¿Está Estados Unidos realmente en riesgo de sufrir una “guerra civil”?

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¿Enfrenta Estados Unidos el riesgo de sufrir una guerra civil? Esa interrogante ha sido planteada con intensidad en tiempos recientes en el país, con argumentos que por un lado señalan que esa probabilidad podría estar más cerca de lo que muchos pensarían y con otros que matizan y ponderan el fenómeno de la violencia política para, sin incurrir en magnificaciones, realizar una evaluación de la tensión política y social que indudablemente se vive en Estados Unidos.

Simpatizantes de Donald Trump asaltaron violentamente el Capitolio de Washington DC el 6 de enero de 2021 para tratar de impedir la certificación del legítimo triunfo de Joe Biden en la pasada elección presidencial.  Photo by Tasos Katopodis/Getty Images)
Simpatizantes de Donald Trump asaltaron violentamente el Capitolio de Washington DC el 6 de enero de 2021 para tratar de impedir la certificación del legítimo triunfo de Joe Biden en la pasada elección presidencial. Photo by Tasos Katopodis/Getty Images)

Hace un año, el 6 de enero de 2021, violentas turbas de simpatizantes del entonces presidente Donald Trump asaltaron el Capitolio, la sede del Poder Legislativo de Estados Unidos, para tratar de impedir la certificación de la victoria de Joe Biden en la elección presidencial de noviembre de 2020. Y, también, según recuentos y testimonios, para presuntamente confrontar y agredir a funcionarios electos -incluidos el vicepresidente Mike Pence o la líder de la Cámara Baja, Nancy Pelosi- por no plegarse a la mentira de que esos comicios le fueron robados a Donald Trump.

Ahora, un año después de esos sucesos, esa mentira cunde aún entre los estamentos de la derecha y el Partido Republicano parece cautivo del falaz y antidemocrático discurso de Trump. En ese contexto, como han indicado encuestas recientes, muchos creen o temen que la violencia para impulsar o combatir nociones político-ideológicas podría desembocar en un conflicto mayor en Estados Unidos.

Por ejemplo, una encuesta reciente de The Washington Post y la Universidad de Maryland halló que 34% de los participantes cree que ejercer violencia contra el gobierno tendría justificación en ciertas circunstancias.

Turbas de seguidores de Donald Trump irrumpieron violentamente en el Capitolio, el 6 de enero de 2021. (Photo By Bill Clark/CQ-Roll Call, Inc via Getty Images)
Turbas de seguidores de Donald Trump irrumpieron violentamente en el Capitolio, el 6 de enero de 2021. (Photo By Bill Clark/CQ-Roll Call, Inc via Getty Images)

¿Violencia justificada?

Según esa encuesta, esas circunstancias serían, por ejemplo, que el gobierno violara o arrebatara derechos o libertades y oprimiera al pueblo (22%); que el gobierno no sea más una democracia y se convierta en una dictadura, se dé un golpe o los militares asuman el poder (15%); que el gobierno viole la Constitución (13%); que el gobierno abuse de su poder y haya tiranía (12%); o que el gobierno se torne violento contra sus ciudadanos o que la seguridad esté en riesgo (11%).

Pero aunque algunos, en posiciones peculiares o extremas, quieran suponer que el actual gobierno estadounidense estaría incurriendo o podría incurrir en esos supuestos, en estricto sentido no existiría justificación para desatar violencia. El símil, por ejemplo, con el movimiento de Independencia en el que los ciudadanos se alzaron en armas contra el dominio británico no resultaría aplicable, aunque muchos recurran a él de modo retórico.

En menor proporción, por ejemplo, hay quien encuentra la violencia contra el gobierno justificada si el presidente o el gobierno no aceptan los resultados electorales, elecciones son canceladas o hay fraude generalizado (3%) o si nazis y fascistas toman el poder (2%).

Otras voces, con todo, afirman que si en efecto el gobierno estadounidense se tornara en una dictadura que vulnerara la Constitución, eliminara derechos y libertades y oprimiera al pueblo habría justificación para combatirlo, en línea con movimientos libertarios y revolucionarios de la historia.

Y hay también quienes creen que, dadas las diferencias ideológicas entre estados de mayoría republicana y las de los de mayoría demócrata, una suerte de “divorcio” podría tener lugar, situación que algunos interpretas como una alusión a una hipotética secesión.

Miembros de una milicia armada en Michigan se plantaron en el Capitolio estatal de Michigan en septiembre de 2020. (REUTERS/Rebecca Cook)
Miembros de una milicia armada en Michigan se plantaron en el Capitolio estatal de Michigan en septiembre de 2020. (Reuters/Rebecca Cook)

¿Qué es o sería una guerra civil?

