Estado Islámico, el gran enemigo del Talibán

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Estado en que quedó una mezquita de la provincia de Kunduz (Afganistán) que fue blanco de un ataque de la organización Estado Islámico en el que murieron decenas de personas. Foto del 8 de octubre del 2021. (AP Photo/Abdullah Sahil, File)

KABUL (AP) — El regreso del Talibán al poder vino acompañado de una nueva amenaza en Afganistán.

La organización Estado Islámico podría iniciar otra etapa violenta. Excepto que esta vez los antiguos insurgentes talibanes desempeñan el papel del estado tras la retirada de las fuerzas de Estados Unidos y sus aliados y la caída del gobierno afgano que apuntalaban.

El Talibán le prometió a Estados Unidos mantener a raya a EI durante una serie de conversaciones de paz. En un acuerdo entre Washington y el Talibán firmado en el 2020, el Talibán se comprometió a impedir que Afganistán vuelva a ser un refugio de agrupaciones terroristas enemigas de Estados Unidos y sus aliados. Pero no está claro hasta qué punto podrá cumplir esa promesa a la luz del aumento en los ataques de EI desde la llegada del Talibán al poder el 15 de agosto.

Una bomba mató a 46 personas adentro de una mezquita frecuentada por chiítas en Kunduz el viernes pasado. Y ha habido otros ataques mortales de EI en Kabul, el este y el norte del país. Casi a diario hay acciones pequeñas en contra de militantes del Talibán.

“Históricamente, la mayoría de los ataques de EI fueron contra el estado. Ahora que no hay casi presencia internacional, tienen que emprenderla nuevamente contra el estado. Y el estado es el Talibán”, expresó Andrew Mines, investigador del Programa sobre Extremismo de la Universidad George Washington.

VIEJA RIVALIDAD

Tanto el Talibán como EI promueven una interpretación radical de las leyes islámicas. Pero tienen diferencias ideológicas que los convierten en enemigos mortales.

El Talibán dice que está creando un estado islámico adentro de Afganistán.

EI dice que es EL Estado Islámico, un califato internacional al que, sostiene, deben plegarse todos los musulmanes del mundo. Desprecia los objetivos nacionalistas del Talibán y no lo reconoce como un movimiento islámico puro. Por razones parecidas, EI es un acérrimo enemigo de al-Qaeda.

Tanto el Talibán como EI promueven versiones particularmente duras de la sharía, como se conoce a las leyes islámicas, y apelan a tácticas que incluyen ataques suicidas. Pero cuando gobernó territorios en Siria e Irak, EI fue más brutal y aplicó castigos más horrendos que los del Talibán.

EI irrumpió en Afganistán en el 2015, en la provincia de Khorasan, en su momento de mayor apogeo, en el que controlaba buena parte de Irak y Siria. Atrajo combatientes afganos y paquistaníes, incluidos numerosos desertores del Talibán.

Al principio fue bien recibido por el pequeño movimiento salafista de las provincias orientales de Kunar y Nagarhar. Los salafistas habían sido marginados por el Talibán y al asociarse con EI reforzaron su capacidad militar.

Pero los métodos brutales de EI han hecho que algunos clérigos salafistas condenen esa organización. EI fue debilitado por la represión del Talibán y ataques aéreos de Estados Unidos, pero resurgió el año pasado.

El Talibán dice que EI es una organización marginal sin futuro en Afganistán.

“No tienen raíces aquí”, expresó el influyente jefe talibán Sheikh Abdul-Hameed Hamasi en declaraciones a la Associated Press.

AMENAZA EN SERIO

De todos modos, hay que tomar en serio la amenaza que representa EI.

Lanzó dos ataques grandes en Kabul, incluido uno durante la caótica evacuación de colaboradores afganos con las fuerzas de ocupación en el que fallecieron 182 personas. También van en aumento las acciones de menor escala.

“La intensidad y la magnitud de los ataques... reflejan una capacidad y una proyección nacional que tomó por sorpresa al Talibán”, afirmó Ibraheem Bahiss, asesor de la consultora International Crisis Group. Acotó que EI “no es una amenaza (solo) a corto plazo”.

Por ahora EI no parece en condiciones de controlar territorios y su objetivo inmediato es desestabilizar al Talibán.

Es una estrategia lenta y metódica. Busca reclutar combatientes en las tribus y en otros grupos, al tiempo que combate el disenso de los salafistas. Organiza fugas de las cárceles, asesinatos y ataques a elementos del Talibán.

“Todo esto constituye una estrategia que el Talibán no está preparado para contener”, dijo Mines.

Bill Roggio, del Long War Journal (Periódico de una Guerra Larga), producido por el centro de estudios Foundation for the Defense of Democracies (Fundación para la Defensa de las Democracias), por el contrario, opina que sí, que el Talibén puede derrotar al EI en Afganistán.

El futuro de EI en Afganistán podría depender de su capacidad de reclutar gente y de lograr el apoyo de la población afgana.

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Kathy Gannon colaboró en este despacho.

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