Este niño de 2 años se debate entre la vida y la muerte, pero el hospital ha retrasado su trasplante por la mala conducta de su padre

El pequeño A. J. Burguess, de apenas dos años de edad, se debate cada día entre la vida y la muerte. Nació sin riñones funcionales y por ello ha tenido que vivir, literalmente, conectado continuamente a aparatos de diálisis, como narra la televisora NBC/WXIA.

La opción vital para A.J. es recibir un trasplante de riñón a la brevedad posible y, para su fortuna, cuenta con un donador que es genéticamente compatible en grado “perfecto”: Anthony Burguess, su propio padre. Todo hasta allí parecería tener los elementos para una historia con final feliz. Pero, de un modo peculiar, la ley y las políticas de un hospital han interferido en la realización del trasplante que el niño requiere con urgencia para sobrevivir y tener posibilidades de una vida futura digna y auspiciosa.

La cirugía estaba programada para suceder, al parecer, el pasado 3 de octubre pero no pudo proceder porque Burguess fue arrestado el mes pasado por haber violado las condiciones de su libertad condicional al estar en posesión de un arma de fuego.

El pequeño niño A. J. Burguess, de 2 años, y su padre Anthony. (Captura de video /NBC-WXIA)

En principio, es para tirarse de los cabellos que un padre, que sabe que está cerca de someterse a una operación clave para la vida de su hijo, reincida en una falta que no solo le quitó su libertad sino que agudizó la situación del propio niño.

Pero eso sucedió y Burguess acabó en la cárcel del Condado Gwinnet, al noreste de Atlanta, Georgia.

Entonces, el hospital Emory, en donde se atiende al pequeño A. J., solicitó a finales de septiembre a las autoridades que si el padre del niño podía ser escoltado al hospital para continuar las pruebas preoperatorias, sería posible continuar con la cirugía programada.

Pero cuando finalmente Burguess fue liberado, tras cumplir su encierro por violación de la libertad bajo palabra, el hospital se negó a proceder con la operación. De acuerdo a la televisora CBS, el hospital envió una carta a la madre del niño en la que se indica que el trasplante será postergado hasta que Burguess muestre durante tres meses que puede cumplir con las exigencias de su libertad condicional.

Nuevamente, la situación se volvió exasperante, pues es el niño quien resulta afectado severamente por el retraso del trasplante por una razón que le es ajena. Porque, uno supondría, si lamentablemente el padre no es capaz de comportarse y sigue reincidiendo, lo mejor sería hacer el trasplante a la brevedad posible para así evitar que los despropósitos del adulto laceren nuevamente al pequeño A. J.

Pero el hospital al parecer prefiere mostrar una suerte de actitud moralizadora, aunque eso afecte a su propio e indefenso paciente. Máxime cuando, como señaló CBS, el Hospital Emory declinó comentar al respecto del caso, por razones de privacidad del paciente, y tampoco clarificó a cabalidad en qué afectan los antecedentes delictivos (y la posibilidad de reincidencias futuras) en la determinación de realizar un trasplante.

Ciertamente, el hospital indicó a la televisora que sus lineamientos buscan “maximizar las posibilidad de éxito para los receptores de órganos y minimizar los riesgos para los donantes vivos” y que en lo segundo se consideran factores médicos, sociales y psicológicos. Pero, en todo caso, si bien es posible que si Burguess dona el riñón y luego reincide en un delito se afecten sus posibilidades de recuperación postoperatoria y a mediano plazo, todo ello es una hipótesis. Una suerte de condena por algo que no ha sucedido y quizá no suceda.

Pero lo que sí es muy real es que para el pequeño A. J., tres meses de espera son tres meses de doloroso padecimiento, que en realidad reducen sus posibilidades. Son tres meses menos de posibilidades de vida sana.

El Hospital Emory ha dicho que reconsiderará el asunto en enero de 2018, una vez se cumpla con sus requerimientos de buena conducta de Burguess. Pero la familia del niño teme que para entonces la salud del pequeño se haya deteriorado severamente, y critica la decisión del hospital por considerar que pone en peligro a su hijo.

Es de esperar que el hospital finalmente resuelva prontamente el asunto del mejor modo para la salud de A. J., para que él pueda continuar con una vida promisoria y con buena salud. Y que el padre finalmente haya aprendido la lección y respete la ley. Y prevalezca entre todos el sentido común.

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