Un estudio sobre los beneficios de la vacuna de refuerzo aviva el debate sobre las dosis adicionales

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Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, habla durante una audiencia ante el Comité de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado en Washington, el 20 de julio de 2021. (Stefani Reynolds/The New York Times)
Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, habla durante una audiencia ante el Comité de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado en Washington, el 20 de julio de 2021. (Stefani Reynolds/The New York Times)

En medio de un agrio debate sobre las dosis de refuerzo, unos investigadores israelíes informaron el miércoles que una tercera dosis de la vacuna de Pfizer contra el coronavirus puede prevenir tanto los contagios como la enfermedad grave en adultos mayores de 60 años durante al menos doce días.

El estudio, publicado en la revista New England Journal of Medicine, es la última salva en el debate sobre si las dosis de refuerzo son necesarias para los adultos sanos y si deben aplicarse, como planea hacer el gobierno de Biden, mientras gran parte del mundo sigue sin vacunarse.

Varios científicos independientes afirmaron que los datos acumulados hasta ahora sugieren que solo los adultos mayores necesitarán dosis de refuerzo, y quizá ni siquiera ellos.

Según los expertos, la vacunación sigue protegiendo con eficacia contra la enfermedad grave y la hospitalización en la gran mayoría de los estudios publicados hasta ahora; pero las vacunas parecen ser menos poderosas contra los contagios en personas de todas las edades, en particular las expuestas a la variante delta que es altamente contagiosa.

Lo que muestran los datos israelíes es que un refuerzo puede mejorar la protección durante unas pocas semanas en los adultos mayores, un resultado que no causa sorpresa, según los expertos, y que no es señal de un beneficio a largo plazo.

“Lo que yo predeciría es que la respuesta inmunitaria a ese refuerzo aumentará, y luego disminuirá de nuevo”, afirmó Marion Pepper, inmunóloga de la Universidad de Washington en Seattle. “¿Pero acaso esa ventana de tres a cuatro meses es lo que estamos tratando de lograr?”.

Las autoridades sanitarias federales (incluido Anthony Fauci, asesor médico principal del presidente Joe Biden sobre la pandemia) han justificado los planes de distribución de vacunas de refuerzo señalando las pruebas que están surgiendo en Israel y otros países, las cuales sugieren que la inmunidad de la vacunación disminuye con el tiempo.

La idea ha hecho que algunos estadounidenses se apresuren a buscar vacunas de refuerzo incluso antes de que se autoricen de manera formal, un paso que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unido (FDA, por su sigla en inglés) podría dar ya el próximo viernes. No obstante, incluso entre los científicos del gobierno, la idea ha sido recibida con enojo y escepticismo.

Dos científicos que dirigen el departamento de vacunas de la FDA dijeron que dejarían la agencia este otoño, en parte debido a su descontento por la presión del gobierno para aplicar dosis de refuerzo antes de que los investigadores federales pudieran revisar la evidencia.

El lunes, un grupo internacional de científicos, entre los que se encontraban los funcionarios de la FDA que se marchaban, denunció la presión por aplicar las dosis de refuerzo. En su análisis, publicado en The Lancet, los científicos examinaron decenas de estudios y concluyeron que el mundo estaría mejor atendido si utilizaran las dosis de vacunas para proteger a los miles de millones de personas que siguen sin vacunarse.

“Nuestro objetivo principal en esta pandemia era, en primer lugar, evitar todas las muertes previsibles”, comentó Soumya Swaminathan, científica en jefe de la Organización Mundial de la Salud y coautora del estudio de The Lancet. “Y puesto que tenemos las herramientas para hacerlo de manera muy eficaz, deberíamos utilizarlas para prevenir fallecimientos en todo el mundo”.

A fin de evitar que el virus se transforme en versiones aún más peligrosas que la variante delta (y quizás en una que evada la respuesta inmunitaria por completo), la necesidad más urgente, según los expertos, es proteger a los no vacunados, tanto en Estados Unidos como en otros países.

En el estudio nuevo, el equipo israelí recopiló datos sobre el efecto de las vacunas de refuerzo, con base en los registros médicos de más de 1,1 millones de personas mayores de 60 años. Los investigadores descubrieron que, al menos doce días después del refuerzo, los índices de contagio eran once veces menores y los de enfermedad grave casi veinte veces menores en los que habían recibido un refuerzo, en comparación con los que solo habían recibido dos dosis.

Los investigadores reconocieron que sus resultados eran preliminares. “No podemos decir en este momento lo que ocurrirá a largo plazo”, aseveró Micha Mandel, profesor de estadística y ciencia de datos en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

El asunto es complejo en el aspecto científico, en parte porque la protección contra el contagio es un objetivo diferente a la protección contra la hospitalización y la muerte.

