Estrategias de ahorros a prueba de saboteos y científicamente probadas

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¿POR QUÉ nos cuesta tanto ser coherentes cuando se trata de ahorros? Armar una estrategia de ahorros es algo sencillo, pero desarrollar el hábito de ahorrar es todo un reto. En esta oportunidad vamos a conocer cómo ahorrar efectivamente, explicados desde las finanzas conductuales y las neurofinanzas.

La esencia del ahorro consiste en tomar decisiones de corto plazo para recibir una recompensa a largo plazo. Al tratarse de eventos que pertenecen a espacios temporales diferentes, se convierte en un reto para las estructuras biológicas del ser humano, especialmente para quienes viven en un entorno lleno de distracciones y placeres inmediatos.

Según la visión tradicional de las finanzas, el ser humano es esencialmente analítico, por lo que sus decisiones siempre son racionales y sus acciones son congruentes con ello. Pero basta echar un ojo alrededor de nosotros para darnos cuenta de que estas premisas son excepción y no regla. Las finanzas conductuales aparecen a finales del siglo pasado para darnos luz en el impacto de las emociones en las acciones cotidianas, mientras que las neurofinanzas nos ayudan a comprender cómo el sistema nervioso prioriza las acciones, donde el corto plazo tiene un peso importante. Es entonces, en estas dos últimas, donde podemos obtener información clave para describir los mecanismos de saboteos al deseo de ahorrar.

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El lenguaje de un ahorrador efectivo. Comenzamos aclarando que ni las finanzas conductuales ni las neurofinanzas tienen relación con la programación neurolingüística. Esta última es una técnica desarrollada a partir de un modelo psicológico de observación, no basada en la rigurosidad de la neurociencia. El lenguaje es un mecanismo de codificación de las experiencias, que permite su transmisión de un ente a otro, y que será efectivo siempre que el receptor comprenda el código.

Cuando se trata de codificación del tiempo, la forma como construimos las oraciones es clave. Parte de esto ya ha sido estudiado en la relación entre la construcción gramatical de los idiomas y la forma como cada idioma visualiza el tiempo presente y futuro. Los lingüistas llaman a esto “referencia en el tiempo futuro” (FTR, en inglés), que estudia cuándo y cómo los idiomas requieren que los hablantes marquen el momento de los eventos.

Los hallazgos indicaron que los individuos que tienen un idioma materno con bajo FTR donde se conserva el verbo en las oraciones de presente y futuro, como el chino mandarín, tienden a desarrollar mejores hábitos de previsión financiera, que aquellos que manejan un lenguaje cuyo verbo cambia, con alto FTR, como es el caso del español (Chen, 2012). Sabiéndose que para las neurofinanzas la cultura es una evolución del sistema nervioso central, entonces debemos prestar atención al idioma como una variable que influye en los comportamientos culturales inconscientes alrededor del ahorro.

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Para contrarrestar esta tendencia inconsciente, es necesario que reforcemos la visión que tenemos del ahorro, ya sea asignándole un nombre directamente al ahorro o creando un ritual consciente que genere la sensación de presente en la acción de ahorrar. La idea es cerrar la brecha entre el corto y el largo plazo, de forma que nuestro cerebro sienta la gratificación inmediata, por encima del beneficio futuro. Una buena forma de aplicarlo sería premiarnos con algo que nos guste justo después de ahorrar, o dejar en manos de un tercero tanto la actividad del ahorro como la administración de la recompensa.

Gestión de los estados emocionales. Durante muchos años se ha hablado de la palabra “motivación” para referir a esa fuerza interior que nos permite avanzar, incluso en los entornos donde hay pocas referencias de acción, como lo es la incertidumbre. Pero la motivación no es, lamentablemente, producto del análisis estratégico, sino parte de los hilos emocionales con los que se construye nuestra anatomía nerviosa. Hay una neuroquímica involucrada que no podemos controlar.

Instalar un hábito requiere más que estrategia y disciplina, ya que obligarnos a algo genera en nosotros un esquema de represión que tarde o temprano estalla en nuestra contra. Solo basta observar los millones de personas que cada lunes se obligan a comer menos como parte de una estrategia de bajar de peso que nunca logra su cometido. Diferente resulta, por ejemplo, el caso de quien se refugia en el ejercicio como manera de sobrellevar un divorcio o quien practica un deporte porque sus amigos también lo practican.

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De acuerdo con lo planteado anteriormente, hay que prestar atención a lo que estamos sintiendo ante eso que deseamos. Un estudio realizado por el Centro de Investigaciones para la Jubilación de Boston College (Nenkov, MacInnis, & Morrin, 2019) demostró que existe una diferencia significativa entre la esperanza y la expectativa alrededor de una meta futura, como es el caso del ahorro. Es mucho más importante el anhelo producto de la esperanza de tener una vida de calidad a futuro, que el análisis de probabilidad que se instala en la expectativa de recibir la cantidad de dinero que se calculó. Adicionalmente, se determinó que la amenaza externa ante los elementos de esperanza no influye con tanta fuerza, como lo hace con los elementos de expectativa.

Para contrarrestar los efectos limitantes de la expectativa y que podamos conectar con una parte más profunda y humana en la ejecución del ahorro, se sugiere que cada fondo de ahorros tenga un nombre alineado con el anhelo que ese dinero satisfará en nuestra vida. No será lo mismo ahorrar “para el retiro” que ahorrar “para mis atardeceres conversando con mi pareja” o “para mis tardes con amigos jugando golf”. Saber que cada mes nutrimos más esa sensación interna de la experiencia para la cual nos estamos preparando, que ver solamente un número en ascenso, es un verdadero motivador para que lo hagamos realidad, incluso cuando las situaciones nos resulten adversas.

Este 31 de octubre, que se conmemora el Día Mundial del Ahorro, recordemos que la clave del ahorro está en la consistencia y no en la cantidad. El enfoque, una vez definida la estrategia de ahorro y la cantidad a aportar mensualmente, debe quedarse solamente en lo que se siente, momento a momento. De esta manera garantizamos el hábito y podremos lograr metas financieras que se sienten fáciles de alcanzar. Cuando menos lo imagines, lo lograste. Así de fácil puede ser lograr metas de ahorro en nuestra vida. N

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Joselyn Quintero es especialista en neurofinanzas, autora de varios libros, conferencista y directora de Armonía F. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad de la autora.

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