Cuando España tomó el islote Perejil como advertencia a Marruecos de qué haría por Ceuta y Melilla

Javier Taeño
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Son solo 500 metros de largo, 300 de ancho y no tiene habitantes, pero a pesar de su escasa importancia fue la fuente del conflicto más importante entre Marruecos y España en las dos últimas décadas.

El islote Perejil, situado a unos 8 kilómetros de la ciudad española de Ceuta y a unos 200 metros de la costa marroquí, protagonizó varios días de tensiones entre ambos países allá por el 2002.

El islote de Perejil visto desde la costa de Marruecos. (MEHDI FEDOUACH/AFP via Getty Images)
El islote de Perejil visto desde la costa de Marruecos. (MEHDI FEDOUACH/AFP via Getty Images)

Para conocer el origen de esta historia hay que viajar al pasado, concretamente a 1999 cuando el rey Mohamed VI accede al trono de Marruecos tras la muerte de su padre. En estos primeros años de reinado, las relaciones con el vecino del norte son tensas con el conflicto del Sáhara Occidental y los acuerdos de pesca como las dos principales fuentes de fricción, aunque la reivindicación marroquí sobre los territorios de Ceuta y Melilla siempre ha estado muy presente.

Cabe recordar que ambas ciudades se sitúan geográficamente en el continente africano, pero han pertenecido a España desde los siglos XVII y XV respectivamente.

Debido a estos encontronazos, en 2001 Marruecos decidió retirar a su embajador en España, como un preludio del gran conflicto diplomático que se iba a vivir apenas unos meses después.

El 11 de julio de 2002 varios marinos marroquíes desembarcaron en Perejil y reivindicaron su soberanía. Se trata de un territorio que es reclamado por ambos países y cuyo estatus habitual es el de estar deshabitado y sin símbolos de soberanía por parte de ninguno de los dos contendientes.

Lo cierto es que su importancia es exclusivamente simbólica, ya que se trata de un islote de escaso valor estratégico, que sirvió fundamentalmente como termómetro para Marruecos de cómo actuaría España en caso de una agresión sobre Ceuta y Melilla.

Esta acción marroquí desencadenó una grave crisis diplomática con España y durante seis días hubo cruce de reproches e intervenciones extranjeras. Al respecto, la OTAN consideró que era un asunto bilateral, mientras que la Unión Europea apoyó a España y urgió a Marruecos a retirar sus fuerzas.

Mientras tanto, el reino alauita justificaba su acción como parte de su estrategia en la lucha contra la inmigración clandestina y el terrorismo añadiendo que estaba haciendo uso de su soberanía sobre el territorio, algo que está en cuestión. El 16 de julio los marinos fueron reemplazados por un destacamento de infantería y un día después, el 17, agotada la vía diplomática, España realizó una operación militar de baja intensidad para desalojar de Perejil a los invasores.

La bandera española ondea en Perejil tras la intervención militar. (MEHDI FEDOUACH/AFP via Getty Images)
La bandera española ondea en Perejil tras la intervención militar. (MEHDI FEDOUACH/AFP via Getty Images)

Tras un par de días de negociaciones y de tensión, ambos Gobiernos anuncian un entendimiento que pasa por volver al estatus quo anterior, lo que significa que las tropas españolas también desalojan Perejil.

Marruecos, por su parte, deja caer que el tema de Ceuta y Melilla sigue siendo un asunto pendiente entre ambos países, a pesar de que España no está dispuesta a poner sobre la mesa la soberanía de las dos ciudades autónomas.

Finalmente, el 30 de enero de 2003 se termina cerrando definitivamente el conflicto con la vuelta de los embajadores y el restablecimiento de relaciones.

Sigue la reivindicación de Ceuta y Melilla

Han pasado casi 20 años desde entonces y el islote continúa deshabitado y sin presencia militar, aunque el tema de Ceuta y Melilla nunca ha desaparecido del todo. De hecho, en diciembre de 2020 el primer ministro de Marruecos provocó una grave polémica tras afirmar que “Ceuta y Melilla son marroquíes como el Sáhara”, lo que hizo que España llamara a consultas al embajador.

En estas casi dos décadas las relaciones entre ambos países han sido cordiales y salvo momentos puntuales de tensión la convivencia ha sido pacífica.

Sin embargo, el incidente de Perejil recuerda que las reivindicaciones territoriales de Marruecos siempre pueden volver a hacer estallar la chispa.

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