Estados Unidos ‘perdió la cabeza’ en este año que termina | Opinión

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Estados Unidos cierra el año 2021 con una penosa alza del número de homicidios con armas de fuego.

Doce ciudades norteamericanas superaron sus récords en cantidad de muertes a tiros: Filadelfia (en el estado de Pensilvania), Austin (Texas), Tucson (Arizona), Portland (Oregón), Indianápolis (Indiana), Baton Rouge (Louisiana), Columbus y Toledo (Ohio), Louisville (Kentucky), Rochester (Nueva York), Albuquerque (Nuevo México) y St. Paul (Minnesota).

Al momento de escribir este artículo, Filadelfia, la ciudad del amor fraternal, tenía por lo menos 535 homicidios con arma de fuego, superando a Nueva York (443) y Los Ángeles (352).

Gente enojada

Comentando el incremento en el número de homicidios, David Thomas, profesor de Criminología en la Universidad de Florida Gulf Coast, una universidad pública en la ciudad floridana de Fort Myers, dijo que “este país ha perdido la cabeza”. El profesor Thomas afirmó que “la gente está enojada, contra todo”.

Muchos expertos señalan varios factores causantes de esta epidemia de violencia: las frustraciones causadas por la marcada desigualdad en la recuperación económica, los traumas provocados por casi dos años de pandemia de COVID-19 y —quizá el factor más explosivo— el considerable aumento en la venta de armas a la población.

En 2020, se vendieron casi 23 millones de armas de fuego, lo que marcó un récord en un país donde hay más pistolas y fusiles que habitantes. En 2021, hasta principios de diciembre se habían vendido unos 20 millones.

Los diversos intentos por legisladores (casi siempre del Partido Demócrata o de agrupaciones de izquierda) y activistas por poner un freno a la venta indiscriminada de armas de fuego han salido perdiendo hasta ahora frente a los fabricantes y vendedores de armas y su máximo representante, la organización conocida como la Asociación Nacional del Rifle (NRA), que dedica unos $3 millones cada año a presionar a congresistas.

El culto de las armas

Pero además, los intentos por detener la epidemia de la violencia chocan con el extendido culto a las armas, que tiene su génesis en el mismo origen de la nación, cuando los colonos provenientes en su mayoría del Reino Unido se establecieron en Norteamérica arrebatándoles la tierra a los pobladores autóctonos.

La foto que a principios de diciembre divulgó en Twitter el congresista republicano Thomas Massie, de Kentucky, con su esposa y sus cuatro hijos, todos armados con fusiles mientras sonreían alrededor de un árbol navideño en la sala de su casa, sacudió a muchos norteamericanos que se oponen a la posesión personal de armas. El mensaje que acompañaba la foto, “Por favor, Santa, trae munición”, fue un reflejo de lo incrustado que está el culto a las armas en la psiquis de un sector numeroso de la población estadounidense. Convencer a ese sector de que renuncie a su artillería no será tarea fácil, pero hay que acometerla.

Varios expertos de salud pública han afirmado que es posible que el nuevo año 2022 sea el fin de la pandemia del coronavirus. Esperemos que 2022 marque también el principio del fin de otra plaga que devasta a Estados Unidos, la plaga de las armas. Que impere la paz en este año nuevo. Que no nos traiga munición, sino esperanza, fraternidad y concordia.

Andrés Hernández Alende es un escritor, periodista cubanoamericano y ex editor de la sección de Opinión de el Nuevo Herald. Su obra más reciente, La espada macedonia”, y el ensayo Biden y el legado de Trump”, fueron publicados por Mundiediciones.

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