Este es el nuevo eje del mal de Estados Unidos: la "troika tiránica" de Venezuela, Cuba y Nicaragua

Se acaban de cumplir 17 años desde que el presidente estadounidense George W. Bush pronunció una de las frases que iba a marcar su mandato. El 29 de enero de 2002, apenas cuatro meses después de los atentados del 11-S, en su discurso del Estado de la Unión señaló el eje del mal; una serie de regímenes que supuestamente apoyaban el terrorismo. Una lista que identificaba a los grandes enemigos de Estados Unidos y que estaba compuesta por Irak, Irán y Corea del Norte, aunque luego se añadieron otros países como Libia o Siria. Casi dos décadas después, Donald Trump ha traído unas relaciones renovadas con algunos países y nuevas enemistades.

La lista negra ahora tiene como gran protagonista a Venezuela, aunque Cuba y Nicaragua también forman parte de ella. Irán, por su parte, se mantiene y el Gobierno de Trump nunca deja de acusar a la antigua Persia de ser “una dictadura corrupta” que usa sus recursos para causar inestabilidad en el mundo y financia “terroristas”. Pero tras la salida estadounidense del pacto nuclear y con la multiplicación de sanciones, el régimen de los ayatollah ha dejado de ser una prioridad para el país, al menos de momento. Las miradas se dirigen con especial intensidad al continente americano.

John Bolton (i) Mike Pompeo (c) y Donald Trump (d) en una reunión en la Casa Blanca. (AP Photo/Andrew Harnik)

Que Venezuela se ha convertido en el principal país de interés no es ningún secreto. Pese a las diferencias ideológicas, durante décadas hubo una fluida relación comercial que ahora está en duda. En los últimos meses, la Administración Trump ha pasado de una retórica dura a acciones concretas. La principal ha sido animar a Juan Guaidó a autoproclamarse presidente interino del país, dándole su reconocimiento diplomático casi de inmediato e iniciando una campaña internacional que ha provocado que numerosos países de todo el mundo apoyen al opositor.

Además, la opción militar está encima de la mesa y por el momento no se descarta. La tensión en la región es enorme y Trump está haciendo lo posible por ahogar la maltrecha economía venezolana, imponiendo unas sanciones al petróleo venezolano que ya han provocado una gran caída de las exportaciones y la parálisis de las actividades bancarias.

Aún no se sabe si estas medidas terminarán de derrumbar al Gobierno de Maduro, aunque el segundo gran integrante de este nuevo eje del mal (llamado por John Bolton, consejero de Seguridad Nacional, la “troika tiránica”) puede dar muy buenos consejos de cómo resistir a los ataques estadounidenses. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha supuesto un retroceso a las relaciones con Cuba. Enfrentados durante décadas, Obama empezó un deshielo que fue muy aplaudido por la comunidad internacional, pero el magnate ha vuelto a la línea dura. Han vuelto los problemas para viajar a la isla y el veto del flujo comercial que seguro van a tener consecuencias en la economía cubana, aunque claramente es el país más acostumbrado a moverse en este tipo de situaciones.

Los presidentes de Cuba, Miguel Díaz-Canel (i), y de Venezuela, Nicolás Maduro (d), en un encuentro en Caracas (AFP/Archivos | Juan BARRETO)

Completa el trío Nicaragua, un país que tiene una relación profunda e intensa con Venezuela y Cuba y que también se está viendo afectado por la ofensiva estadounidense en el continente. Precisamente varios analistas creen que el ataque a estos tres países a la vez puede ser muy beneficioso para los intereses de EE.UU. por el apoyo que se dan entre ellos. De hecho Nicaragua tradicionalmente ha recibido numerosas ayudas venezolanas que ahora con las sanciones se han visto reducidas y han obligado a Daniel Ortega, presidente del país, a hacer recortes.

Precisamente la bajada de las pensiones públicas provocaron grandes manifestaciones y la estabilidad política ha estado en cuestión en los últimos meses. Trump confía que la inestabilidad en todos estos países provocará cambios de regímenes, pero la apuesta es arriesgada y puede terminar favoreciendo a los tres mandatarios que continuamente denuncian el intervencionismo extranjero.

La ofensiva estadounidense viene también por las cambiantes alianzas en la región. La llegada de Bolsonaro y Macri a las presidencias de Brasil y Argentina respectivamente, ha hecho que estos dos países apoyen sin fisuras las políticas de Trump. Mientras, el apoyo a este nuevo eje del mal en el subcontinente se reduce prácticamente a Bolivia.

Así, Maduro y sus aliados están buscando nuevos socios fuera de Sudámerica y Rusia, China o Turquía ya han postulado sus candidaturas para una relación aún más cercana y sólida, un factor que preocupa sobremanera a Washington.