Pero, ¿constituye todo ello un verdadero riesgo de que estalle una guerra civil en Estados Unidos y qué significa, para quien lo alega, ese término?

En primera instancia, al hablarse de guerra civil lo que viene a la mente es el devastador conflicto que laceró al país entre 1861 y1865, cuando estados del sur se separaron en aras de preservar la esclavitud. Cientos de miles de estadounidenses murieron en ese conflicto, que fue una guerra frontal, con ejércitos chocando en el campo de batalla.

Tal forma de guerra civil no sería, en realidad, lo que algunos analistas tienen en mente pues por lo general se reconoce que un conflicto armado entre estados con ejércitos y demás está fuera de la realidad presente.

Pero algunos afirman que esa “guerra civil” sería de otra naturaleza. Por ejemplo, se cita a Barbara Walters, profesora de la Universidad de California en San Diego, quien en su libro ‘How Civil War Start’ (‘Cómo comienza una guerra civil’) plantea que “los signos de advertencia sobre inestabilidad que hemos identificado en otros países son los mismos signos que, durante la pasada décadas, yo he comenzado a ver en nuestro propio suelo… He visto cómo las guerras civiles comienzan [en otros países] y conozco las señales a las que la gente no presta atención- Y yo puedo ver esos signos apareciendo aquí a un ritmo sorpresivamente rápido”.

Una ilustración realizada en 1884 de la Batalla de Gettysburg de 1863, choque crucial durante la Guerra Civil estadounidense en la que ejércitos de la Unión y la Confederación combatieron, con cientos de miles de muertos como resultado de ese conflicto bélico.(Photo by Stock Montage/Stock Montage/Getty Images)
Una ilustración realizada en 1884 de la Batalla de Gettysburg de 1863, choque crucial durante la Guerra Civil estadounidense en la que ejércitos de la Unión y la Confederación combatieron, con cientos de miles de muertos como resultado de ese conflicto bélico.(Photo by Stock Montage/Stock Montage/Getty Images)

Pero Walters, como se ha señalado, no entiende una guerra civil en el próximo futuro como un conflicto similar al conflicto bélico de 1861-1865 sino como actos de guerrillas o terrorismo, con colocación de bombas en edificios de gobierno y choques violentos entre facciones armadas de derecha e izquierda.

Al respecto, Zack Beauchamp escribe en un ensayo publicado en Vox que la tensión presente podría desembocar en “elecciones impugnadas ardientemente cuya legitimidad es puesta en duda por el lado perdedor, manifestaciones masivas en las calles, un Congreso paralizado e incluso violencia letal” entre grupos partidistas.

Beauchamp comenta al respecto que Walters considera que “la próxima guerra va a ser más descentralizada, peleada por pequeños grupos de individuos usando terrorismo y guerra de guerrillas para desestabilizar al país… Estamos más cerca de ese tipo de guerra civil de lo que mucha gente supone”.

Con todo, el propio Beauchamp, al comentar en Twitter sobre reacciones a su ensayo, comenta que considera que el riesgo de una guerra civil en Estados Unidos es muy bajo, en lo que coinciden otros intelectuales que han comentado al respecto.

Analistas consideran que la alusión a guerra civil debería en realidad entrecomillarse, pues esa “guerra civil” no sería lo que el término da a entender directamente, un conflicto bélico frontal. Pero la posibilidad de que se dieran secuestros de políticos rivales, actos terroristas, choques violentos en las calles y guerra de guerrillas es de suyo inquietante.

El alcance y duración de ello en el caso de que se desatase es, con todo, una enorme incógnita y hay quien supone que se podría tratar de casos aislados que podrán ser contenidos, mientras que habría quien plantea que ello podría darse a una escala lo suficientemente intensa y duradera como para desestabilizar al país.

En ese contexto, algunos consideran que esa clase de fenómenos ya han sucedido en ciertas instancias en el pasado y se cita el bombazo en el edificio federal de Oklahoma, los ataques contra minorías raciales y la violencia política en las décadas de 1960 y 1970.

El edificio federal en Oklahoma City tras ser arrasado el 19 de abril de 1995 por bombas colocadas por terroristas domésticos. 168 personas murieron en ese atentado.(Reuters)
El edificio federal en Oklahoma City tras ser arrasado el 19 de abril de 1995 por bombas colocadas por terroristas domésticos. 168 personas murieron en ese atentado.(Reuters)

Y se afirma que aunque existen tensiones y distorsiones sustantivas e inquietantes, también existe capacidad para mitigarlas si hay voluntad y acción decidida al respecto con base en la fortaleza de la Constitución y los valores democráticos y republicanos estadounidenses. Que esa neutralización de las amenazas no se haya dado aún, empero, es motivo de inquietud y exasperación.

