Estados Unidos respaldó al líder haitiano mientras se desmoronaba la democracia y aumentaba el descontento

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La policía en la escena de un crimen en Pétion-Ville, Haití, la noche del lunes 12 de julio de 2021. (Federico Rios/The New York Times)
La policía en la escena de un crimen en Pétion-Ville, Haití, la noche del lunes 12 de julio de 2021. (Federico Rios/The New York Times)

Mientras los manifestantes lanzaban piedras afuera del palacio nacional de Haití y provocaban incendios en las calles para exigir la renuncia del presidente Jovenel Moïse, el entonces presidente estadounidense Donald Trump lo invitó a Mar-a-Lago en 2019 y posó muy sonriente junto a él en uno de los vistosos pórticos del club.

Luego de que algunos congresistas advirtieron que los “abusos contrarios a la democracia” de Moïse les recordaban el periodo previo a la dictadura que aterrorizó a Haití en las décadas pasadas, el gobierno del actual presidente estadounidense, Joe Biden, respaldó públicamente el reclamo de Moïse al poder.

Además, cuando los funcionarios estadounidenses instaron al gobierno de Biden a cambiar el rumbo, preocupados de que las instituciones democráticas de Haití estuvieran desapareciendo, según ellos, sus súplicas no fueron atendidas y, en ocasiones, jamás recibieron ninguna respuesta.

Durante el mandato de Moïse, Estados Unidos respaldó su gobierno cada vez más autócrata al considerar que era la manera más sencilla de conservar la estabilidad en un país turbulento que casi no figuraba en las prioridades de los sucesivos gobiernos de Washington, señalaron funcionarios actuales y anteriores.

Según ellos, incluso cuando se disparó la violencia y la agitación política en Haití, pocas personas del gobierno de Trump tomaron en serio las advertencias reiteradas de Moïse de que estaba frente a complots que amenazaban su vida. Y mientras se intensificaban las advertencias sobre su autoritarismo, el gobierno de Biden mantuvo su apoyo público al reclamo de Moïse al poder, incluso después de que quedó vacío el Parlamento de Haití por falta de elecciones y Moïse gobernó por decreto.

Cuando Moïse fue asesinado este mes, se produjo un profundo vacío de liderazgo que desencadenó una lucha por el poder entre los pocos funcionarios electos que quedaban. Estados Unidos, el cual ha mantenido una enorme influencia sobre Haití desde que invadió este país hace más de cien años, de pronto se vio obligado a enviar tropas para ayudar a arreglar el desastre.

No obstante, en entrevistas con más de una docena de funcionarios actuales y anteriores, hubo un comentario que se repetía: Washington tenía parte de la culpa por ignorar o por prestarle poca atención a las advertencias claras de que Haití estaba dando tumbos hacia el caos y porque quizás había empeorado las cosas al apoyar públicamente a Moïse.

La policía en la escena de un crimen en Pétion-Ville, Haití, la noche del lunes 12 de julio de 2021. (Federico Rios/The New York Times)
La policía en la escena de un crimen en Pétion-Ville, Haití, la noche del lunes 12 de julio de 2021. (Federico Rios/The New York Times)

“Era de esperarse que algo sucediera”, comentó el senador demócrata de Vermont, Patrick Leahy. “El mensaje que enviamos al apoyar a estas personas es que pensamos que son representantes legítimos del pueblo haitiano. No lo son”.

Los detractores afirman que la postura de Estados Unidos con respecto a Moïse seguía las pautas de un manual que Estados Unidos ha usado durante décadas en todo el mundo, a menudo con consecuencias muy serias para la democracia y los derechos humanos: apoyar o tolerar de manera instintiva a dirigentes acusados de gobernar con autoritarismo porque promueven los intereses de Estados Unidos o porque los funcionarios temen una inestabilidad en su ausencia.

El control de Moïse sobre el poder se intensificó en el mandato de Trump, quien hablaba con admiración de un grupo de autócratas extranjeros. Asimismo, Trump estaba empeñado en mantener a los migrantes haitianos fuera de Estados Unidos (todos “tienen sida”, decía, de acuerdo con funcionarios estadounidenses). Según los funcionarios, los colaboradores de Trump se centraron en la política haitiana principalmente con el fin de reclutar al país en la campaña de Trump para derrocar a su némesis en la región: el líder de Venezuela, Nicolás Maduro.

El gobierno de Biden llegó en enero consumido por la pandemia y una oleada de migrantes en la frontera con México, lo que dejó poco margen de maniobra para el alboroto que convulsiona a Haití, afirman los funcionarios. De manera abierta, continuó con la política del gobierno de Trump que respaldaba a Moïse como un gobernante legítimo, postura que enfureció a algunos congresistas y que un alto funcionario de Biden ahora considera que fue un error.

“Moïse está siguiendo un curso de acción cada vez más autoritario”, aseguró a fines de diciembre el representante Gregory Meeks, quien ahora preside el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara Baja, en un comunicado conjunto con otros dos demócratas, el cual advierte sobre una repetición de los “abusos antidemocráticos que el pueblo haitiano ha sufrido” en el pasado.