Los anticuerpos son la primera línea de defensa del organismo contra la infección. Es poco probable que, a largo plazo, las vacunas protejan de manera confiable contra las infecciones porque la producción de anticuerpos que estimula la vacuna disminuye con el tiempo inevitablemente, comentaron los científicos.

No obstante, el nivel celular del sistema inmunitario es la artillería pesada del cuerpo contra la hospitalización y la muerte. La llamada memoria inmunitaria que se codifica en este nivel puede tardar unos días en activarse, pero sigue siendo robusta meses después de la inmunización inicial.

Algunos científicos afirman que ahí radica el problema de la estrategia de refuerzo: las herramientas para prevenir la hospitalización y la muerte ya están a la mano. Si el objetivo es prevenir el contagio, el país se verá atrapado en un ciclo interminable de vacunas de refuerzo.

“Si de verdad se piensa en el contagio como resultado, tal vez se necesite un refuerzo cada seis meses, lo cual es poco realista e inalcanzable”, dijo Peter Chin-Hong, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad de California en San Francisco. “No me preocupa la enfermedad sintomática, sino la enfermedad grave”.

Los únicos pacientes vacunados que él ha atendido en el hospital son inmunodeprimidos o adultos mayores de 70 años que también padecen otras enfermedades, añadió.

Al citar la necesidad de vacunas de refuerzo, Fauci y otros funcionarios sanitarios han mencionado los datos israelíes que muestran un aumento de la enfermedad grave entre las personas vacunadas de todas las edades, pero agrupar a todos los grupos etarios puede inflar los índices a nivel estadístico.

Cuando las cifras israelíes se desglosan por edad, solo las personas de más de 60 años muestran un descenso notable de la eficacia contra la enfermedad grave, señaló la doctora Celine Gounder, especialista en enfermedades infecciosas del Bellevue Hospital Center de Nueva York y antigua asesora de la administración Biden.

“Hace tiempo que sabemos que las vacunas provocan respuestas inmunitarias menos vigorosas en las personas de edad avanzada”, dijo Gounder. “Recomendar dosis adicionales de vacunas para ellas no es controvertido”.

Hay otras diferencias en las campañas de vacunación en Israel y Estados Unidos que plantean dudas sobre si los resultados nuevos pueden aplicarse a los ciudadanos de ambos países. Por ejemplo, más del 90 por ciento de los israelíes mayores de 50 años han sido vacunados, y los adultos mayores son más propensos a ser hospitalizados por COVID-19.

Los científicos de la FDA reconocieron esta limitación el miércoles, diciendo que los estudios realizados en Estados Unidos “pueden representar con mayor precisión la eficacia de la vacuna en la población estadounidense”.

Las investigaciones hechas hasta ahora en Estados Unidos también sugieren una disminución de la eficacia de la vacuna contra la enfermedad grave solo en los adultos de edad avanzada. Tres estudios publicados la semana pasada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades descubrieron que la capacidad de las vacunas para prevenir las hospitalizaciones apenas varió, incluso después de la llegada de la variante delta, excepto en los adultos mayores de 75 años.

Para las personas mayores, la disminución de la protección contra el contagio es un argumento de peso para reforzar la vacunación, afirmaron algunos científicos. “En ese grupo siempre es preferible ser proactivo en lugar de reactivo”, dijo Chin-Hong.

Michel Nussenzweig, inmunólogo de la Universidad Rockefeller de Nueva York, dijo que quería administrarse la vacuna de refuerzo (tiene 66 años), pero también apoyó su uso en la población general para que se interrumpieran las cadenas de transmisión.

Aunque la inmunidad en las personas más jóvenes aún no está disminuyendo, dijo, una dosis extra que evite las infecciones reduciría la propagación del virus en las personas no vacunadas de su entorno.

“En última instancia, evitará que otros acudan al hospital, y en definitiva beneficiaría el rumbo del país”, señaló Nussenzweig.

Otros expertos pusieron en duda esa premisa, diciendo que no hay datos que sugieran que la disminución de los contagios sería tan significativa como para justificar los refuerzos.

En las personas más jóvenes, las autoridades deben sopesar el beneficio limitado de una tercera dosis con el riesgo de presentar efectos secundarios como coágulos de sangre o problemas cardíacos, comentaron los investigadores. Además, estimular las defensas del organismo de manera reiterada puede provocar un fenómeno llamado “agotamiento inmunitario”, dijo Pepper.

“Es evidente que hay cierto riesgo en tratar de aumentar la respuesta inmunitaria de manera continua”, afirmó. “Si entramos en este ciclo de refuerzo cada seis meses, es posible que esto se vuelva contraproducente”.

© 2021 The New York Times Company

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