¿Qué podemos esperar de la economía en el 2023? | Opinión

Sin lugar a dudas el próximo año vendrá marcado por la velocidad con que pudiéramos salir de los problemas económicos que nos afectan, principalmente por la aguda recesión pronosticada para entonces, la cuál estimamos, que de ocurrir, pudiera permanecer por seis meses o más.

La escalada de precios en los bienes de consumo primarios ha sido un fenómeno que ha caracterizado al presente año. Sucedió que la cadena de suministros se interrumpió en varias ocasiones motivados a intervalos de inactividad económica de empleados que estuvieron confinados por la pandemia en Shanghai y Hong Kong.

A su vez, la disminución en la producción de bienes intermedios utilizados en la manufactura de otros, incidió en la falta de producción de bienes de consumo finales, cuya oferta al ser menor, incrementó los precios de los productos en existencia, o sea aumentó el índice de precios al consumidor, disminuyendo el poder adquisitivo de la moneda.

En otras palabras aumentó la inflación, algo que pronosticamos ocurriría (ver la columna que escribiéramos el año pasado titulada: ¿Será el 2022 mejor o peor que el 2021?).

Otro causante de la baja en la producción fue la cantidad de inversionistas que destinaron importantes recursos al mercado de las criptomonedas, en vez de incorporarlos al proceso productivo. La promesa de una mayor riqueza en un menor lapso de tiempo, sin considerar infraestructura ni empleos, fue decisiva en estas decisiones empresariales.

El aumento de precios en los productos de la canasta familiar provocó paliativos por parte de la Reserva Federal (Fed), quienes aplicando una conocida estrategia de política monetaria, aumentaron seis veces la tasa de interés con el propósito de disminuir un tanto el circulante en manos del público para así poder controlar el aumento de precios al aliviar la presión de la demanda sobre los productos.

Esta política de aumento de las tasas multiplicó el problema a otras áreas ya complicadas, como son la venta de viviendas y automóviles. O sea, todas las ventas a plazo, incluyendo los pagos a las tarjetas de crédito, han visto incrementado su costo de financiamiento. Al final de la historia, quienes han sufrido y seguirán sufriendo las consecuencias son los consumidores que no tienen otra opción que cubrir también estos aumentos.

Desde luego, afortunadamente muchos pacientes cuentan con cobertura de seguro médico, pero con un ligero inconveniente; para trabajos dentales importantes, tienen que disponer de recursos monetarios, incluso para decidir si comprar un vehículo o acudir al dentista.

Lo cierto del asunto es que esperamos que para el año 2023 la escalada de precios no sea tan marcada. Ocurre que existe una especie de convicción en los productores de bienes y servicios, donde alegan, por ejemplo, “todo está subiendo y yo tengo que subir también”, O esta otra, “si el vecino aumentó sus precios, yo tengo que aumentar también”.

Una situación peligrosa que se ha creado es que los aumentos se han extendido al sector rentista. La mayoría de las personas que viven alquiladas han experimentado aumentos en sus rentas. Esto ha ocasionado que la escasez de vivienda en muchos sectores se ha vuelto caótica, particularmente en grandes metrópolis como Miami.

En la práctica ocurre que muchas parejas jóvenes tienen que vivir con sus padres. Otros, incluso, viven en sus automóviles. Al respecto, existen ciudades como Seattle, que han habilitado espacios públicos para que pernocten los choferes en sus vehículos.

En 2023 deberán adoptarse medidas para aliviar el problema habitacional. Una política de subsidios federales parece inevitable, lo que incrementará el déficit fiscal. También una propuesta nuestra por años, consistente en implementar las hipotecas hereditarias a 80 años de plazo, pudiera cobrar vida.

Evidentemente, ante todos estos aumentos de precios, el consumidor mayormente acude a sus tarjetas de crédito, hasta que alcance su límite, en cuyo caso cesará sus compras y requerirá asistencia pública, algo que incrementará aún más el déficit fiscal.

¿Qué otros problemas principales enfrentaremos en el 2023?

Una crisis de seguridad pública pudiera hacerse presente al incrementarse el índice de criminalidad, como consecuencia del volumen de inmigrantes que han arribado este año a nuestras metrópolis. El aporte a la economía de los Inmigrantes es real; sin embargo, debido a la crisis, muchos de ellos sin recursos y desesperados deambularán por las calles. Desde luego, la conformación urgente y sin excusas de una reforma Inmigratoria integral, se impone de una vez y por todas.

A todas estas, si llegamos a caer en depresión económica en el 2023, el índice S&P 500 pudiera caer más de un 30% y muchos negocios financieros pudieran sufrir graves pérdidas, como los fondos de cobertura y otros fondos de crédito privado. Ante tal eventualidad, aparecerá un proceso inverso a la inflación, llamado deflación, donde todos los indicadores económicos disminuyen, o sea la demanda, la oferta, el empleo, el ahorro, la inversión y los precios.

Lógicamente, los que tengan fondos disponibles en ese momento, pudieran adquirir bienes muebles e inmuebles a precios de “gallina flaca”.

Finalmente, ¿cómo se controlan mejor los precios y se mejora la economía? La respuesta es cuando los gastos de los consumidores sean menores que sus ingresos, de manera tal que se pueda ahorrar, e incluso, invertir.

Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.