De estudiante de prepa a sostén económico: la muerte de su padre por COVID colapsó la vida de Iván

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La muerte por COVID, de Ricardo, su padre, sacó a Iván, de 16 años, de la escuela. En lugar de cursar el primer año de preparatoria, el adolescente ha tenido que trabajar como ayudante de albañil y vender dulces.

Hay días que llega a su casa solo con 200 pesos, que le da a su madre, María de Lourdes, para ayudar con los gastos de ellos dos y de sus tres hermanos. Marlén, de 14 años; José, de 13, y Cristián, de 6 años.

El COVID-19 le cambió a esta familia la vida por completo. Perdieron al padre, Ricardo, que era el sostén económico principal. El 23 de septiembre de 2020 falleció en el hospital La Raza, del IMSS, en la Ciudad de México.

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Trabajaba en un restaurante. Las hijas de la dueña contrajeron COVID y él fue el designado para llevarles la comida mientras hacían cuarentena. Empezó con síntomas y a los pocos días le faltó el aire. También María de Lourdes se enfermó. Ella no necesitó ingresar al hospital. Pero de una semana a otra se quedó viuda a cargo de cuatro hijos.

En México, tres de cada mil niños o niñas han perdido a al menos uno de sus padres o cuidadores primarios en esta pandemia de COVID-19, de acuerdo con los resultados de un estudio hecho por la Universidad de Oxford y publicado por la revista científica The Lancet.

Los menores que se enfrentan a esta orfandad quedan expuestos a la pobreza, el abuso y la institucionalización. Son niños y niñas que de una o dos semanas a la otra han perdido a quien era su principal sostén económico o su principal apoyo emocional.

De acuerdo con los resultados de la investigación, a nivel mundial, desde el 1 de marzo de 2020 y hasta el 30 de abril de 2021, se estima que un millón 134 mil niños perdieron a sus cuidadores principales, incluido al menos uno de los padres o abuelos con custodia.

Mientras que un millón 562 mil niños enfrentaron la muerte de al menos un cuidador primario o secundario. Entre dos y cinco veces más niños tienen padres fallecidos que madres fallecidas.

El país con más niños huérfanos por COVID, de entre los 21 que se evaluaron en el estudio, es Perú con diez por cada mil, Sudáfrica, con 5 por cada mil, después le sigue México, con 3 por cada mil (un total de 131 mil 325 niños y niñas), Brasil y Colombia, con dos por cada mil, e Irán, Argentina, Rusia y Estados Unidos, con uno por cada mil.

Sin apoyo

María de Lourdes y sus hijos tuvieron que dejar la casita que rentaban e irse a vivir con los abuelos maternos. El señor, de 56 años, es albañil, por la pandemia le bajó mucho el trabajo y ahora, de cuando en cuando, apenas consigue algún trabajillo. La abuela, de 54 años, padece del corazón y ya no puede hacer mucho esfuerzo. Trabajaba en un negocio de quesadillas, pero tuvo que abandonar el empleo por su mala salud.

La familia no ha sido beneficiaría de ningún programa de gobierno. Nadie se ha acercado a ofrecerles apoyo. Por parte del trabajo del padre no obtuvieron más que mil pesos para los gastos funerarios. Él estaba en uno de esos empleos precarios que ya son mayoría en el país, en el que las personas están por honorarios y no tienen ninguna prestación. No tenían seguro social, en La Raza lo recibieron porque están aceptando a los afectados por el virus, aunque no sean sus derechohabientes.

Cuando Ricardo murió, María de Lourdes estaba enferma, le llevó meses recuperarse, tenía secuelas, hasta ahora dice que todavía le dan ataques de tos. También cayó en una fuerte depresión. El hijo mayor se volvió cabeza de la familia, a los 15 años, y se lanzó a buscar trabajo.

The Lancet señala como parte del estudio que la orfandad y las muertes de cuidadores son una pandemia oculta asociada a las muertes por COVID-19, y asegura que los datos muestran la necesidad de un pilar adicional en la respuesta a la epidemia, que incluya evitar más muertes y cuidar a estos niños.