“No nos quedaremos con los brazos cruzados mientras Haití se dirige hacia el caos”, afirmaron.

En una carta enviada en febrero al secretario de Estado Antony Blinken, ellos, junto con otros legisladores, pidieron a Estados Unidos que “rechazara sin ambigüedades” las intenciones de Moïse, quien ya había gobernado por decreto durante un año, de quedarse en el poder. Exhortaron al gobierno de Biden a impulsar un “gobierno de transición legítimo” que ayudara a los haitianos a decidir su propio futuro y a salir de “una avalancha de crisis económicas, políticas y de salud pública”.

Sin embargo, el principal asesor de Biden sobre asuntos de Latinoamérica, Juan González, dijo que en ese momento el gobierno no quería que pareciera que estaba imponiendo cómo debía resolverse el caos.

“Intervenir de esa manera podría llevar a una crisis a un país que ya estaba en una situación muy inestable”, señaló González.

Las intervenciones anteriores de Estados Unidos a nivel político y militar en Haití no han hecho mucho por solucionar los problemas del país y en ocasiones los han generado o empeorado. González afirmó que “La solución a los problemas de Haití no está en Washington; está en Puerto Príncipe”, la capital de Haití, por lo que el gobierno de Biden pidió que se celebraran elecciones antes de que Moïse dejara el cargo.

“Según nuestros cálculos, la mejor decisión era centrarse en elecciones para intentar usarlas como una manera de impulsar una mayor libertad”, añadió.

Los detractores afirman que en realidad el gobierno de Biden ya estaba interviniendo al respaldar de manera pública la afirmación de Moïse de que le quedaba otro año en el cargo, lo que le permitiría presidir la elaboración de una nueva Constitución que podría aumentar de manera considerable las facultades del presidente.

Desde luego, Moïse no fue el primer dirigente acusado de ser un autócrata que goza del respaldo de Washington; ni siquiera fue el primero en Haití. Dos generaciones de crueles dictadores haitianos de la familia Duvalier formaron parte de una larga lista de dictadores del Caribe, Latinoamérica, Medio Oriente y otros lugares que recibieron el respaldo decidido de Estados Unidos, sobre todo como aliados contra el comunismo.

Para 2019, las protestas en todo el país se volvieron violentas cuando los manifestantes que exigían la destitución de Moïse se enfrentaron a la policía, incendiaron automóviles y marcharon al palacio nacional. La actividad de las pandillas se volvió cada vez más descarada y los secuestros aumentaron a un promedio de cuatro por semana.

Trump y sus colaboradores no mostraron mucha preocupación. A principios de 2019, Trump invitó a Moïse al club Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida, como parte de una reunión con los dirigentes caribeños que se habían alineado contra Maduro de Venezuela.

Al año siguiente, las prácticas antidemocráticas de Moïse aumentaron lo suficiente como para exigir la atención del secretario de Estado Mike Pompeo, quien le advirtió públicamente a Moïse que no debía aplazar las elecciones parlamentarias.

Sin embargo, según los funcionarios, además de unos cuantos comunicados, el gobierno de Trump no hizo casi nada para presionar la situación.

“Nadie hizo nada para abordar las deficiencias institucionales y democráticas subyacentes”, en los últimos años, comentó Peter Mulrean, quien fungió como embajador de Estados Unidos en Haití de 2017 a 2019. “Así que en realidad no debería sorprendernos que la situación haya vuelto a estallar”.

Tras la elección de Biden, los legisladores y los funcionarios de Washington retomaron el tema con mayor apremio. Moïse, quien llegó al cargo después de unas votaciones empañadas por la poca participación y las acusaciones de fraude, había estado gobernando por decreto durante un año debido a que ya había expirado el periodo de casi todos los miembros del Parlamento y nunca se celebraron elecciones para remplazarlos.

Moïse ganó un periodo de cinco años en 2016, pero no tomó posesión sino hasta 2017 en medio de acusaciones de fraude, así que argumentó que debía quedarse hasta 2022. Los defensores de la democracia en Haití y en el extranjero expresaron su disgusto, pero, el 5 de febrero, el gobierno de Biden intervino para apoyar el reclamo de Moïse de permanecer otro año en el poder. Y no fue el único: organismos internacionales como la Organización de los Estados Americanos adoptaron la misma postura.

Después, Blinken criticó que Moïse gobernara por decreto e hizo un llamado a que hubiera “elecciones en verdad libres y justas este año”. Pero el gobierno de Biden nunca retiró su postura pública y apoyó el reclamo de Moïse de permanecer en el poder, una decisión que, según el representante Andy Levin, copresidente del Caucus de Haití de la Cámara de Representantes, lo ayudó a mantener el control sobre el país y a que este continuara su declive antidemocrático.

“Es una tragedia que haya podido permanecer ahí”, comentó Levin.

© 2021 The New York Times Company

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