Estados Unidos debe defender la libertad religiosa en Cuba | Opinión

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El lunes fue el Día de la Libertad Religiosa: una ocasión para reconocer el papel fundamental que la libertad de culto ha ocupado a lo largo de la historia de Estados Unidos y para reflexionar en torno a los millones de personas en todo el mundo que no disfrutan de este derecho humano básico.

En un momento en que la persecución religiosa aumenta en todo el mundo, algunas de las restricciones más alarmantes se producen a solo 90 millas de nuestra propia costa. El régimen comunista de Cuba ha estado animado por una ideología antirreligiosa desde sus primeros días, con el régimen castrista encarcelando, torturando e incluso asesinando a líderes religiosos.

Aunque los creyentes cubanos no se encuentran hoy en una situación tan peligrosa como en las primeras décadas del comunismo, los líderes religiosos y activistas del país denuncian una creciente campaña de persecución religiosa, que ha llevado al Departamento del Estado de Estados Unidos (DOS) a designar a Cuba como “País de Especial Preocupación”.

Un estudio reciente del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) ofrece una imagen preocupante de cómo es la vida de las personas creyentes en Cuba, para quienes la vigilancia, la censura en internet y las restricciones de viaje son habituales y, como muestran los testimonios de líderes religiosos independientes documentados por International Republican Institute (IRI), el régimen usa la intimidación, el acoso y la detención arbitraria de estos líderes para reducir la influencia de las comunidades religiosas.

El crecimiento exponencial de las iglesias cristianas evangélicas en las últimas tres décadas se ha producido a pesar de la constante persecución y vigilancia por parte del Estado. De acuerdo con el pastor evangélico Alayn Toledano, la iglesia evangélica es tratada como una amenaza particular, porque “es la entidad más poderosa y mejor organizada que tiene la Isla de Cuba en este momento”.

Conforme a lo que dijo Toledano, si el movimiento sigue creciendo, “el régimen, que ya está en decadencia, sufrirá el colapso que todos suponemos”.

Para los católicos cubanos, la persecución ha seguido un curso diferente a lo largo del tiempo, dada la jerarquía bien definida de la Iglesia y su dominio histórico en la isla. En 1961, unos 300 sacerdotes y monjas fueron acusados de “actividades antirrevolucionarias” y expulsados del país.

Cuando Castro modificó la Constitución en 1992 para declarar el país “en lugar de ateo”, ofreció una apertura limitada a los católicos que querían practicar su fe más abiertamente, al igual que a la Iglesia, que operaba con relativa independencia.

Sin embargo, la supremacía del estado siempre tiene prioridad y quienes se desvían de esta lección se encuentran en peligro. De acuerdo con el padre Fernando Gálvez, son las enseñanzas mucho más que la práctica de la fe católica lo que más amenaza al régimen cubano. “El cura puede celebrar la misa, la monja puede dar el catecismo a los niños, pero, en cuanto empieza una aplicación moral, comparando el mensaje evangélico con la realidad que viven, entonces empezamos a notar las injusticias”.

De este modo, dijo, “la libertad religiosa y la libertad política están íntimamente mezcladas y no pueden separarse”. No solo los grandes grupos religiosos están en el punto de mira del estado cubano: incluso la población musulmana, relativamente pequeña, es objeto de un estricto escrutinio. La vida de los musulmanes cubanos mejoró algo tras el reconocimiento oficial de la Liga Islámica de Cuba en 2007 y la apertura de la única mezquita autorizada del país en 2015.

Sin embargo, esto no impidió la persecución: una mezquita no oficial fue asaltada en 2017 y agentes de la seguridad del estado golpearon al imán, mientras que, de acuerdo con ciertos informes, los musulmanes han sido objeto de expulsión de lugares de trabajo y escuelas, así como de secuestros, detenciones arbitrarias y violencia.

Más recientemente, a Abu Duyanah, presidente de Cuban Association for the Diffusion of Islam, se le impidió hacer su peregrinación a La Meca alegando “interés público”;sin aportar ninguna justificación real.

Estados Unidos es líder mundial en la defensa de la libertad religiosa, con un apoyo bipartidista a las medidas de ayuda a los grupos religiosos perseguidos en todo el mundo.

Al conmemorar el Día de la Libertad Religiosa, el gobierno de Estados Unidos podría tomar medidas significativas para llamar la atención sobre la persecución en Cuba e impulsar el apoyo a los presos religiosos de la isla.

Además de aumentar el apoyo a los esfuerzos para exponer y documentar la persecución religiosa en la isla y proporcionar apoyo a los líderes que trabajan a nivel de base, la administración Biden y el Congreso podrían usar sus plataformas para pedirle al gobierno cubano que libere al pastor Lorenzo Rosales Fajardo, encarcelado en 2021 por participar en protestas pacíficas, y, de acuerdo con los informes, gravemente golpeado bajo custodia.

Los líderes estadounidenses también podrían destacar el papel maligno que la Oficina de Asuntos Religiosos (ORA) de Cuba desempeña en el país como principal instrumento de persecución estatal de los creyentes religiosos.

Esto ha sido bien documentado por el Comité de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional (USCIRF), que ha informado acerca de cómo ORA ejerce un control directo y arbitrario sobre los asuntos de las organizaciones religiosas registradas, exigiendo permiso para prácticamente cualquier actividad que no sean los servicios regulares de culto.

Los regímenes autoritarios como el cubano reprimen la libertad religiosa debido al poder, la fuerza y el seguimiento que representan las organizaciones de fe, por grandes o pequeñas que sean, sobre todo a nivel comunitario. La persecución religiosa refleja la debilidad fundamental de las autocracias, que no pueden soportar la presencia de movimientos e instituciones que desafían su propio monopolio de la verdad.

Como líder mundial en la causa de la libertad religiosa y faro para tantos, Estados Unidos debe tomar la iniciativa de poner de relieve la opresión que sufrimos.

Antonio Garrastazu es director regional para América Latina y el Caribe de IRI, una organización no partidista sin ánimo de lucro dedicada a promover la democracia en todo el mundo.