Algunas de las especies más pequeñas de Australia podrían extinguirse a causa de los incendios

Helen Sullivan
En esta fotografía proporcionada por Kate Umbers, los feroces saltamontes alpinos australianos luchan en el Parque Nacional Kosciuszko en Nueva Gales del Sur, Australia, en 2010. (Kate Umbers vía The New York Times)

Sídney – Cuando Tanya Latty, entomóloga de la Universidad de Sídney, comenzó a estudiar una especie de gusano de terciopelo hace dieciocho meses, creyó que solo era un proyecto secundario.

“Es un animal sumamente adorable”, dijo en una entrevista telefónica desde su casa en Sídney. Los gusanos del filo de los onicóforos son primos de los artrópodos y tienen cierto parecido con las orugas. Tienen una “hermosa textura aterciopelada en color azul” y “unas lindas antenitas regordetas”, aseguró Latty. Notó que los gusanos duermen juntos formando una bolita y por eso ella y sus colegas han tratado de popularizar la frase “una bolita de gusanos de terciopelo” a modo de sustantivo colectivo.

Los gusanos de terciopelo son depredadores; tienen pares de patas con garras a lo largo de su cuerpo y capturan a sus presas con una sustancia pegajosa que disparan desde los apéndices en su cabeza. Con frecuencia, un solo gusano atrapa a la presa y luego los demás se unen al festín. Los gusanos de terciopelo son increíblemente sociables; estudiarlos proporciona pistas sobre la evolución de la conducta social en los artrópodos. Además, son vivíparos y las crías permanecen con sus padres durante un tiempo antes de marcharse.

Resulta que esta especie también vive en uno de los parques nacionales del Territorio de la Capital Australiana, una zona bastante afectada por los recientes incendios forestales. Hasta ahora los incendios han destruido más de 103.600 kilómetros cuadrados, han amenazado especies enteras, han cobrado la vida de 26 personas y han costado miles de millones de dólares en daños. Latty no reveló la ubicación exacta de los gusanos, pues la gente tiende a recolectarlos para comercializarlos o tenerlos como mascotas. No obstante, le preocupaba que los troncos podridos en los que habitan no los hubieran protegido de las llamas.

Además, al igual que muchos insectos y especies de artrópodos endémicos, los gusanos de terciopelo son bastante locales. Los gusanos que Latty estudia en particular no solo no tienen presencia fuera de Australia, sino que tienen una capacidad de dispersión muy reducida. Si una fracción amplia de la población desaparece, la pérdida afecta de manera significativa la diversidad genética de la especie y se reduce su capacidad de responder a cambios futuros en el entorno.

Lo que comenzó como un proyecto secundario, pronto podría convertirse en un programa de reproducción en cautiverio en el que Latty usaría los gusanos vivos que tiene en su laboratorio para salvar a la especie Euperipatoides rowelli en su totalidad. “Recolectamos algunos pensando: ‘Mira, hay muchos en este sitio, está bien’”, dijo. “Y entonces empezaron los incendios”.

Podría pasar un mes antes de que ella y su equipo puedan entrar al sitio donde viven los gusanos de terciopelo. “Como ecologista”, afirmó, “es una tragedia tener que pensar cosas como: ‘¿Y si mi especie ya está extinta?’”.

‘Con todo el mundo sobre sus hombros’

Australia es megadiverso, lo que significa que pertenece a un grupo de países que en conjunto son hogar del 70 por ciento de la diversidad biológica del mundo, pero que conforman solo el diez por ciento de la superficie de la tierra. El país alberga 250.000 especies de insectos, de las cuales solo una tercera parte están identificadas. Al igual que los insectos en todo el mundo, la mayoría evita ser observada.

