Gran temor a que mueran más civiles en Tigray tras el ultimátum de Etiopía

Agencia EFE
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Adís Abeba, 25 nov (EFE).- El ultimátum de 72 horas dado por Etiopía a las fuerzas de la rebelde región de Tigray para que se rindan, acaba esta tarde sin visos de que tenga éxito, lo que aumenta el riesgo de nuevas masacres de civiles en una guerra que ya ha causado cientos de muertos y más de 40.000 desplazados a Sudán.

El pasado domingo, el primer ministro etíope, Ahmed Abiy, dio ese plazo al Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF), que gobierna la región norteña, antes de que tropas federales emprendan una tercera y "última" fase en el conflicto con el asalto a Mekele, capital tigriña, donde viven más de 400.000 personas.

En declaraciones a una televisión local, el portavoz del TPLF, Getachew Reda, aseguró anoche que al menos una unidad del Ejército federal habría sido "completamente destruida" por fuerzas tigriñas en Raya-Wahirat, a unos 85 kilómetros de Mekele, tras un asalto liderado por un excomandante ahora aliado del TPLF.

Reda prometió, además, "armar a todos y cada uno de los civiles para defender la ciudad de Mekele", mientras el Gobierno de Abiy insiste, por el contrario, en que un gran número de milicias y tropas tigriñas ya se han rendido.

Resulta difícil verificar ambas versiones sobre el terreno, ya que tanto internet como las comunicaciones por teléfono permanecen cortadas, y el Gobierno etíope ha restringido el acceso de periodistas y trabajadores humanitarios a Tigray.

Pese al ultimátum, el TPLF no ha hecho ningún gesto de rendición y parece dispuesto a luchar hasta el final por su "patria", en un conflicto que podría, según expertos, fracturar Etiopía de forma irreversible y castigar particularmente a la población civil.

"Estoy profundamente preocupado por el riesgo de violencia contra civiles, incluidos crímenes de guerra, en los combates alrededor de Mekele en Etiopía", lamentó hoy vía Twitter Jake Sullivan, consejero de Seguridad Nacional del presidente electo de EEUU, Joe Biden.

Human Rights Watch (HRW) denuncia que "tratar a toda una ciudad como un objetivo militar no solo (sería) ilegal, sino que también podría considerarse una forma de castigo colectivo", según advirtió este martes su investigadora para África, Laetitia Bader.

CRISIS HUMANITARIA

Esta ofensiva militar, que se cierne sobre Mekele, podría provocar nuevas víctimas civiles en una guerra que ya ha causado al menos 600 muertos, según reveló ayer una investigación de la Comisión Etíope de Derechos Humanos (EHRC), en relación a una "masacre" denunciada previamente por Amnistía Internacional (AI).

Los responsables de estos asesinatos -ocurridos el día 9 en la localidad de Maikadra- serían milicias de jóvenes leales al TPLF, mientras que la mayoría de los muertos pertenecerían a las etnias amhara y wolkait, lo que preocupa dada la persistencia de ataques "motivados étnicamente", según analistas, además de arrestos de funcionarios y militares tigriñas.

Asimismo, desde que Etiopía inició la ofensiva militar el pasado día 4 en represalia por un supuesto ataque del TPLF a una base del Ejército federal, más de 40.000 etíopes han cruzado la frontera con Sudán en busca de refugio, llegando a caminar hasta 30 kilómetros y afrontando una situación desoladora al otro lado de su frontera.

"Las condiciones en los campamentos siguen siendo espantosas. Los servicios básicos como refugio, agua y alimento se están agotando rápidamente a medida que llegan más personas", reportó desde el terreno a Efe Will Carter, director en Sudán del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC).

"Los refugiados con los que hemos hablado nos dicen que dejaron atrás todo lo que tenían y huyeron para salvar sus vidas. Muchos de ellos han sido separados de sus familias y no tienen forma de contactarlos, además de temer por su seguridad", continuó Carter, quien llamó a los países occidentales a cooperar económicamente.

RECHAZO AL DIÁLOGO

Pese a esta crisis que empeora cada día y a las llamadas de la comunidad internacional a una desescalada, Abiy rechazó hoy contener el uso de la fuerza en una guerra necesaria para "defender y preservar la soberanía e integridad del Estado de Etiopía".

En un comunicado, el premio Nobel de la Paz de 2019 pidió a la comunidad internacional abstraerse de cualquier "indeseado e ilegal acto de injerencia" en los asuntos de Etiopía, y le exigió respetar los principios fundamentales de "no intervención" en su soberanía.

"Si bien valoramos y entendemos el interés de la comunidad internacional en ayudar en las operaciones en curso de establecimiento del orden, también nos gustaría subrayar que ello debe suceder de acuerdo con el derecho internacional", expresó Abiy.

Horas antes, la ONU había manifestado su preocupación por el bienestar de la población civil de Mekele, y exigido a las autoridades etíopes que hagan todo lo posible para protegerla.

Por primera vez, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas abordó este martes la situación en Tigray, en una discusión a puerta cerrada solicitada por los países europeos en la que Alemania y Bélgica urgieron a un cese de las hostilidades, la apertura a personal humanitario y una solución diplomática al conflicto.

Esta guerra ocurre tras meses de creciente tensión entre el TPLF y el Gobierno etíope, después de que Tigray celebrase en septiembre unas elecciones parlamentarias que Adís Abeba considera "ilegales", pues se habían retrasado de forma indefinida por el coronavirus.

Desde el 5 de octubre, fecha en la que teóricamente vencía el mandato de Abiy, el gobierno de Tigray no reconoce su autoridad.

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