Muchos estadounidenses sobrellevan la pandemia en México

KENDAL BLUST

PHOENIX (AP) — La casa de Phil y Connie Naylor en Puerto Peñasco con vista al océano es lo más cerca que estarán de la playa durante la pandemia del coronavirus.

Hace tres años, Phil Naylor y su esposa Connie se jubilaron y se instalaron en Puerto Peñasco, sobre el Mar de Cortés en Sonora, México. A unas pocas horas de auto de su casa en Goodyear pero un mundo aparte del ruido y estrés de la vida en Arizona.

“Vivimos en lo que consideramos un paraíso”, dijo Naylor a KJZZ.

Caminan por la playa, juegan al golf y salen con amigos.

“Odio admitirlo, pero también empezamos a jugar al Bingo”, dijo Naylor entre risas.

Hasta que surgió el brote de coronavirus y en marzo el Departamento de Estado emitió una alerta, recomendándoles a los ciudadanos estadounidenses que estaban en el exterior que regresasen al país o se preparasen para quedarse afuera por tiempo indefinido. La frontera entre Estados Unidos y México fue cerrada a todo viaje no esencial.

“Si usted está haciendo turismo en México, es hora de volver a casa”, dijo el embajador estadounidense en México Christopher Landau durante una charla en vivo por Facebook el 31 de marzo. “Si usted reside en México, como yo, tiene que analizar detenidamente su situación personal”.

Les dijo a los expatriados estadounidenses que viven en México que consideren todos los factores de riesgo, el acceso a la atención médica y a redes de apoyo, pero al mismo tiempo señaló que la decisión acerca de si permanecer en México o no era algo personal, sin “una respuesta buena o mala”.

Mucho “expats” decidieron enrumbarse al norte, preocupados con el acceso a cuidados médicos y la separación de sus seres queridos si cerraban las fronteras o se suspendían los vuelos.

“Consideramos la posibilidad de regresar a Estados Unidos. Después de todo, todavía tenemos una casa en Goodyear”, dijo Naylor. Pero agregó que su hijo y su familia viven en estos momentos en esa casa y que no sería la situación ideal para evitar el contacto con otros.

Por ello, igual que miles de los 1,5 millones de estadounidenses que se cree viven en México, los Naylor decidieron permanecer en Puerto Peñasco.

Los líderes municipales y estatales se movilizaron rápidamente para contener la propagación del virus, cerrando playas y negocios e instalando puestos de control para evitar la llegada de visitantes durante la primavera, habitualmente una temporada muy activa.

“Estaba empezando el receso de la primavera y la Semana Santa estaba a la vuelta de la esquina. Cuando vienen 800.000 personas en cuatro o cinco semanas, es una situación complicada incluso sin una pandemia”, manifestó Naylor.

En la mayor parte de la gente, el nuevo coronavirus causa síntomas leves o moderados, como fiebre y tos, que desaparecen en dos o tres semanas. Pero en algunos casos, sobre todo en gente adulta y personas con problemas de salud, puede causar complicaciones serias, e incluso la muerte.

Por ahora Puerto Peñasco tiene solo dos casos confirmados de coronavirus. Naylor dijo que tranquiliza ver que la comunidad se toma la pandemia en serio, a pesar del costo económico para muchos. Las actividades diarias del paraíso de los Naylor, por otro lado, están suspendidas.

“Admito que esto está un poco aburrido”, dijo Naylor, añadiendo que se pasa adentro hermosos días de cielo despejado y no junto al océano.

De todos modos, los Naylor creen que tomaron la decisión correcta.

“Estamos bien. Vinimos para quedarnos. A menos que pase algo catastrófico que decida por nosotros”, manifestó.

En el sur de Sonora, Jennifer MacKay y su familia viven en Álamos, una pequeña ciudad colonial, popular entre los turistas y los expatriados estadounidenses.

“Ni por un segundo consideramos regresar. Nuestra vida está aquí, esta es nuestra casa”, explicó MacKay.

A diferencia de otros expats, los MacKay no tienen una casa en Estados Unidos. Solo una casilla de correo en Tucson. Viven en Álamos desde hace 25 años, criaron a sus hijas aquí y son dueños del hotel El Pedregal en las afueras de la ciudad.

“El teléfono sonaba todo el tiempo en la oficina. Había que tomar reservaciones, recibir a los huéspedes y limpiar los cuartos. Hacer el desayuno... Tenemos un hotel. Y ahora no hay nadie aquí”, dijo MacKay. “Todo se canceló o se pospuso. Desde un punto de vista económico, esto está muerto”.

Igual que otros pequeños comerciantes de México, a los MacKay les preocupa cómo harán para mantener el personal durante la pandemia sin demasiada ayuda del gobierno. A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, el gobierno mexicano no ha ofrecido ayuda a la pequeña empresa, como préstamos.

Pero no todo es negativo. MacKay está aprovechando para hacer algunos arreglos y renovaciones. Y por la tarde se zambulle en la piscina del hotel o pasea con su bicicleta de montaña por la reserva natural de 121 hectáreas que ellos mismos crearon.

“Estamos en una situación ideal. Vivimos en nueve hectáreas al final de un camino de tierra, rodeados por la naturaleza”, comentó MacKay. “Tenemos un pequeño hotel. ¿Se le ocurre una mejor forma de quedarse en casa que en un hotelito muy lindo en la naturaleza? No tenemos huéspedes, pero podemos disfrutarlo”.

MacKay está vendiendo dos veces por semana comidas caseras y vegetales frescos de su huerta para generar algún dinero adicional.

“Nos mantiene ocupados y es divertido”, dijo MacKay, acotando que les vende mayormente a otros expats que también decidieron quedarse.

No todos los que permanecen en Sonora planeaban hacerlo.

En el caso de Kelly Potter y de su esposo Steve, vinieron por dos semanas y ya llevan dos meses en Álamos.

“Tengo una organización caritativa para perros llamada Álamos Dog Fundation. Vinimos porque tenía un acto de recaudación de fondos. Era el 6 de marzo y me había tomado diez días de vacaciones”, relató Potter. “Cuando estábamos aquí, estalló todo lo del COVID-19”.

Se quedaron en Álamos. Potter dijo que se sentía más a salvo que regresando a Los Ángeles. Todavía no hay casos confirmados de coronavirus en Álamos. Y el costo de la vida es más bajo, un factor importante para Potter, una escenógrafa que no tiene trabajo durante la pandemia.

A pesar de la orden de confinamiento de Sonora, se las ha ingeniado para conocer un poco esta encantadora ciudad.

“No puedo decir que la he pasado muy mal. Ha sido bastante agradable”, comentó. Dijo que pasea en bicicleta por las calles de piedra y se pasa horas en el jardín.

De todos modos, Potter, su esposo y sus perros planean volver pronto ya que California empieza a levantar las restricciones a los movimientos.

“Creo que es hora de volver. Llevamos diez semanas aquí”, dijo Potter.

A diferencia de otros expats de México que han tenido problemas para volver porque las aerolíneas cancelaron sus vuelos, Potter y su esposo regresarán en su auto a Los Ángeles. No les preocupa el cierre de la frontera, pues permiten a los ciudadanos y los residentes en Estados Unidos regresar al país.

Pero muchos expatriados planean quedarse en Sonora el tiempo que sea necesario.

“Nos alegra estar aquí”, dijo MacKay. “Esperamos que esto pase, no solo por nosotros sino por todo el mundo”.