“Los insectos tienen todo el mundo sobre sus hombros”, aseguró Latty, quien es una de las autoras de un “mapa de caminos para la conservación y recuperación de los insectos” que publicó un grupo de 70 científicos el lunes 6 de enero en Nature. Los insectos son mejor conocidos como polinizadores, dijo Latty, pero también tienen un papel fundamental en el manejo de desperdicios. “No estamos enterrados bajo nuestra propia basura porque los insectos se encargan de hacer el trabajo difícil de limpieza por nosotros”, dijo. “Y lo hacen gratis”. La clave para protegerlos es proteger su hábitat, añadió.

Kate Umbers, bióloga de la Universidad del Oeste de Sídney, también está preocupada por sus propios sujetos de estudio y no puede llegar a ellos, pues habitan en el Parque Nacional Kosciuszko en Nueva Gales del Sur. Los parques nacionales en todo el estado están cerrados a causa de los incendios.

Umbers estudia al saltamontes alpino australiano. Como los anillos del estado de ánimo, los machos cambian de color dependiendo de la temperatura de su cuerpo: son negros cuando su temperatura es menor a los 10 grados Celsius, pero adoptan un color turquesa brillante cuando alcanzan los 25 grados.

Su lugar de estudio, a menos de tres kilómetros de distancia del incendio más cercano, “sigue en pie hasta ahora”, dijo Umbers.

“Puesto que los saltamontes pueden excavar y anidar dentro de la vegetación, es posible que muchos de ellos puedan ocultarse en espacios muy pequeños y sobrevivir a los incendios”, afirmó. Pero muchos sobrevivientes necesitarían encontrar alimento, lo cual no está garantizado. Los saltamontes prosperan cerca del agua, en particular alrededor de las líneas de árboles de eucalipto de nieve, “por lo que no se adaptan bien cuando el ambiente está seco”, dijo Umbers, “lo cual también es poco común para un saltamontes. Algunos de ellos incluso nadan”.

Los saltamontes nadadores de Umbers y los gusanos de terciopelo de Latty son especies endémicas con una menor capacidad de dispersión. Los múltiples incendios que se están presentando con tanta frecuencia, a la postre podrían decretar el fin de la especie.

Una bendición para el escarabajo de fuego

A algunas especies les favorecen los incendios. Los escarabajos de fuego australianos son conocidos por dirigirse a zonas incendiadas para aparearse; los receptores infrarrojos en su abdomen les permiten detectar el calor y, de acuerdo con un estudio del Museo de Australia Occidental, los escarabajos por lo general desaparecen de las zonas recién incendiadas al cabo de tres días de su llegada.

Los depredadores nativos también se aprovechan de la destrucción. Se sabe que los milanos negros y los silbadores inician incendios usando palitos encendidos que llevan en sus garras o picos desde áreas que están en llamas para aprovecharse de las presas quemadas o expuestas; también se alimentan de los saltamontes que escapan por los márgenes de los incendios.

No obstante, los incendios forestales también crean oportunidades para las especies invasoras y exacerban los problemas ecológicos que ya están en progreso. Los gatos silvestres viajan largas distancias hacia zonas incendiadas para cazar reptiles nativos que escapan del lugar; en Australia, los gatos silvestres comen hasta 650 millones de reptiles anualmente.

Hasta ahora, una tercera parte de la isla Canguro, lugar declarado por el gobierno como santuario para las abejas cerca de Australia del Sur, ha ardido en esta temporada de incendios, lo que ha amenazado a los “últimos ejemplares puros” de abejas italianas en el mundo, según reportó ABC. Las abejas foráneas tienen una ventaja, pues pueden huir de las amenazas con su reina, dijo Latty. Las abejas meliponas nativas no pueden hacerlo porque sus reinas no pueden volar.

“Los incendios no son el único problema en realidad”, comentó Dale Nimmo, ecologista de incendios de la Universidad Charles Sturt en Sídney. “Tenemos paisajes que se han modificado en gran medida. Hemos despejado grandes extensiones de territorio para la agricultura y las zonas urbanas. Hemos introducido una variedad de especies a las que les gusta cazar a nuestras especies nativas. Los incendios pueden ser ese último factor que lleve a una de ellas a la extinción”.

This article originally appeared in The New York Times.

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