Cuando Estados Unidos se adueñe del fútbol

Alejandro Domínguez, el presidente paraguayo de la Conmebol, ilustrado en la fantasía
Alejandro Domínguez, el presidente paraguayo de la Conmebol, ilustrado en la fantasía

Noel Gallagher recuerda sus años de fanático. Cuando Manchester City era pobre y él, un pibe de familia irlandesa trabajadora, caminaba y hacía dedo setenta kilómetros de madrugada. Todo para ver perder a su equipo 1-0 bajo la lluvia, pleno invierno, sin entrada ni dinero para la vuelta. La entrevista en The Athletic es maravillosa. El líder de Oasis recuerda inclusive la paliza de piñas y patadas que sufrió un día en cancha de Sheffield United. O cuando despertó con ojos morados y nariz rota tras un amistoso contra Manchester United. Gallagher no quiere volver a ese fútbol. Está feliz con el jeque de Abu Dhabi en su amado City. Eso sí, cree que todo se arruinará cuando la Premier League, como teme, quede definitivamente en manos de Estados Unidos. La que sí está en manos de Estados Unidos es nuestra Copa América. Canchas deficientes y calor extremo. Y Argentina que sigue ganando.

“Una vez que haya catorce propietarios estadounidenses en la Premier League se acabó”, dice Gallagher. “Votarán por no descender. Habrá cambios de reglas y todo tipo de locuras. Honestamente, la americanización del fútbol no es buena para el juego. Será una erosión lenta. Y seremos impotentes para detenerlos”. La MLS de Estados Unidos, efectivamente, no tiene descensos (tampoco los tienen hoy México y Canadá, socios menores para el Mundial 2026). El fútbol sigue siendo un objeto misterioso en Estados Unidos. Es un anfitrión ofendido por las quejas sobre el estado de sus canchas. Por un lado, asoma la arrogancia histórica del poderoso. ¿Latinos cuestionando nuestros glamorosos megaestadios con forma de nave espacial, techo retráctil y capacidad infinita? ¿Los escenarios VIP, joyas de la corona de nuestros dos deportes más populares y poderosos?

Lionel Messi durante el partido que disputaron Chile y Argentina, por la Copa América 2024 en el MetLife Stadium, New Jersey
Lionel Messi durante el partido que disputaron Chile y Argentina, por la Copa América 2024 en el MetLife Stadium, New Jersey - Créditos: @Aníbal Greco / Enviado Especial

Pero también hay cierta ignorancia. Tener que explicar que la crítica no es al estadio sino al césped. Y que nuestro fútbol, a diferencia del fútbol americano y del béisbol, precisa un césped impecable. Porque es natural para cracks campeones mundiales de Qatar, de Champions, Premier League, Bundesliga y también de Ligas de España, Italia y Francia. Cracks que se formaron en un potrero, pero que hoy juegan en campos donde la pelota corre fácil, pica igual y en los que ellos mismos vuelan, frenan, saltan y chocan sin temor a zonas blandas de césped, arena, ondulaciones que puedan provocar lesiones. No se trata de si un deporte es más o menos poderoso que otro. Simplemente, se trata de deportes distintos. Y el fútbol suele jugarse a ras del piso.

Cuentan que el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, acusó el impacto de las primeras críticas de Lionel Scaloni. La selección argentina es su caballito de batalla. “Dirigente deportivo, economista y empresario. Presidente de la Confederación Campeona del Mundo”, se presenta Domínguez en su cuenta de X. Pero el campeón del mundo verdadero (la selección argentina) le pidió “canchas decentes” tras su debut contra Canadá. ¿En serio la Conmebol amenazó con una multa? ¿Haría lo mismo con todos los demás técnicos que también criticaron luego las canchas, ya no solo por el estado del césped, sino también porque son más estrechas que la media y favorecen así a los equipos que se refugian en defensa? “La cancha hace que (necesites) un tiempo más y eso facilita al contrario”, dijo ayer el propio Messi, que jugó todo el partido con molestias físicas.

Hinchas argentinos durante Argentina-Chile, por la Copa América
Hinchas argentinos durante Argentina-Chile, por la Copa América - Créditos: @Aníbal Greco / Enviado Especial

Una ausencia de Messi (ya no de Argentina, sino de Messi) dejaría “huérfana” a esta Copa América. Coinciden en decírmelo todos los colegas que llevan años trabajando en el soccer. La prensa que se dirige al ciudadano medio de Estados Unidos debe titular con el anzuelo de Messi. Además de latinos, a sus partidos van también padres típicamente estadounidenses forzados por sus hijos, todos ellos atraídos por el fenómeno Messi. Superficies como las de Atlanta en el debut o el Metlife de ayer contra Chile (con césped natural que tampoco tuvo tiempo para asentarse) ayudan poco. Igual que las dimensiones reducidas. Y el clima: desde tormentas que alargan horas de vuelo como le sucedió a Chile (agravado porque también volaba a esa hora Donald Trump), hasta el desmayo dramático del juez de línea guatemalteco Humberto Panjoj ayer en Canadá-Perú. Casi 38 grados bajo sol intenso a las cinco de la tarde. Si hubiese sucedido en Qatar, ardía Troya. Hoy arde poco. Un periodismo youtuber con camisetas de selección anima la fiesta.

La Conmebol, lo vio el mundo entero, perdió autoridad cuando violó sus propios reglamentos y permitió que el ultraconservador pastor evangélico amigo del presidente bendijera la ceremonia inaugural. Domínguez recibe siempre segundos de TV en cada partido. Y se muestra en las redes regalando pelotas a los niños desde la cancha. Como un jugador más, aunque lanza las pelotas con las manos, jamás con los pies. Hace muchos años, Marcelo Bielsa, actual DT de Uruguay, preguntó en una charla: “¿No notan que el mundo del fútbol cada vez se parece menos al aficionado y más al empresario?”. La Copa América de Estados Unidos parece darle la razón. Se parece cada vez más al negocio. Un negocio de pelota, Biblia y TV. Y que se juega en canchas de football americano.