Estados Unidos prueba una nueva táctica para combatir la desinformación rusa: anticiparse a ella

Metropolitan Epiphanius, primado de la Iglesia ortodoxa de Ucrania, preside el servicio litúrgico de Navidad en la catedral Holy Dormition del monasterio Kyiv-Pechersk Lavra, en Kiev, el sábado 7 de enero de 2023. (Brendan Hoffman/The New York Times)
Metropolitan Epiphanius, primado de la Iglesia ortodoxa de Ucrania, preside el servicio litúrgico de Navidad en la catedral Holy Dormition del monasterio Kyiv-Pechersk Lavra, en Kiev, el sábado 7 de enero de 2023. (Brendan Hoffman/The New York Times)

Un artículo que apareció en agosto en el medio noticioso internacional Pressenza recicló una declaración falsa de Rusia que sostenía que Occidente saqueaba reliquias religiosas y arte de un monasterio en la capital ucraniana, Kiev, uno de los lugares más sagrados en la ortodoxia rusa.

Según indicaron funcionarios estadounidenses, la importancia de este artículo no se debe a su contenido, sino a su fuente y la audiencia a la que está dirigido.

Según funcionarios del Departamento de Estado, el artículo está vinculado con una operación informativa encubierta cuyo propósito es divulgar propaganda política rusa en Centroamérica y América del Sur mediante artículos producidos en apariencia por agencias de medios locales, no por el gobierno ruso.

Aunque la operación está en sus albores, el Centro de Participación Global del departamento decidió revelar la campaña de influencia con la esperanza de mitigar sus efectos en una región en que Rusia busca desacreditar a Estados Unidos y erosionar el apoyo internacional a Ucrania.

El centro, que desde 2017 se ha enfocado en combatir la propaganda política y la desinformación, tiene entre sus tareas habituales describir campañas del Kremlin. Sin embargo, identificar e intentar anticiparse a una campaña que apenas ha arrancado es una nueva táctica, la cual refleja que esa agencia se ha percatado de que contrarrestar narrativas falsas es más difícil una vez que se han propagado.

“Lo que intentamos hacer es sacar a la luz la mano oculta de Rusia”, señaló James P. Rubin, coordinador del centro, en una entrevista en la que describió someramente la campaña rusa.

Fieles en el enorme monasterio Kyiv-Pechersk Lavra, también llamado Monasterio de las Cuevas, en Kiev, Ucrania, el 12 de marzo de 2023. (Laetitia Vancon/The New York Times)
Fieles en el enorme monasterio Kyiv-Pechersk Lavra, también llamado Monasterio de las Cuevas, en Kiev, Ucrania, el 12 de marzo de 2023. (Laetitia Vancon/The New York Times)

Rubin indicó que el departamento había tomado medidas con “base en información nueva”, pero se negó a ahondar en el asunto. La revelación de esta campaña evoca la ocasión en que el gobierno de Biden dio a conocer hallazgos de inteligencia sobre el Ejército ruso antes y después de su invasión a Ucrania en febrero de 2022.

Forma parte de una campaña cada vez más activa para ganar influencia en partes del mundo en que, según advierten varios oficiales y analistas estadounidenses, la hostilidad de Rusia hacia Estados Unidos y sus aliados ha encontrado tierra fértil.

El Departamento de Estado divulgó la semana pasada un informe sobre las actividades en Brasil de una organización internacional, New Resistance, que ha adoptado la ideología de Alexander Dugin, antiguo disidente soviético convertido en un prominente defensor de las ambiciones imperiales de Rusia. La organización, según se indica en el informe, promueve la desinformación rusa, organiza seminarios y cursos de capacitación e incluso ha apoyado actividades paramilitares.

“Rusia ha aprovechado la desconfianza hacia Estados Unidos para hacer creer que ese país está resuelto a extraer recursos de América Latina y respaldar políticas económicas nada adecuadas para la región, mientras que la postura de Rusia es más respetuosa y menos entrometida”, se comenta en otro informe dado a conocer la semana pasada por el U.S. Institute of Peace, organización sin afiliación partidista dedicada a la investigación que fue fundada por el Congreso de Estados Unidos.