Discusión y acción para evitar la violencia

En un ensayo en The Washington Post, Philip Bump revisa también los argumentos en torno a la posibilidad de una “guerra civil” en Estados Unidos y considera que aunque la posibilidad de un conflicto bélico puede ser descartada en un análisis serio, discutir sobre la tensión y la violencia presentes es muy importante.

Bump plantea la noción del profesor Thomas Zeitzoff, de la American University, de que aludir a la posibilidad o inminencia de una guerra civil puede acabar siendo un elemento autocumplido, es decir, cabe interpretar, que el dar a ese término un uso amplio y colocarlo en la psique colectiva podría hacer que ello permee a grupos presumiblemente proclives a la violencia que podrían en su caso desatar tal violencia al creer que ello resulta válido, factible o capaz de avanzar sus intereses o golpear a sus contrarios.

Bump también señala que a los estadounidenses les preocupan más los precios de la gasolina y el costo de la vida que lo que pueda significar la definición de “guerra civil” pero advierte que, así no se configure una conflicto armado, ya hay signos que alertan de polarizaciones que son activamente promovidas por políticos, sobre todo de derecha radical, y advierte que ya existe evidencia de que grupos extremistas consideran actuar con violencia en contra de autoridades y rivales. El asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 sería un ejemplo concreto de ello, como lo fue el plan fallido de grupos extremistas de secuestrar a la gobernadora de Michigan en 2020.

Y podría señalarse que la marcha de grupos neonazis y supremacistas blancos sucedida en Charlottesville, Virginia, en 2017 fue una muestra de que grupos antidemocráticos y antisociales, con una agenda racista y violenta, estarían dispuestos a activarse de modo amplio y ominoso.

Grupos supremacistas y neonazis realizaron una manifestación con antorchas en Charlottesville, Virginia, el 11 de agosto de 2017.  (Reuters/Stephanie Keith)
Grupos supremacistas y neonazis realizaron una manifestación con antorchas en Charlottesville, Virginia, el 11 de agosto de 2017. (Reuters/Stephanie Keith)

En contraste, para grupos de derecha radical, las manifestaciones antirracistas de Black Lives Matter de 2020 fueron signo de amenaza, si bien en realidad esos movimientos ciudadanos han sido mayormente pacíficos, percepción que es compartida, por ejemplo, en los resultados de la citada encuesta de The Washington Post y la Universidad de Maryland.

En ese sentido, no habría actualmente ni se daría en el futuro una guerra civil en el sentido bélico y literal del término pero sí podrían, y en ciertos momentos ya ha sucedido, darse casos de grupos o individuos que realizan actos de violencia política.

El expresidente Jimmy Carter, al final de un artículo en The New York Times, usa el término, quizá más preciso, de conflicto civil al alertar sobre los peligros que enfrenta Estados Unidos.

Tras censurar el ataque contra el Capitolio de hace un año, Carter dice que “promotores de la mentira de que la elección fue robada se han apoderado de un partido político y atizado la desconfianza en nuestros sistemas electorales. Esas fuerzas ejercen poder e influencia mediante desinformación incansable que continúa poniendo a estadounidenses unos contra otros”.

Carter concluye que “sin acción inmediata, estamos en genuino riesgo de conflicto civil y de perder nuestra preciosa democracia. Los estadounidenses deben poner aparte sus diferencias y trabajar juntos antes de que sea demasiado tarde”.

En ese sentido, sea cual sea el término usado para aludir o elucubrar al respecto, un alza de la violencia política y una desestabilización institucional son fenómenos peligrosos e indeseables, que en efecto ponen en riesgo la democracia estadounidense. Ante ello, Beauchamp se pregunta qué tendría que pasar para que las élites dirigentes se despabilaran y actuaran en conjunto para preservar la democracia o si se necesitaría que sea un movimiento ciudadano masivo en las calles el que planteara y forzara un cambio.

Al final, reconocer las tensiones y los riesgos, comprender sus causas y sus efectos y actuar para neutralizarlos de modo eficaz, pacífico y con apego a la ley y a la realidad (no a las mentiras y las teorías conspirativas) es necesario y urgente. Es por ello que la discusión sobre estos temas, y la disipación de falacias son, como señalan analistas, los primeros pasos para entenderlos y en su caso prevenir y frenar posibilidades ominosas. Preservar la democracia es, sin duda, un imperativo.

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