Un nuevo estudio indica que es menos probable que las personas vacunadas sufran de COVID prolongada

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El mes pasado, Moira Smith de Anchorage, Alaska, visitó a familiares que no estaban vacunados; tanto Smith como su madre, ambas vacunadas, se contagiaron de COVID-19. (Ash Adams / The New York Times)
El mes pasado, Moira Smith de Anchorage, Alaska, visitó a familiares que no estaban vacunados; tanto Smith como su madre, ambas vacunadas, se contagiaron de COVID-19. (Ash Adams / The New York Times)

Las personas que contraen el coronavirus cuando ya están completamente vacunadas tienen aproximadamente un 50 por ciento menos de probabilidades de sufrir COVID prolongada que aquellas personas no vacunadas que se contagian, según reportaron los investigadores de un nuevo estudio en el que participaron adultos británicos.

La investigación que se publicó el miércoles en la revista Lancet Infectious Diseases también proporciona más evidencia de que las vacunas de dos dosis Pfizer-BioNtech, Moderna y AstraZeneca ofrecen una potente protección contra la enfermedad sintomática y grave.

“Creo que, en realidad, este es el primer estudio que demuestra que la COVID prolongada se reduce con una doble vacunación, y se reduce de manera significativa”, dijo Claire Steves, una médica geriatra del King's College London y autora principal del estudio.

Aunque muchas personas con COVID-19 se recuperan en pocas semanas, algunas experimentan síntomas a largo plazo que pueden ser debilitantes. Esta constelación de efectos secundarios persistentes que se conoce como la COVID-19 prolongada puede incluir fatiga, dificultad para respirar, niebla mental, palpitaciones cardiacas y otros síntomas. Pero muchos aspectos de la enfermedad siguen siendo un misterio.

“Aún no tenemos un tratamiento para la COVID prolongada”, dijo Steves. Agregó que vacunarse “es una estrategia de prevención en la que todos pueden participar”.

Estos hallazgos se suman a una cantidad creciente de estudios de las llamadas infecciones posvacunación. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han confirmado que la variante delta, altamente contagiosa, está causando más de estas infecciones que otras versiones del virus, aunque las infecciones en las personas totalmente vacunadas tienden a ser leves.

Los nuevos hallazgos se basan en datos de más de 1,2 millones de adultos participantes en la Investigación de Síntomas de la COVID-19, en la que los voluntarios registran en una aplicación para teléfonos móviles sus síntomas, resultados de pruebas e historial de vacunación. Entre los participantes se encuentran personas que recibieron al menos una dosis de las vacunas de Pfizer, Moderna o AstraZeneca entre el 8 de diciembre y el 4 de julio, así como un grupo de control de personas no vacunadas.

Una clínica de vacunación contra COVID-19 en una catedral en Salisbury, Inglaterra, el 23 de enero de 2021. (Andrew Testa / The New York Times)
Una clínica de vacunación contra COVID-19 en una catedral en Salisbury, Inglaterra, el 23 de enero de 2021. (Andrew Testa / The New York Times)

Los investigadores descubrieron que de casi 1 millón de personas que estaban totalmente vacunadas, solo el 0,2 por ciento reportó haber sufrido una infección posvacunación. Aquellos que se contagiaron después de haberse vacunado tuvieron más o menos el doble de probabilidades de ser asintomáticos que los que se infectaron sin estar vacunados. Las probabilidades de hospitalización fueron 73 por ciento más bajas en el grupo de infectados posvacunación que en el grupo infectado y no vacunado.

Las probabilidades de tener síntomas a largo plazo, de al menos cuatro semanas de duración tras el contagio, también fueron un 49 por ciento más bajas en el grupo de personas vacunadas infectadas.

“Por supuesto, las vacunas también reducen en gran medida el simple riesgo de infección”, dijo Steves. Esa reducción del riesgo significa que la vacunación debería disminuir todavía más las probabilidades de padecer COVID prolongada, señaló.

Los investigadores reconocen que la investigación tiene limitaciones, de las cuales la más notable es que son los mismos pacientes quienes reportan los datos. Además, la COVID prolongada es difícil de estudiar, con una amplia gama de síntomas que pueden variar enormemente en intensidad.

Pero Steves mencionó que espera que los hallazgos tal vez alienten a ponerse la vacuna a más jóvenes, cuyas tasas de vacunación están muy por debajo de las de otros grupos. Señaló que los adultos jóvenes tienen menos probabilidades de enfermarse gravemente a causa del virus que los adultos mayores, pero de cualquier manera están en riesgo de padecer COVID prolongada.

“Quedarse fuera de la acción durante seis meses tiene un gran impacto en la vida de las personas”, comentó. “Entonces, si podemos demostrar que disminuye el riesgo de que se enfermen de COVID prolongada si se vacunan, eso puede ser algo que les ayude a tomar la decisión de aceptar vacunarse”.

© 2021 The New York Times Company

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