En la nueva campaña, según explicaron Rubin y otros funcionarios, participan dos empresas rusas y el Instituto para el Desarrollo de Internet, asociación de la industria encabezada por un antiguo funcionario del Kremlin. Todos estos organismos tienen vínculos estrechos con la administración presidencial del líder ruso, Vladimir Putin.

Las dos empresas, Social Design Agency, dedicada a las relaciones públicas, y Structura National Technologies, firma del sector de la tecnología de la información, ambas con sede en Moscú, ya fueron identificadas como fuente de campañas de desinformación.

Desde julio, a estas empresas y a sus directivos se les han impuesto sanciones económicas disciplinarias en la Unión Europea por su participación en proyectos de desinformación en torno a la guerra en Ucrania. Estos proyectos incluyeron la creación de una agencia noticiosa, Recent Reliable News, que preparó artículos falsos, los difundió como artículos de organizaciones noticiosas reales, como el Washington Post, y los promovió activamente en línea.

En la campaña actual, según el Departamento de Estado, las empresas rusas planean encargar artículos a través de una red de escritores locales y utilizar chatbots operados con inteligencia artificial para amplificar los artículos en las redes sociales. El objetivo es cultivar contactos en los medios en distintos países, desde México hasta Chile.

“Creemos que aprovecharán esta campaña de manipulación de la información para explotar secretamente la apertura del ecosistema de medios e información de América Latina”, señaló Rubin, quien asumió el control del Centro de Participación Global este año.

El Kremlin destina recursos significativos a propagar su perspectiva sobre la guerra en Ucrania y a denigrar a Estados Unidos y la OTAN, para lo cual emplea estrategias abiertas y encubiertas. Hace poco, algunos expertos en inteligencia del gobierno advirtieron sobre un plan coordinado por Rusia en territorio estadounidense con el propósito de socavar el apoyo político al envío de armas al Ejército ucraniano.

El Instituto para el Desarrollo de Internet, organización rusa liderada por Alexei Goreslavsky, quien solía encargarse de la política aplicable a internet en el Kremlin, ha indicado que planea invertir el equivalente a 32 millones de dólares este año en campañas de información sobre la guerra, según otros dos funcionarios del Departamento de Estado, que hablaron a condición de permanecer en el anonimato debido a las políticas del departamento.

Esos funcionarios indicaron que la nueva campaña tiene como meta hacer un “lavado” de las noticias y opiniones de Rusia a través de contactos que ya escriben en español y portugués para organizaciones noticiosas en línea en la región.

No se sabe bien cuán extensa será la campaña, pero el hecho de que tenga en la mira a tantos países hace suponer que se trata de una campaña ambiciosa. Los funcionarios citaron a la organización Pressenza y el artículo de agosto, que se publicó en español, francés e inglés, como ejemplo de la coordinación identificada por las agencias del gobierno estadounidense.

En el artículo, se identificaba como autora a Nadia Schwarz, corresponsal para la oficina de Moscú de esa agencia.

Pressenza, que tiene oficinas principales en Quito, Ecuador, y se describe como una agencia comprometida con la paz, los derechos humanos y el rechazo a la violencia, no respondió a una solicitud por escrito de comentarios, como tampoco lo hicieron Social Design Agency y el Instituto para el Desarrollo de Internet.

Brian Liston, analista que estudia a Rusia para la empresa de ciberseguridad Recorded Future, con sede en Somerville, Massachusetts, explicó en una entrevista que Rusia considera que las campañas de información en Centroamérica y América del Sur son una respuesta proporcional a las acciones emprendidas por Estados Unidos, en su opinión, para tener influencia en Europa del Este y la zona de los países bálticos.

Afirmó que está por verse cuán efectiva resulta la táctica del Departamento de Estado de “desacreditar por anticipado” la propaganda política rusa. Agregó que desmentir información falsa o engañosa antes de su difusión ha tenido buenos resultados para combatir sucesos específicos que se podían prever o pronosticar.

“Me parece que hay ciertas aplicaciones en las que desacreditar la narrativa es una estrategia efectiva”, aseveró. “Creo que se limita más a prever sucesos planeados con anticipación o situaciones que se pueden intensificar, no a acontecimientos en tiempo real”.

c.2023 The New York Times Company