primavera boreal.

“Realmente me agota que, entre más grande eres, más puedes ignorar las leyes, evadir impuestos, hallar resquicios legales", señaló. “Entre más pequeño eres, las cosas son más caras y más complicadas".

Al otro lado de la frontera en Bélgica, los libros fueron declarados esenciales. Pero aún así, Wouter Cajot, propietario de la librería ’t Stad Leest en el puerto de Amberes, considera que ello tiene sus desventajas. Debido al confinamiento, el paso de clientes se ha reducido muchísimo, y tendrá que decidir si vale la pena mantener los costos de la calefacción y el personal con tal de seguir abierto.

Pero cuando los bienes esenciales no pueden ser adquiridos en una tienda, todavía pueden ser enviados a domicilio.

“Durante el primer confinamiento tuvimos que inventar un sitio web en tres días con sus noches", dijo Cajot, y consiguió “nuevo equipo de logística: una bicicleta de carga", para delicia de sus clientes de Amberes, que reciben libros horas después de solicitarlos. “Así, ¿por qué ordenar libros a un gigante internacional de las ventas en línea cuando la librería de la esquina los puede enviar el mismo día en bici?”

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John Leicester y Oleg Cetinic contribuyeron desde París, Virginia Mayo desde Amberes, Sam Petrequin desde Bruselas, Frank Jordans de Berlín, Colleen Barry de Milán.