Estudio revela que un espray nasal evita la infección de COVID

Donald G. McNeil Jr.
·5  min de lectura
Un peatón con cubrebocas camina frente a las carpas de triaje instaladas fuera del centro médico de la Universidad de Columbia y el Hospital Presbiteriano en Nueva York durante los primeros meses de la pandemia, el 8 de abril de 2020. (James Estrin/The New York Times)
Un peatón con cubrebocas camina frente a las carpas de triaje instaladas fuera del centro médico de la Universidad de Columbia y el Hospital Presbiteriano en Nueva York durante los primeros meses de la pandemia, el 8 de abril de 2020. (James Estrin/The New York Times)

Un espray nasal que evita la absorción del virus SARS-CoV-2 protegió por completo a los hurones en los que fue probado, según un estudio reducido dado a conocer el 5 de noviembre por un equipo internacional de científicos. Varios expertos del sector salud evaluaron el estudio, que solo se realizó en animales y todavía no es arbitrado, a solicitud de The New York Times.

Si se demuestra que este espray, que los científicos describieron como no tóxico y estable, funciona en los seres humanos, podría ofrecer una nueva opción para combatir la pandemia. Con solo una atomización diaria en la nariz, se obtendría una protección similar a la de una vacuna.

“Contar con una nueva opción eficaz para el combate del coronavirus es muy motivador”, explicó Arturo Casadevall, presidente de la división de Inmunología en la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, quien no participó en el estudio. “Me imagino que podría formar parte de nuestro arsenal”.

Científicos del centro médico de la Universidad de Columbia en Nueva York, del centro médico Erasmus en los Países Bajos y de la Universidad Cornell en Ithaca, Nueva York, se han dedicado varios meses a esta investigación. El estudio se realizó con financiamiento de los Institutos Nacionales de Salud y el centro médico de la Universidad de Columbia.

El equipo necesitará financiamiento adicional para comenzar estudios clínicos en voluntarios humanos. Anne Moscona, pediatra y microbióloga de la Universidad de Columbia y una de las autoras del estudio, señaló que hicieron trámites para patentar el producto y que espera que la Universidad de Columbia se ponga en contacto con el programa Operation Warp Speed del gobierno federal o algunas de las grandes farmacéuticas que buscan nuevas formas de combatir al coronavirus.

El espray ataca directamente al virus. Contiene un lipopéptido, una partícula de colesterol unida a una cadena de aminoácidos, la base de las proteínas. Este lipopéptido en particular coincide exactamente con un tramo de aminoácidos en la proteína de espícula del virus, que el patógeno utiliza para unirse a las células pulmonares o de las vías respiratorias de los seres humanos.

Antes de que el virus pueda inyectarle su ARN a una célula, la espícula debe, de hecho, abrir un empalme de dos cadenas distintas de aminoácidos para así fundirse con la pared celular. Cuando la espícula se separa para realizar este proceso, el lipopéptido contenido en el espray se inserta en su lugar y se empalma con una de las cadenas de aminoácidos de la espícula, con lo que evita que el virus pueda unirse a la célula.

“Es como tener una cremallera que quieres cerrar, pero entonces pones dentro otra cremallera para evitar que los dos lados se cierren”, explicó Matteo Porotto, microbiólogo de la Universidad de Columbia y uno de los autores del artículo.

Este trabajo se describió en un artículo publicado el 5 de noviembre por la mañana en el servidor de publicaciones preliminares bioRxiv, y también se entregó a la revista científica Science para su revisión.

Peter J. Hotez, decano de la Escuela Nacional de Medicina Tropical en la Escuela de Medicina Baylor, opinó que la terapia le parecía “muy prometedora”.

“Ahora me gustaría saber si es fácil producirla a escala”, comentó.

El estudio consistió en administrarles el espray a seis hurones, divididos en parejas y colocados en tres jaulas. En cada jaula también se colocaron dos hurones a los que se les había dado un espray placebo y otro infectado deliberadamente con SARS-CoV-2 uno o dos días antes.

Los científicos que estudian resfriados, el síndrome respiratorio agudo grave y otras enfermedades respiratorias emplean hurones porque pueden infectarse con virus a través de la nariz de manera muy similar a los humanos, aunque también se infectan entre sí por contacto con heces, así como por rasguños o mordiscos.

Después de permanecer juntos 24 horas, ninguno de los hurones que recibieron el espray se contagió de la enfermedad; todos los hurones del grupo que recibió el placebo enfermaron.

“Se bloqueó por completo la replicación del virus”, escriben los autores.

El espray protector se une a las células de la nariz y los pulmones y permanece ahí unas 24 horas, dijo Moscona. “Si funciona igual de bien en los seres humanos, podrías dormir al lado de una persona infectada o estar con tus hijos si están infectados y mantenerte seguro a pesar de eso”, explicó.

Los aminoácidos provienen de un fragmento de la proteína en espícula de los coronavirus que casi no sufre mutaciones. Los científicos los probaron con cuatro variantes distintas del virus, incluidas las cepas bien conocidas de Wuhan y la “italiana”, así como los coronavirus que causan el SRAG y el síndrome respiratorio de Oriente Medio.

En cultivos celulares, protegió por completo contra todas las cepas del virus de la pandemia, ofreció muy buena protección contra el SRAG y protección parcial contra el SROM.

La lipoproteína puede producirse a bajo costo mediante liofilización, con la que se obtiene un polvo blanco que no requiere refrigeración, indicó Moscona. Un médico o farmacólogo puede mezclar ese polvo con azúcar y agua para producir el espray nasal.

Ya se ha demostrado que los anticuerpos monoclonales para el nuevo coronavirus sirven para prevenir la infección y para dar tratamiento, pero es costoso producirlos, requieren refrigeración y deben administrarse inyectados. Algunos científicos australianos han probado un espray nasal contra la COVID-19 en hurones, pero lo que hace es reforzar el sistema inmunitario, no ataca directamente al virus.

Debido a que los lipopéptidos pueden transportarse en forma de polvo seco, podrían emplearse incluso en áreas rurales de países pobres donde no cuentan con refrigeración, añadió Moscona.

Moscona, pediatra que por lo regular trabaja con el virus de la parainfluenza y otros más que infectan a los niños, mencionó que lo que más le interesa es llevar el producto a los países pobres que tal vez nunca tengan acceso a los anticuerpos monoclonales ni a las vacunas mARN que los estadounidenses quizá puedan obtener pronto. Por desgracia, casi no tiene experiencia en esa área, dijo.

“Siempre he sido una científica dedicada a lo básico”, comentó. “Nunca me he dedicado a desarrollar fármacos ni he presentado nada ante la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos ni nada parecido”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company