Estados Unidos y Reino Unido tienen una imagen distinta de Meghan Markle

·5  min de lectura
Andrew Ross Sorkin, a la izquierda, entrevista a Meghan Markle, duquesa de Sussex, durante la cumbre en línea de DealBook en Manhattan, el martes 9 de noviembre de 2021. (Calla Kessler/The New York Times).
Andrew Ross Sorkin, a la izquierda, entrevista a Meghan Markle, duquesa de Sussex, durante la cumbre en línea de DealBook en Manhattan, el martes 9 de noviembre de 2021. (Calla Kessler/The New York Times).

LONDRES — Cuando el príncipe Enrique y su esposa Meghan acudieron la semana pasada a una gala de beneficencia para veteranos en la ciudad de Nueva York, el príncipe sonriente y condecorado declaró que “estaba viviendo el sueño americano”. Quizá eso sea aún más cierto en el caso de Meghan quien, desde que dejó Reino Unido el año pasado, ahora se ha reinventado como filántropa, empresaria multimedia y defensora de los derechos de licencia familiar.

Sin embargo, incluso mientras conquistaban Manhattan, Meghan se vio afectada por la antigua vida de la pareja en Londres. Tuvo que disculparse por las declaraciones erróneas que hizo en una demanda contra un tabloide británico, The Mail on Sunday, la cual emprendió porque este violó su privacidad al publicar una carta que ella había enviado a su padre.

Meghan dijo que la memoria le había fallado. Pero los tabloides, que han estado en guerra con la pareja desde antes de que abandonaran Reino Unido para irse al sur de California, no tardaron en hacer comentarios al respecto. “Pequeña señorita olvidadiza”, se leía en The Sun, sobre una caricatura poco favorecedora de Meghan extraída de “Little Miss”, una serie de libros infantiles ingleses.

Pocas veces el contraste entre la vida presente y la pasada de Meghan ha sido tan marcado. Nueve meses después de que ella y Enrique concedieran una sensacional entrevista a Oprah Winfrey en la que Meghan acusó a la familia real de un trato insensible y racista, ha resurgido en Estados Unidos como una mezcla formidable de celebridad de primera categoría, empresaria, inversora y activista social. Algunos especulan acerca de su futuro político.

En Reino Unido, sin embargo, Meghan sigue siendo una figura polarizante. Algunos la admiran, sobre todo los jóvenes, por haberle dado un soplo de aire fresco a la vetusta Casa de Windsor, pero muchos otros la vilipendian, sobre todo la prensa sensacionalista, que cita aquel error como prueba de un patrón más amplio de duplicidad y comportamiento manipulador.

“La mayoría de las personas están hasta la coronilla con ellos”, comentó Penny Junor, historiadora de la realeza. “Dijeron que querían privacidad, pero nunca dejaron de buscar atención. Y ahora, tantos meses después, hemos descubierto que dijo mentiras en el tribunal, o que no se acordó bien de los hechos”.

Nada de esto importa mucho en Estados Unidos, reconoció Junor. Si acaso, las imágenes del “antes y después” de la semana pasada han reivindicado la decisión de la pareja de ya no ser parte del reino.

Enrique y Meghan han logrado controlar su imagen con mucha más eficacia en Estados Unidos que en los medios británicos, dominados por los tabloides. Ella se ha inmiscuido en el debate político estadounidense de una manera que habría sido inconcebible en Reino Unido, donde los miembros de la familia real evitan por completo la política.

“En este país toleramos el éxito, pero no lo celebramos”, dijo Junor. “En Estados Unidos, glorifican el éxito”.

Meghan, también conocida como la duquesa de Sussex, habló de esa diferencia en una entrevista con The New York Times el martes, aunque lo enmarcó en el contexto de un sesgo por género más que cultural. Hablando con Andrew Ross Sorkin en la cumbre en línea de DealBook, Meghan dijo que la palabra ambición era una “provocación” cuando se refería a las mujeres.

“¿Cómo hemos permitido que eso suceda en nuestra cultura?”, se preguntó Meghan. “No tiene nada de malo hablar del éxito de una mujer, o su ambición, o su destreza con el dinero”.

Desde que se instalaron en una amplia casa de estilo mediterráneo en Montecito, California, Meghan y Harry han firmado acuerdos lucrativos de programación con Netflix y Spotify; han lanzado una organización filantrópica y de abogacía, Archewell, y se han convertido en socios de una firma de gestión de activos, Ethic, que invierte en empresas consideradas socialmente responsables.

La duquesa no ha dejado del todo atrás al Reino Unido. Durante su entrevista, usó un broche de amapola roja, una costumbre otoñal común en Reino Unido para conmemorar a los soldados caídos. Cuando se le preguntó por su disputa legal, Meghan evitó dar detalles, excepto para señalar que había ganado una sentencia contra The Mail.

“Solo estoy defendiendo lo que es correcto”, dijo.

El problema es que Meghan admitió que se equivocó al decirle al tribunal que no había cooperado con los autores de un libro lisonjero sobre la pareja. Su exsecretario de comunicaciones, Jason Knauf, entregó correos electrónicos que muestran que ella le proporcionó algunas ideas para que él a su vez se las diera a los autores, Omid Scobie y Carolyn Durand, incluyendo detalles sobre la ruptura de su relación con su padre, Thomas Markle.

“Pido disculpas al tribunal por el hecho de no haber recordado estos intercambios en su momento”, dijo Meghan en una declaración como testigo. “Desde luego que no tenía deseo o intención alguna de engañar al acusado o al tribunal”.

Un portavoz de la duquesa no quiso hacer más comentarios.

Todo esto es algo periférico en un caso que gira en torno a si The Mail on Sunday invadió su privacidad al publicar la carta privada a su padre. The Mail, que obtuvo la carta, argumenta que Meghan, como figura pública, no debería haber esperado que fuera confidencial.

No está claro cómo su admisión afectará al caso en general: el editor de The Mail, Associated Newspapers, está apelando después de que Meghan ganara un juicio sumario en febrero.

Aun así, las revelaciones pintan un retrato de una duquesa que no era en absoluto ingenua respecto a su imagen pública en los turbulentos meses posteriores a su boda con Enrique en mayo de 2018.

Knauf dijo que la duquesa le había enviado un borrador de la carta a su padre para que él la revisara, con la anotación: “obviamente, todo lo que he redactado es con el entendimiento de que podría filtrarse, así que he sido meticulosa en la elección de las palabras”.

Según él, Meghan incluso preguntó si dirigirse a Markle como “papi” sería una buena estrategia de relaciones públicas.

“Teniendo en cuenta que solo le he llamado papi”, escribió, “tal vez tenga sentido empezar la carta así (a pesar de que él no es tan paternal), y en el desafortunado caso de que se filtrara, apelaría a las emociones”.

© 2021 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.