“Iván llegaba todo cansado, con las manos y los hombros todos lastimados de subir el material, así que yo decidí que aun con lo mal que estaba tenía que salir a conseguir empleo, le dije, no, yo me tengo que ir a trabajar, hijo, esa responsabilidad es mía”, dice María de Lourdes.

La mujer consiguió trabajo haciendo tortillas, en un lugar de antojitos, donde trabaja de 8 de la mañana a 6 de la tarde y gana 250 pesos al día. Pero aunque su madre ya tenía empleo, Iván no quiso volver a la escuela. Sabe que el dinero que gana ayuda al sostén de la familia, a la que ahora se han sumado los abuelos, que también se empeñan en conseguir algún ingreso.

“Mi mamá vende dulces y vende gorditas los fines de semana. Mis otros hijos le ayudan en lo que pueden. Todos tuvieron que dejar la escuela el ciclo escolar pasado. No había dinero para el internet ni quien les ayudara con las lecciones y las tareas, así que también perdieron las becas que recibían”, dice María de Lourdes.

Cuando no encuentra trabajo en la construcción, Iván vende dulces, cacahuates, lo que puede para ganar un poco de dinero, hay veces que no vende nada, lo más que ha sacado son 200 pesos al día. “Pone un puesticillo en la colonia, aquí en Ex Ejido de Tepeolulco, en Tlalnepantla, Estado de México, ahí ofrece a los pasantes, cacahuates, chocolates, paletas, chicles”.

En noviembre de 2020, la Secretaría de Educación Pública suscribió un convenio con otras instituciones para identificar a niñas, niños y adolescentes en situación de orfandad por la pandemia de COVID-19. El objetivo es darles acceso prioritario a las Becas para el Bienestar Benito Juárez, pero para eso tienen que estar en la escuela.

Volver al colegio

Para el ciclo escolar que viene, María de Lourdes está tratando de que todos sus hijos vuelvan al colegio. “Pero fui a ver lo de las inscripciones y tengo que pagar 500 pesos de cuota por cada uno. No he tenido para completar. Además hay que pagar material y útiles. Piden gel y jabón, y está bien, pero yo no tengo para comprar todo eso”.

La familia tiene muchos gastos también porque el menor de los hijos, Cristian, se enferma muy seguido de las vías respiratorias y cada vez pagan la consulta con un médico de farmacia, y los medicamentos.

De Iván, María de Lourdes dice que está tratando de convencerlo de que debe seguir estudiando. “Pero dice que no, que no va a alcanzar. Todos mis hijos, sobre todo los mayores, perdieron sus sueños, sus ilusiones. Antes decían que querían hacer esto y lo otro, llegar lejos. Ahora dicen, pero no, no hay dinero”

María de Lourdes cuenta que sus hijos tratan de estar bien o aparentan estar bien. “Como yo me deprimí mucho, creo que no quieren que vuelva a estar así y me dan ánimos. Si están mal, no lo dicen, para que yo no me ponga mal. Pero yo sé que Iván, por ejemplo, está muy frustrado y desesperado por la situación en la que estamos”.

Dado que el COVID-19, dice el estudio de The Lancet, puede provocar la muerte en unas semanas, las familias tienen poco tiempo para preparar a los niños para el trauma que experimentan cuando muere el padre o cuidador.

Los niños que quedan en orfandad tienen mayores riesgos de experimentar problemas de salud mental; violencia física, emocional y sexual; y pobreza familiar. Estas experiencias adversas aumentan el riesgo de suicidio, embarazo adolescente, enfermedades infecciosas como el VIH / SIDA y enfermedades crónicas.

El apoyo psicosocial y económico, subraya el estudio, puede ayudar a las familias a criar a los niños privados de sus cuidadores y ayudar a garantizar que se evite la institucionalización.

Ante la pérdida de Ricardo y la falta de cualquier ayuda, María de Lourdes dice que no les queda más que echarle ganas. “A nadie le importa que hay días que uno no tiene ni para comer. Yo estoy igual que mi esposo, trabajando seis días a la semana, hasta los domingos, echando tortillas, sin seguro médico, sin nada. Mis hijos perdieron su año en la escuela, no sé cómo van a entrar al que sigue, y a nadie le importa”.

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